cabecera

pagina_principal

Riosucio
 

1814-1819

PROCESO FUNDACIONAL DE RIOSUCIO POR LA UNIÓN DE LOS PUEBLOS DE LA MONTAÑA Y QUIEBRALOMO. ANTECEDENTES Y RELATO DE LA FUNDACIÓN POR EL PADRE JOSÉ BONIFACIO BONAFONT EN CARTA DEL 17 DE MAYO DE 1825 AL OBISPO DE POPAYÁN

1
Mapa de la fundación de Riosucio. En 1759 los indios de Cañamomo son desalojados del sitio de Riosucio. En 1819 se unen en el mismo sitio el pueblo indígena de La Montaña y el pueblo minero de Quiebralomo

ANTECEDENTES DE LA FUNDACIÓN

El sitio de Riosucio, llamado así por el río del mismo nombre, llamado Río Imurrá en lengua Umbra, estaba situado en la Vega de Supía, frontera norte de la Gobernación de Popayán, a 84 leguas de esta ciudad, y en el Camino Real que conducía a Santafé de Antioquia y Cartagena.

2
MAPA DE LA VEGA DE SUPÍA 1782 APROX.
(ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN)

 

3
LA ZONA NORTE DE LA PROVINCIA DE ANSERMA A FINALES
DE LA ÉPOCA DE LA COLONIA ESPAÑOLA (1800)

POBLACIÓN DE LA PROVINCIA DE ANSERMA EN 1771

 

4

En 1819 aparecería en escena Riosucio, por la unión del pueblo indígena de La Montaña y el pueblo pardo o mulato de Quiebralomo

QUIEBRALOMO EN 1771

5
Informe de Diego José Leonín de Estrada, alcalde ordinario de la ciudad de Anserma, 14 de mayo de 1771. En Cespedesia, ene-jun. 1983.

LA MONTAÑA EN 1771

6
7
Informe de Diego José Leonín de Estrada. Ídem.

PROYECTO FALLIDO DE PASAR LOS INDIOS DE
LA VEGA DE SUPÍA PARA ANSERMAVIEJO 1805

  1. En la agonía del régimen colonial las autoridades españolas (alcalde de Anserma nuevo, cura de Anserma viejo, corregidor de indios de la provincia de Anserma y alcalde de Quiebralomo) concibieron un plan para trasladar los pueblos de indios de Supía, San Lorenzo y Cañamomo para las cercanías de Ansermaviejo.
  2. «En el día se venderán muy bien las tierras que aquellos poseen y de que tienen necesidad los sujetos que en esos territorios comienzan a entablar sus minerales, y con ese producto que es efectivo, cubren sino en todo, gran parte de sus rezagos» (Antonio de Velasco, cura de Ansermaviejo).
  3. El proceso de traslado comenzó a tramitarse, pero se opusieron los indios de Supía («Los vecinos blancos lo que quieren es aprovecharse de nuestras tierras privándonos de la legítima y antigua posesión que en ella tenemos…»), siendo apoyados por el vicario de la Vega.
  4. Relato tomado de: Albeiro Valencia Llano. Colonización: Fundaciones y conflictos agrarios -Gran Caldas y Norte del Valle-, 2ª. ed. Manizales, 2000, págs. 340-350.

 

LAS NECESIDADES DE TIERRA DE QUIEBRALOMO

  1. El proyecto de traslado terminó por envolatarse, pero puso de presente la estrechez en que estaban los quiebralomeños y la presión que ejercían sobre los terrenos del sitio de Riosucio:
  2. «Quiebralomo necesita con tanta precisión como la Vega [de Supía] de población porque los muchos desórdenes que se notan dimanan de la dispersión de las casas, que las más se hallan en el monte donde no suelen salir en el espacio de años. El terreno de Río Sucio por su plan, aguas, leña y temperamento, es el único que hay donde puede poblarse pero éste hace más de 80 años (según dicen los ancianos) que lo litigan con los Montañas. En este sitio tienen los indios por sólo mantener la propiedad, una u otra casimba de cría de cerdos con lo que están echando a perder aquel terreno, consumiendo los pastos y montándolo de escoba y abrojos…»
  3. (Tomás Valencia, alcalde de Quiebralomo, 12 de abril de 1805. Citado por Albeiro Valencia Llano, en el libro Colonización: Fundaciones y conflictos agrarios.

 

LOS LITIGIOS DE QUIEBRALOMO CON LA MONTAÑA ERAN DE VIEJA DATA

  1. Pero es que los quiebralomeños tenían una larga historia de intromisión en los predios de La Montaña, incluso por la fuerza, desafiando la prohibición colonial de que otras razas se avecindaran en los pueblos de indios.
  2. El 17 de febrero de 1769 la Real Audiencia de Santafé de Bogotá ordenó un «estatu quo», mientras se producía la visita de un oidor que decidiera el pleito:
  3.  “Los vecinos de Quiebralomo gocen de las tierras de Riosucio mancomunadamente con los indios de La Montaña que tengan allí casas establecidas” y queden “indios y vecinos en inteligencia de que han de vivir quieta y armoniosamente y sin molestarse unos a otros. De lo contrario serán castigados severamente” (Álvaro Gartner Posada “Fundación de Riosucio. Un pueblo del siglo XVIII”. Cali, agosto de 1999).
  4. Pero el tiempo se le agotó a los españoles en 1810, por lo que para resolver el asunto primero llegó la Independencia que el oidor de la Real Audiencia.

 

8
GRITO DE INDEPENDENCIA
20 DE JULIO DE 1810

 

RELATO DE LA FUNDACIÓN POR EL PADRE JOSÉ
BONIFACIO BONAFONT EN CARTA DEL 17 DE MAYO
 DE 1825 AL OBISPO DE POPAYÁN

9
“El abuelo lleva al nieto a ver el Desfile de la Cultura”.
Mural de Rodrigo Díaz en el Centro Cultural Colombia (Riosucio)

 

CONTEXTO

Durante el siglo XVIII, el sitio de Riosucio, un plancito con buenas aguas ubicado al pie del cerro Ingrumá, fue largamente disputado entre los indios de Cañamomo y los indios de La Montaña. Inicialmente el pleito lo ganó Cañamomo, por decisión adoptada en 1721 por el virrey Jorge Villalonga, habiéndose producido la entrega real y material de los terrenos el 4 de noviembre de 1722, en una ceremonia en que el alcalde español de Anserma toma de las manos a los dos alcaldes indígenas de Cañamomo, los pasea por el predio y éstos arrancan hierbas y lanzan piedras en señal de dominio.

En la tradición riosuceña esta ceremonia se efectuó con el cacique Andrés Motato, de La Montaña, pero el documento permite rectificar, en el sentido de que los favorecidos por el virrey fueron los Cañamomeños, y que quien perdió el pleito fue el cacique Motato. Pero la historia no paró ahí, porque este cacique continuó el pleito en Santafé de Bogotá, hasta que en 1759 el virrey Solís falló a favor de La Montaña.

A partir de entonces fueron los mulatos mineros del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo (que aumentaban en número y carecían de tierras) quienes empezaron a meterse, incluso por la fuerza, a las tierras del Resguardo de Nuestra Señora Candelaria de La Montaña, en especial al sitio de Riosucio. Para comienzos del siglo XIX las autoridades españolas tenían decretado un statu quo sobre dicho sitio mientras se producía la visita de un oidor para resolver el pleito. Pero primero se produjo la Guerra de Independencia.

Cuando en 1814 llegó a Riosucio el padre Bonafont, procedente de la Provincia de El Socorro (hoy Dpto. de Santander), consideró que era inútil continuar el pleito por el sitio de Riosucio, ya que era un hecho consolidado su ocupación por los quiebralomeños. Antes bien, viendo el estado ruinoso en que se encontraban el pueblo de indios y la iglesia de La Montaña en su ubicación cercana al río Santa Inés (en Samaria), lejos del Camino Real y de los mercados de Supía y Marmato, el padre Bonafont empezó a promover el traslado de su parroquia para el sitio de Riosucio. Las autoridades de la provincia de Anserma (desde Ansermanuevo) respaldaron la propuesta y favorecieron el acuerdo con los quiebralomeños ocupantes del sitio. Éstos, a su vez, propusieron que también se mudara su parroquia de Quiebralomo para Riosucio.

El 28 de noviembre de 1814 se firmó el acuerdo entre los vecinos de los dos pueblos, en presencia de sus curas (Bonifacio Bonafont y José Ramón Bueno) y del Juez Mayor de Anserma, Manuel José Lozano, y entre sus cláusulas incluyó poner en común las tierras y las minas del sitio de Riosucio, pero no el resto de tierras del resguardo usurpadas por los quiebralomeños, las que debía ser reintegradas a los indígenas. Se puso un término de seis meses para el traslado de los templos. El acuerdo fue legalizado al aprobarlo el Gobierno Provincial de Popayán a petición del Cabildo (Concejo Municipal) de Anserma.

El padre Bonafont fue más diligente en gestionar ante la diócesis de Popayán el traslado de su parroquia, habiendo levantado el templo de La Candelaria en 1815 y bendiciéndolo el 1° de febrero de 1816; mientras el cura de Quiebralomo dejó vencer el plazo, y el templo de San Sebastián sólo vino a construirse en 1818. Para 1819 ya estaban los dos pueblos viviendo mancomunados en Riosucio, aunque al parecer los quiebralomeños no dejaron del todo su antiguo asentamiento. El retardo generó un conflicto mayúsculo entre las dos parroquias, porque en el interregno el padre Bueno salió de la región y el nuevo cura de Quiebralomo, Francisco de Paula Sanz, se hizo enemigo acérrimo del padre Bonafont.

Estas precisiones se encuentran en un valioso documento que el historiador Álvaro Gartner Posada encontró en los archivos de Popayán. Se trata de una enérgica carta que el padre Bonafont, cura de La Montaña, le dirigió el 17 de mayo de 1825 al obispo de Popayán (monseñor Salvador) oponiéndose a una solicitud que hiciera el Juez Político del Cantón de Supía, José María Betancur y Bonilla (en interés del padre Francisco de Paula Sanz, cura de Quiebralomo), para que se suprimiera la parroquia de La Montaña y su curato se agregara al de Quiebralomo, porque no se necesitaban dos iglesias en el pueblo (Nota 1).

El juez de Supía le presentó la solicitud al Intendente General del Cauca, Máximo Rafael Clavijo, quien lo aprobó en lo civil (el traslado de los dos pueblos), a la vez que le envió el expediente al obispo de Popayán, monseñor Salvador, para lo eclesiástico (el traslado de los templos). El 18 de marzo de 1825 el obispo le reenvió el expediente al padre Bonafont por no constar en él que se haya oído al cura de La Montaña “cuya perjuicio se trata”.  Y Bonafont escribió la carta de defensa de su parroquia el 17 de mayo siguiente.

Conviene tener en cuenta que con la Independencia se abandonó la estricta división formal entre las razas, y en particular la prohibición establecida en la legislación española de que en los pueblos de indios se avecindaran españoles, negros, mulatos y mestizos. La nueva mentalidad estaba en formación para 1814 y fue consagrada en el Congreso de Cúcuta. La Ley del 11 de octubre de 1821 dispuso: “Quedan abolidos los nombres de pueblos con que eran conocidas las parroquias de indígenas… En las parroquias de indígenas podrán establecerse cualesquiera otros ciudadanos, pagando el correspondiente arrendamiento por los solares que ocupen sus casas”.

La carta del padre Bonafont constituye el testimonio más cercano y prolijo del momento fundacional. Lejos de contener un simpático acopio de anécdotas, ella es de gran importancia para conocer las circunstancias que llevaron a la fundación de Riosucio. En este sentido queda claro que dicha fundación fue un proceso de cinco años, que comenzó el 28 de noviembre de 1814, con la firma de un Convenio de Unión entre los vecinos y curas de La Montaña y de Quiebralomo, y culminó el 7 de agosto de 1819, cuando se completa el traslado de los pueblos y los dos templos al sitio de Riosucio, por lo que esta última fecha se ha considerado como la de la fundación.

También deja en claro la carta que la fundación fue un acto terrenal, en el cual no intervinieron sólo los curas José Bonifacio Bonafont y José Ramón Bueno, y que la autoridad civil (el Juez Mayor de Anserma, Manuel José Lozano) tuvo una importancia capital, pues fue él quien, a petición de Bonafont, convocó a los vecinos de los dos pueblos y avaló la firma del Convenio de Unión. Además, este Convenio fue aprobado por el Cabildo de Anserma Nuevo, capital de la Provincia de Anserma, y luego por el Gobernador de Popayán, lo que convierte la fundación en un acto jurídico. Esto no es de poca monta, porque aquel Convenio definió un litigio que el gobierno español no pudo solucionar en cincuenta años, mientras la República puso a compartir legalmente con los mulatos un territorio que por 200 años había sido exclusivo de los indígenas de La Montaña.

No se conoce el texto del Convenio de 1814, pero la citada carta del padre Bonafont, combinada con los documentos que trascribió Purificación Calvo de Vanegas en su libro Riosucio (1960), permite conocer los objetivos y principios que guiaron la Unión:

  1. El nuevo pueblo de Riosucio surgió para solucionar un litigio territorial de cincuenta años de antigüedad.
  1. “Que se reunieran las dos parroquias en este sitio; que cada vecindario reconociere su cura, y que todas las tierras quedaran comunes para los dos vecindarios, lo mismo que las minas, exceptuando las que fueran de propiedad de particulares, e igualmente los derechos de tierras que tuvieren legítimos propietarios”.

 

  1. Que “por lo tocante a las demás tierras usurpadas por los de Quiebralomo, está a favor de los de La Montaña el reglamento del señor Libertador, del año de 1820, en que se manda integrar a los indígenas sus tierras, como las tuvieron en el primer repartimiento”.
  1. Que en el nuevo pueblo no sólo vivirían los indígenas y mulatos que le dieron origen, sino que estaría abierto al ingreso de forasteros: “Por lo que es de esperar que dentro de breve tiempo estos dos vecindarios se aumentarán considerablemente, no solo de los naturales sino también de otras gentes forasteras, atraídas por la fertilidad de las tierras y abundancia de minas de todos los metales”.

 

  1. El vicario Ordóñez, al autorizar el traslado de las Iglesias en 1815, agregó una instrucción más: “Mediante a que la buena disposición de los pueblos, no solo los hermosea sino que contribuye para la sanidad y para el incremento de la población, influirá el Cura en cuanto alcance, para que los vecinos formen un poblado lucido y bien arreglado conforme a las órdenes del superior gobierno”.

Nota 1. La carta está incluida en la conferencia titulada “Tras las huellas del padre Bonafont en el Archivo Central del Cauca. Elementos para una nueva visión de la fundación de Riosucio”, que fue leída por su autor en el Centro de la Música y las Artes de Riosucio el 4 de agosto de 1994, con ocasión del 175°aniversario de la fundación de la ciudad. Se puede consultar en la Biblioteca de la Escuela Olimpo Morales. Aparte de la carta del padre Bonafont, en esta conferencia Gartner trascribe varios documentos  que complementan los pocos que aporta Purificación Calvo; de modo que se puede apreciar con más detalle el andamiaje administrativo de transición entre la Colonia y la República en que surgió Riosucio. Empero, aún hace falta una investigación que desenrede de manera metódica el período 1800-1825 en la frontera entre Cauca y Antioquia, donde concurren la última etapa de la Colonia, el inicio de la Guerra de Independencia, la reconquista de Pablo Morillo y la Independencia absoluta. De los documentos transcritos por Gartner destaca uno sobre “Repartimiento de rentas para pago de los maestros”, el cual menciona por sus nombres a los vecinos de Quiebralomo y La Montaña. Otra documentación importante da cuenta del establecimiento de la educación en Riosucio al inicio de la República, proceso que no fue ajeno a la circunstancia del traslado de Quiebralomo y La Montaña.

 

CARTA DEL PADRE JOSÉ BONIFACIO BONAFONT
A MONSEÑOR SALVADOR,  OBISPO DE POPAYÁN,
 17 DE MAYO DE 1825.
(Transcripción de Álvaro Gartner Posada)

10
Facsímil de la primera página de la carta del padre  Bonafont del 17 de mayo de 1825. Archivo Central del Cauca  (Foto Luis Caicedo)

 

11
Facsímil de la última página de la carta del padre  Bonafont del 17 de mayo de 1825. Archivo Central del Cauca  (Foto Luis Caicedo)

Ilustrísimo señor:

Señor: En cumplimiento de lo mandado por Vuestra Señoría Ilustrísima en decreto de marzo del presenta año, en el expediente que se me ha pasado en original, promovido por el Juez Político de ese Cantón [de Supía] (NOTA 1), en que solicita la Unión de esta parroquia de La Montaña a la de Quiebralomo, debo informar a Vuestra Señoría Ilustrísima lo siguiente.

En tres puntos funda el señor Juez Político la conveniencia de la Unión de esta parroquia a la de Quiebralomo en un solo curato, privándome a mí del beneficio que poseo en propiedad, y he obtenido por medio de una oposición (NOTA 2) legítima con todos los requisitos necesarios. El primer punto en que se funda es el corto número de vecinos de esta Parroquia. El segundo, está situada dentro del terreno de Quiebralomo en un mismo lugar; tercero, evitar las continuas discordias, que suponen causadas por el cura de La Montaña, y sus aliados, y que una Unión felicitaría ambos pueblos, se aumentaría la población y agricultura. Trataría por separado sobre cada uno de estos puntos para mayor claridad, y últimamente de la felicidad que resulta con la Unión.

[Primero] El señor Juez Político dice: que con la estadística conocerá el señor Intendente el corto número de habitantes de La Montaña. Si esto es así, ¿cómo habiendo mandado el soberano Congreso reclutar cincuenta mil hombres, habiéndose repartido al medio por ciento, ha pedido nuestro señor Juez Político a los habitantes de La Montaña diez hombres, aún sin excepción de casados, como me lo han informado los mismos jueces? Luego no es tan corto el número de vecinos o el señor Juez Político no procedió conforme lo mandado por la superioridad. Lo cierto es, que el número de almas que compone este vecindario es de setecientos y seis [706], según el padrón formado. Y entre este número ciento doce [112] matrimonios, que verdaderamente es muy corto, y en breve tiempo será menos, si el señor Juez Político beneficia su protesta [obtiene su pretensión] de acabar con estos vecinos. Pero sin embargo de su corto número, y pobreza, siempre han mantenido su Iglesia y culto divino con la mejor decencia que les es posible, y ninguno de sus curas hasta ahora ha abandonado el curato por motivo de que no les dé para su subsistencia, ni han procurado usurparse el ajeno, como lo ha pretendido el señor presbítero doctor Francisco de Paula Sanz, en el tiempo que fue interino de Quiebralomo, antes de la presente solicitud, de la cual, y su informe se deja conocer muy bien, por su estilo, que no ha sabido disfrazar.

Segundo: afirma el señor Juez Político con imprudencia, que la Parroquia de La Montaña, está situada dentro del terreno de Quiebralomo, siendo tan constante que Quiebralomo jamás ha tenido tierras propias, pues los principios de su fundación, fueron del modo siguiente.

Cuando en estos territorios no había más curatos que el de Anserma, el de Supía y La Montaña, Quiebralomo sólo era un mineral [un real de minas], que se laboraba con cuadrillas de esclavos por varios individuos, entre éstos vino una señora de Popayán a posesionarse con sus registros, bajo los cuales se estableció en el antiguo Quiebralomo, distante de este sitio de Riosucio más de una o dos leguas así de Supía. Los esclavos de la cuadrilla de este mineral se fueron libertando y quedándose en el mismo sitio, y aumentándose aquellas gentes comenzaron a extenderse y posesionarse en las tierras de los indios de La Montaña, en cuyos límites estaban aquellas minas de Quiebralomo, y habiéndose puesto allí un cura minero se aumentó más la población con este motivo, por vecinos a extenderse más en las tierras de los de La Montaña, hasta introducirse en este sitio de Riosucio; y no pudiendo los vecinos de La Montaña sufrir más usurpación de sus tierras, representaron sus derechos ante el superior Gobierno; los de Quiebralomo fueron lanzados por dos o tres ocasiones, y posesionados los indios en sus tierras; pero aquellos fueron tan contumaces que quisieron mantener su usurpación, hasta introducirse por la fuerza armada, como es constante, y patrocinados por los curas de Quiebralomo se prolongó el pleito de su intensa posesión por más de cien años, arruinándose uno y otro vecino en costas y gastos, hasta que últimamente se determinó por la superioridad que vivieran en este sitio los vecinos de Quiebralomo que ya tenían sus posesiones, en mancomunidad con los indios, en inter se finalizaba el pleito.

En ese estado comenzó la revolución [de Independencia], y unos y otros vecinos permanecieron en paz, y el año de 14 [1814] en que entré yo a servir en propiedad este curato de La Montaña, viendo la mala situación en que se hallaba el pueblo, y que no podía progresar, le hice presente al señor Juez Mayor, que lo era en aquel tiempo el señor Manuel José Lozano, quien me ofreció tratar de sacar el pueblo al lugar más cómodo, y pareciéndole este sitio de Riosucio, convocó en él a ambos vecindarios de Quiebralomo y La Montaña, y haciéndoles ver que estaban viviendo de mancomunidad y las ventajas que resultaban al pueblo de La Montaña de la traslación a este sitio, les pidió su consentimiento con respecto al terreno que ocupare la Iglesia y casas de los vecinos, quedando lo demás en terreno litigado, como estaba determinado, a lo que se negaron los vecinos de Quiebralomo, y propusieron que se reunieran las dos parroquias en este sitio; que cada vecindario reconociere su cura, y que todas las tierras quedaran comunes para los dos vecindarios, lo mismo que las minas, exceptuando las que fueran de propiedad de particulares, e igualmente los derechos de tierras que tuvieren legítimos propietarios. A esta propuesta accedieron los vecinos de La Montaña, y se celebró el convenio [el 28 de noviembre de 1814] con asistencia de los respectivos curas y jueces de ambos vecindarios y testigos fidedignos prevenidos al efecto, con los que se otorgó una escritura protocolizada, cuyo convenio aprobó el superior Gobierno Provincial a petición del muy ilustre Cabildo de la ciudad de Anserma, mandándose verificase la traslación y unión de las parroquias en este sitio dentro del término de seis meses.

En esta virtud solicité licencia del orden eclesiástico para trasladar mi iglesia parroquial a este sitio de Riosucio, y se me concedió con la facultad de visitarla y bendecirla; y habiendo construido otra iglesia el año de 15, se verificó su bendición el primero de febrero del año de 16, como consta de las diligencias, y desde este tiempo se comenzaron a construir casas conforme al reglamento dado por el superior Gobierno y cometido el señor Juez Mayor, que lo era el señor Joaquín Venancio Álvarez Ramírez, quien asistió a delinear las plaza y calles [sic]. Y trasladada la parroquia de La Montaña enteramente a este sitio, permaneció Quiebralomo en su antigua situación, hasta el año de 18, en que el cura y los vecinos fabricaron iglesia en este sitio, sin previa licencia del orden para su construcción y bendición, y sin observar el arreglo prevenido por el superior Gobierno, ni el fundamento que había de población por parte de los vecinos de La Montaña, los que han edificado muchas más casas que los vecinos de Quiebralomo, pues aún el mismo señor Juez Político, ni su hermano el señor Alcalde Ordinario, no tienen casa poblada, y la Iglesia su mala construcción y materiales se halla cuasi arruinada, que se sostiene solo en los puntales con que la mantienen.

Tercero: Las discordias que el señor Juez Politico supone causadas por mí, es una manifiesta falsedad, y los vecindarios son testigos, que las diferencias que ha habido han sido causadas por los anteriores curas de Quiebralomo (exceptuando al presente, que lo es el señor presbítero Alejandro Carillo), que éstas han nacido de la diversidad de opinión, y la enemistad que ha conciliado contra mí el señor presbítero don Francisco de Paula Sanz, dimanado por haber favorecido yo a un alcalde partidario de La Montaña, Manuel Antonio Vallejo, a quien atropelló en su empleo y persona el señor Juez Político, como consta en la causa pendiente en la intendencia, cuyos hechos fueron sugeridos por el expresado doctor Sanz, quien en todo ha dirigido al mencionado señor Juez Politico, y en aquella ocasión salió enfurecido contra Vallejo de la casa de otro cura, quien a gritos se expresó y con estas mismas voces: “Señor Juez: pase usted ese pícaro por las armas y dé cuenta al Gobierno con su cabeza, que yo respondo con mi sotana”. Ahora, si por favorecer al inocente oprimido, es causar discordias, cnfieso ingenuamente, habiendo ejecutado así, en cumplimiento de mi obligación, y no por enemiga [enemistad] que yo haya tenido con los curas y vecindario de Quiebralomo. Antes bien, aquellos vecinos, sin exceptuar el mismo Juez Político, si no se avergüenza de decir la verdad, podrán referir beneficios recibidos de mi mano, y ningún agravio.

De aquí se infiere claramente que los vecinos de Quiebralomo no han tenido tierras; que los de La Montaña están en las suyas propias, pues los de Quiebralomo perdieron la posesión que tenían en mancomunidad en este sitio de Riosucio por no haber cumplido el convenio de Unión dentro del término prescrito por el superior Gobierno, y por la legítima posesión en que entraron y se mantuvieron desde el año de 15, hasta el 18, y por lo tocante a las demás tierras usurpadas por los de Quiebralomo,está a favor de los de La Montaña el reglamento del señor Libertador, del año de 20, en que se manda integrar a los indígenas sus tierras, como las tuvieron en el primer repartimiento (Nota 3); por lo que manifiesta que los vecinos de La Montaña no están en el terreno de Quiebralomo, sino los de Quiebralomo en las tierras de los de La Montaña, pues habiendo perdido los de Quiebralomo por su omisión el derecho a la Unión en Riosucio, se han introducido en parroquia ajena, y han edificado Iglesia sin licencia del orden eclesiástico, y por tanto no deben de tener parroquia, pues no tienen título para ello, y la población debe pertenecer a La Montaña, a donde se han introducido.

Aclarados estos tres puntos, se manifiesta la injusticia y las falsedades conque pretende el señor Juez Político hacer un solo curato de los vecindarios de Quiebralomo y La Montaña, y que este curato sea la Parroquia de Quiebralomo, cuando en La Montaña no faltan vecinos para mantener su Parroquia, [y] están fundados en tierras propias; si antes ha habido disensiones entre los curas, éstas han nacido de principios, que ya han desaparecido en el día.

En atención a lo expuesto, podría yo más bien pedir que se uniere Quiebralomo a La Montaña para hacer un solo curato, como se me invitó por los de Quiebralomo, siendo cura interino el año de 22, pero como no me anima el espíritu de codicia, sino el bien de las almas y el aumento de la República, debo exponer a su Señoría Ilustrísima, que reunidas las parroquias de La Montaña y Quiebralomo, como están en este sitio de Riosucio, conforme al convenio de 1814, resultan las ventajas de la mejor administración de sacramentos, pues los curas se auxiliarían el uno al otro en los casos necesarios, y los fieles reciben mayor instrucción en la religión, se aumenta el culto y devoción, y con mayor frecuencia se ejercen las obras de misericordia por el ejemplo de los demás. Son manifiestas las ventajas en beneficio público, pues desde la Unión de estos dos vecindarios han cesado los frecuentes pleitos suscitados por la posesión de las tierras y odios particulares conque se miraban unos vecinos con otros, de lo que resultaban riñas e injurias cuasi cotidianas; se ha aumentado la población con los muchos matrimonios que se contraen entre unos y otros vecinos; han perdido su antigua rusticidad y fiereza, se ha aumentado más la opinión de la libertad, y hoy se ven más civilizados y se presentan al público más decentes, por lo que es de esperar que dentro de breve tiempo estos dos vecindarios se aumentarán considerablemente, no solo de los naturales sino también de otras gentes forasteras, atraídas por la fertilidad de las tierras y abundancia de minas de todos los metales, de modo que cada cura no podrá por sí solo administrar su curato.

Es cuanto en el particular puedo informar a Vuestra Señoría Ilustrísima según dicta mi conciencia, con devolución del expediente.

Parroquia de La Montaña, mayo 17 de 1825,

Joseph Bonifacio Bonafont.

Notas:

Nota 1. Gartner trascribe el texto en su ortografía original, que aquí se ha adaptado al castellano actual. También de nuestra parte agregamos los corchetes […] para añadir lo necesario para la comprensión del texto.

Nota 2. Oposición: Examen o concurso público para un empleo. En esa época el destino de párroco era un empleo público al que se accedía por concurso o por compraventa.

Nota 3. Subraya fuera del original. “Se devolverá a los naturales, como propietarios legítimos, todas las tierras que formaban los resguardos, según sus títulos, cualesquiera que sea el que aleguen para poseerlos los actuales tenedores” (artículo 1º del Decreto del 20 de mayo de 1820).
12
Vista del Centro Histórico de Riosucio desde el Plan del Cerro. Al fondo, Sipirra.

cartel 200 años convenio 1814.jpg

 

13