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Riosucio
 

1721-1759

DISPUTA DE LOS PUEBLOS DE INDIOS DE LA MONTAÑA Y DE CAÑAMOMO POR EL SITIO DE RIOSUCIO, AL PIE DEL CERRO INGRUMÁ. ANEXO: LA PIEDRA PINTADA.

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Mapa de la Disputa del sitio de Riosucio entre La Montaña y Cañamomo.
La línea roja significa el lindero reclamado por CañamomoLomaprieta en 1721. Los puntos negros señalan el lindero reconocido por el Virrey José Solís Folch de Cardona a La Montaña en 1759

Transcripción de la Escritura N° 263 del 24 de mayo de 1903, la cual da cuenta de la disputa que mantuvieron entre 1721 y 1722 los indígenas de los pueblos de indios de La Montaña y de Cañamomo, jurisdicción de la Provincia de Anserma, por la propiedad sobre el sitio llamado Riosucio, al pie del cerro Ingrumá, con motivo del intento de los primeros de trasladar su pueblo para dicho paraje.

Fuente: Archivo Nacional. Bogotá. Copia tomada de los originales, expedida el 30 de enero de 1899 por Wenseslao Sandino Grot, archivero nacional, a petición de Esteban Tapasco, gobernador de la parcialidad de indígenas de Cañamomo, protocolizado bajo la Escritura Nº 263 de 1903 de laNotaría de Riosucio.

El texto digitado corresponde a la novena copia de la Escritura 263, expedida el 25 de junio de 1943. El instrumento notarial presenta algunos problemas de mecanografía. Para facilitar la lectura se han agregado los subtítulos y el texto original se ha ajustado a la redacción del español actual. En corchetes [-] se incluyen observaciones que no están en el original, pero que son necesarias para claridad del relato.

Contexto: Para el momento de estos hechos habían transcurrido 185 años desde el ingreso de los españoles a la provincia de Anserma, de la que hacía parte Riosucio. En 1721 el sitio ubicado al pie del cerro Ingrumá yaera conocido como “Riosucio”, por el río Imurrá, que en 1538 el conquistador Juan Vadillo denominó “río Sucio” debido a que lo cruzó durante una gran avalancha ocurrida en la cuchilla de Ibá y que duró dos años arrastrando lodo. El nombre pasó del río al sitio de Riosucio, ubicado a dos kilómetros de distancia, posiblemente porque ese río lodoso era la única referencia que tenían los viajeros de ese paraje despoblado ubicado entre Anserma Viejo y la Vega de Supía.

Efectivamente, a comienzos del siglo XVIII el sitio de Riosucio era solo un plan con buenas aguas donde tenían sus labranzas y pastos los indios de Cañamomo, siendo los lugares poblados más cercanos el pueblo de indios de La Montaña, fundado en 1580 aproximadamente y ubicado en Montaña Vieja, cerca al río Las Estancias (actual Samaria) y el Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, en el descenso hacia Supía, que data de 1540, y que era un pueblo de mineros mulatos y mestizos, con su parroquia y dos parcialidades indígenas agregadas o anexas, que eran Cañamomo y San Lorenzo, que producían alimentos para los mineros. Los indígenas Cañamomos ocupaban el “partido de Lomaprieta”. En esa época, “partido” era un distrito o territorio de una jurisdicción o administración que tiene por cabeza un pueblo principal. En 1721 la capital de la Provincia de Anserma, dependiente de la Gobernación de Popayán, era la ciudad de Anserma (hoy en Caldas), pero en estos documentos aparece que para noviembre de 1722 se había trasladado para Anserma Nuevo (hoy en Valle del Cauca). A nivel local, la población administrativamente más importante estaba en La Vega o La Vega de Sevilla, mientras Supía como tal era otro pueblo de indios.

Es de notar que mientras el pueblo de La Montaña tenía gobernador y cacique (en esa época Andrés Motato), el pueblo de Cañamomo sólo tenía alcaldes y regidores. Pero más particular aún resulta que por la misma época, y sin duda para afrontar el pleito con Cañamomo, Andrés Motato exhibió los títulos que demostraban su derecho al cacicazgo, según un documento que se encuentra en el Archivo General de la Nación [CACIQUES_INDIOS,37,D.4 /Candelaria de la Montaña: títulos del cacicazgo. (1720 / 1724). Folios: 88-97]. En el marco del Foro de Historia de la Semana Cultural “475 años del nombre de Riosucio”, el historiador Álvaro Gartner presentó la conferencia “Caciques de La Montaña”, en la cual relató como el cacicazgo de este resguardo se prolongó hasta la Independencia.

Resumen: A comienzos de 1721 los indios de La Montaña decidieron trasladar su pueblo de la parte media del resguardo (Samaria) para el sitio de Riosucio, empezando por construir tres ranchos. Ante esta situación, los indios de Cañamomo les reclamaron, pero aquellos les contestaron que tenían una autorización del virrey de la Nueva Granada para trasladar su pueblo. Entonces las autoridades del Partido de Lomaprieta, anexo del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo (Manuel Cumba y Manuel Tabuya, alcaldes, y Pascual Lengua y Pedro Tabuya, regidores), acudieron anteDiego  Martín de Guevara, “alcalde mayor provincial de la ciudad Señora Santana de Anserma”, manifestándole que se oponían a la construcción del nuevo pueblo porque el sitio de Riosucio les había pertenecido por más de cien años, por lo cual le pedían que les diera copia de la provisión del virrey para ellos ir a Santafé (Bogotá) a reclamar su derecho, que les diera constancia de que el pueblo de La Montaña aún se mantenía en el sitio acostumbrado y que mientras el virrey decidía no permitiera que el traslado continuase.

El alcalde Guevara fue al sitio de Riosucio y al pueblo de indios de La Montaña, donde le mostraron la real provisión que autorizaba el traslado, por lo que se abstuvo de intervenir y les contestó a los indios de Cañamomo que debían dirigirse a Santafé. Éstos le insistieron que les diera copia del título exhibían los de la Montaña y que así mismo  certificara el estado de dicho pueblo “para que en tiempo ninguno aleguen dichos indios tener ya fundado el pueblo en la parte donde su Alteza les ampara, y deshechos los edificios de su antiguo pueblo”.

El 10 de febrero de 1721 el alcalde de Anserma expidió la constancia que en el sitio de Riosucio “hallé fabricados tres ranchos cobijados de paja sin cerca ninguna, y una armada sin cobija ninguna; y que así mismo pasé al pueblo de la Montaña, el cual lo hallé según y como ha estado estos tiempos pasados, sin que le hubieran desbaratado edificio alguno; que la Santa Iglesia, la casa del cura y demás casas de los indios se mantienen según y como estaban”; pero que no puede dar testimonio del título “por cuanto habiendo enviado al pueblo de la Montaña a llamar al indio alcalde que tiene real provisión para dar testimonio que se pide, y ofrecido tengo en el decreto antecedente, y haberse denegado y ocultado maliciosamente el dicho alcalde, no se da la provisión que se pide del dicho testimonio”.

Las autoridades de Cañamomo se dirigieron de nuevo al alcalde de Anserma y ratificaron su oposición a “la mudanza del pueblo de la Montaña y su fundación dentro del término de los resguardos que hemos gozado y poseído sin contradicción alguna, así los que estamos al presente como también  nuestros padres y abuelos, por tiempo de más de cien años; siendo como es dicha fundación en grave perjuicio nuestro, y siendo despojados de lo mejor y más útil de nuestros resguardos, quedando totalmente sin tierras útiles en qué poder fabricar nuestras labranzas, y expuestos a dañarnos, y esparcirnos a otros pueblos de temperamento contrario al nuestro”, solicitándole que recibiera tres testimonios para probar su posesión antigua sobre el sitio llamado Riosucio, y en particular:

 “1º. Si saben o han oído decir que nuestros resguardos han corrido siempre por una quebrada que llaman Anillo, hasta llegar a la Piedra Pintada (…)
5º. Porque alegaron los indios del pueblo de la Montaña que por otra parte donde confinan sus tierras con las nuestras no tienen resguardos suficientes, dirán también si saben o han oído decir si antiguamente tenían su pueblo más adentro y si lo pasaron casi al final de sus resguardos.-
6º. Más digan si saben que dichos indios tienen por otros costados de su pueblo sitios muy a propósito donde pasar dicho pueblo, y así tienen tierras donde expandirse y tener sus labranzas y roserías.-
7º. Ellos digan si la ocasión de salir algunos indios de la Montaña a rozar a los montes de Arquía y a los de Pirza [es] por falta que haya de montes dentro de sus resguardos, o por la utilidad de vender sus maíces, unos en los minerales de Marmato, y otros en el sitio de la Vega, por estar más cerca los referidos montes de los dichos sitios.-
8º. Porque siendo despojados de nuestras tierras con efecto nos esparciremos por otros pueblos, como ya llevamos dicho con grave peligro de nuestras vidas, también dirán los declarantes si faltando nosotros de dichos sitios se le previene decaimiento al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, en que está gravemente interesado el Rey nuestro señor (que Dios guarde muchos años), por cuanto nosotros coadyuvamos a la labor de las minas que actualmente trabajan, repartidos en distintas compañías, los vecinos de dicho Real, lo cual lo declararán, y si saben que les damos la providencia [las  provisiones], que alcanzaran nuestras fuerzas, de maizales y otros frutos; motivos que permiten ahí en un lado, por algunos tiempos, que cesen las labores de dichas minas; y si saben que hemos sido los que antiguamente, hasta lo presente,  hemos mantenido al cura, acudiéndole todos los años con nuestras primicias, fabricándole casa en que viva y dándole la providencia necesaria de servicio.- 9º. Ellas digan si saben y han oído decir si desde antiguamente hasta la presente los indios de dicho partido de Lomaprieta hemos mantenido la mitad de la iglesia de Quiebralomo, cobijándola [techándola] a su tiempo y reparando las ruinas que se le han sabido prevenir (…)
si saben o han oído decir que por ocasión de nombramiento o algún otro derechos que hayan manifestado los dichos indios de la Montaña se nos haya impedido hasta la presente el uso y posesión de dichas tierras,y más digan si han sabido o han oído decir que los indios del pueblo de la Montaña han tenido posesión de ellas [las tierras de Riosucio] contra nuestra voluntad, y si saben que en dichas tierras hayan vivido indios de dicho pueblo, sino solo uno llamado Miguel Guapacha, a quien hemos tolerado estos seis o siete años, por amistad y por no haber sido perjudicial”.

De acuerdo con los documentos anexos como prueba a la demanda, los problemas para los indígenas de Cañamomo habían empezado en 1700, cuando un teniente de Anserma, protector de indígenas, quiso trasladarlos para Supía la Baja, donde era encomendero el papá de dicho teniente. Hecho el reclamo por los indígenas, la Audiencia de Santafé ordenó el 28 de junio de 1701 el retorno de los indios de Cañamomo para Quiebralomo, sancionó al teniente y nombró a Antonio de Riomalo como el nuevo protector de los indios. Para la decisión de devolver a los indios para Lomaprieta y de sancionar al alcalde de Anserma, la Real Audiencia se basó en la “Ordnnzas de Anserma” expedidas por Lesmes de Espinosa que prohibían trasladar los pueblos de indios sin permiso de la Audiencia. En este proceso llama la atención que los indios del partido de Lomaprieta alegaron que llevaban poseyendo el sitio de Riosucio setenta años, porque dicho sitio quedó incluido en los resguardos que les dio el oidor Lesmes de Espinosa y Saravia en 1627 a las parcialidades Cumba y Pirsa, trasladados de otras partes de la provincia, y que reunidas se les llama “Curicamayos”.

Posteriormente, en 1713, el cura de La Montaña (Pedro León de la Peña) pretendió extender su jurisdicción a los indígenas de Cañamomo, a lo cual se opuso el cura de Quiebralomo (Joseph Hurtado de el Águila). El obispo de Popayán decidió por sentencia del 2 de mayo de 1713 a favor de este último, ya que en el juicio eclesiástico se comprobó que, para vengarse, el cura de La Montaña urdió una intriga a través del capitán Riomalo, quien resultó ser su hermano, para quitarlea los indios de Cañamomo las tierras de labranza que teníanen el sitio de Riosucio, logrando que la real Audiencia le entregara dichas tierras a los indios de La Montaña. El obispo dijo que la doctrina de los indios de Cañamomo le correspondía al cura de Quiebralomo “sin embargo de los nuevos resguardos asignados a los indios de la Montaña para pastos y sementeras en virtud real de facultad independientemente del prelado eclesiástico”. Lo curioso es que los indios de La Montaña recibieron la provisión real, pero no la exhibieron, la guardaron ocho años, hasta 1721 cuando decidieron trasladar su pueblo de Samaria al sitio de Riosucio.

Ante la vista de estos documentos, el 10 de marzo el alcalde Guevara le dio amparo a los indios de Cañamomo ante el “conocido agravio que se les pretende hacer a estas partes queriéndoles quitar lo que legítimamente es suyo”, advirtiendo que “no se les dio traslado de este pedimento a los indios del pueblo de la Montaña, así por la omisión y rebeldía que han tenido en no querer comparecer ni entregar la real provisión que tienen para que se dé testimonio de ella como las partes lo tienen pedido”.

En virtud del amparo decretado, el alcalde de Anserma tomó testimonio “en el sitio de la Vega de Nuestra Señora de la Candelaria de Sevilla” a las siguientes personas: Juan Jiménez Pasmonares, sargento, vecino de Anserma, 50 años de edad; Tomás Monroy, vecino de Anserma, 73 años de edad; Joseph de la Serna, vecino de Anserma, 34 años de edad, quienes confirmaron lo dicho por los indios.

El 13 de marzo el alcalde de Ansermaaprobó los testimoniosy se las entregó a los indios de Cañamomo, junto con el decreto del 2 de mayo de 1713 del Obispo de Popayán, Francisco Javier Salazar Betancur, que ordenó no pasar los indios de Cañamomo, de la parroquia de Quiebralomo, para la parroquia de la Montaña, y junto también con el certificado del estado en que quedaba el pueblo viejo de La Montaña.

El 24 de abril los alcaldes de Cañamomo le pidieron al alcalde de Anserma el original de la citada provisión de amparo del 10 de marzo “por cuanto tenemos cierta noticia pretenden los indios del pueblo de la Montaña movernos pleito contra lo mismo en que somos amparados por dicha real provisión”.

Las cosas se iban agravando, porque al parecer los indios de La Montaña ya no sólo querían mudar su pueblo para Riosucio sino sacar a los indios de Lomaprieta, alegando que eran poquitos y forasteros de distintos pueblos. Por este motivo éstos acudieron al cura de Quiebralomo para que certificara cuántos indígenas aparecían bautizados allí y si ellos sostenían la iglesia y servían a las minas:

“Manuel Cumba y Manuel Tabuya, indios naturales del partido de Lomaprieta, alcaldes de dicho partido, comparecemos a vuestra merced en la mayor forma que haya lugar en derecho y al nuestro convenga, decimos que tenemos cierta noticia, como pretendiendo de la Montaña fuésemos lanzados del sitio de Lomaprieta, y obligados a irnos a poblar a otros pueblos de contrario temperamento al nuestro, solicitando así el que saliéramos desterrados de nuestra patria, quizá con el fin de que totalmente se les apropiara todas nuestras tierras, informaron a su Alteza sólo existimos en dicha población solo diez indios, forasteros de distintos pueblos; por lo cual, para que conste a su Alteza cuán siniestramente se le ha informado, se ha de servir Vmd. de reconocer a todos los indios que estamos en el partido de Lomaprieta, chinos y grandes, y pasando la vista por el libro de bautismos de esta santa iglesia de Quinchía [sic, debe ser Quiebralomo] certificara al fin de esta cuántos somos los que actualmente estamos en dicho partido, haciendo expresión de lo que habemos tributarios, reservados, mujeres, muchachos y chinas, y así mismo se servirá Vmd. de certificar el cuidado con que concurrimos a oír misa los días festivos a ser doctrinados y los demás ministerios de nuestra obligación, y lo útil que somos en la parte donde estamos para la conservación de dicho Real de Minas de Quiebralomo, en que está gravemente interesado el Rey nuestro señor”

El 25 de abril de 1721 el cura de Quiebralomo, Nicolás Ignacio de Saldariaga y Castrillón, les expidió el certificado con el número, nombres y apellidos de los indios del partido de Lomaprieta (“Siendo por todos, así los naturales de dicho partido como los agregados, setenta y nueve”), los pagos que hacen para sostener esa iglesia y la utilidad que reportan a las minas del rey.

Con todos estos documentos los dos alcaldes del Cabildo de Cañamamo hicieron el viaje a pie hasta la capital del virreinato, donde tuvieron como protector a Domingo Núñez Dorbojioso, quien presentó el caso ante el virrey el 25 de junio de 1721, explicando que:

“los indios del pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña alcanzaron licencia vuestra para mudarse y trasladar su pueblo al sitio que llaman de Riosucio, en virtud de información de utilidad que se dio y demás instrumentos que se presentaron, cuya consecuencia han fabricado en el referido sitio dos o tres ranchos de paja sin cerca alguna, intentando continuar la traslación, y por ser ésta en notable perjuicio de los indios de Quiebralomo por estar dicho sitio dentro de sus resguardos, contradicen en debida forma la fundación embarazándola hasta que vuestra excelencia, oídos sus defensores, diese la providencia conveniente, para cuyo efecto hicieron las diligencias jurídicas y formales que constan en los edictos originales, que el protector presenta, en que se concibe la grande injusticia que con los dichos indios pretender ser comprados [sic] de que violentamente pretenden desalojarlos los del pueblo de la Montaña, protegidos del despacho vuestro, sin advertir que éste nunca podría obrar en daño de tercero y contra el derecho de los indios del partido de Lomaprieta, que tienen dicho sitio de Riosucio en virtud de la posesión inmemorial de más de cien años que han tenido quieta y pacíficamente mantenido y amparado en ella por real provisión expedida por los señores de la Real Audiencia de [ilegible] que consta a hojas catorce de los autos presentados, que se ha de servir vuestra excelencia tener presente, como también la información que corre en cinco, hasta doce contestes con tres testigos de toda verdad y excepción corroborada con la certificación del juez, que fue de ella que se halla a su continuación persuade de la justicia de dichos indios y desvanece y destruye los fundamentos que motivaron la licencia que se les dio a los de la Montaña, pues siendo uno de ellos el que los de Lomaprieta no pasaban de ocho o diez indios existentes, lo contrario parece de la certificación del doctor don Nicolás de Saldarriaga, cura del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, a hojas diez y nueve, en que expresa haber setenta y nueve indios que concurren a por misa con toda obediencia en días festivos, y a las doctrinas que se celebran en la santa iglesia de Quiebralomo, manteniéndola a expensas de su trabajo, como también al dicho cura, fabricándole casa en que viva y dándole toda providencia”.

También dijo el protector que el título que tenían los indios de La Montaña sobre el sitio de Riosucio estaba originado en una venganza del cura de ellos contra el del Quiebralomo:

“que la incitación fue la causa que por la parte que confinan con Lomaprieta no tengan resguardo, como consta de la información a que se debe estar por ser justa y verdadera, y no a la que se dio ante el marqués de San Miguel y su delegado, don Antonio de Riomalo, complacencia de Pedro Ortiz Moreno, protector de naturales, por obsequiar éste al doctor don Pedro León de la Peña, su grande amigo, y hermano del dicho don Antonio de Riomalo, y vengarse de encono en que lo puso la sentencia que sobre feligresía se pronunció en contra de dicho doctor y a favor del cura de Quiebralomo, según se refiere de la información dada por los indios de Lomaprieta y consta de la sentencia a folios trece, por cuya razón, y las que se expresan en dicha información, se deben despreciar los autos que se formaron a pedimento de dicho protector y amparar en todo y por todo a los dichos indios de Lomaprieta”.

En consecuencia, el protector hizo las siguientes peticiones:

“en su vista [de las pruebas] y de los demás instrumentos demandar se libre despacho cometido al capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincia del Anserma, o a la persona que vuestra excelencia fuese servido nombrar para que ampare a los indios de Lomaprieta en la antigua posesión de su resguardo, que siempre ha corrido por una quebrada que llaman “Anillo” hasta dar con la Piedra Pintada, con cuyo lindero confinan los términos del pueblo de la Montaña el partido de Lomaprieta, y que los de la Montaña no los inquieten ni se introduzcan en dichos resguardos, y se contengan dentro de los suyos sin perjuicio de los de Lomaprieta, para cuyo efecto se les quemen y derriben los dos o tres ranchos que han fabricado en dicho sitio de Riosucio, y funden el pueblo en la parte que les parece más cómoda dentro de sus linderos o lo retrotraigan al paraje donde se fundó dentro de su principio”.

El 17 de julio de 1721 el virrey Jorge Villalonga le dio la razón al protector, revocando la provisión que tenía los indios de La Montaña y ordenando amparar a los de Cañamomo en la posesión sobre el sitio de Riosucio:

“Respecto de que la licencia concedida para la mutación de pueblos debe entenderse sin perjuicio de terceros, líbrese despacho más inmediatos con vista de los instrumentos de estas partes y sumario conocimiento de su derecho los ampara en la posesión de sus resguardos de que hubiese habido despojo, y que si los contrarios tuvieren que pedir lo hagan en forma en este superior Gobierno (…) En la ciudad de Santa Fe, a diez y siete de julio de mil setecientos y veintiún años.- Jorge de Villalonga.- Por mandato de su excelencia, don Martín Carlos Sáenz de Pontón, para que las justicias más inmediatas al partido de Lomaprieta ejecuten lo que aquí se les ordena a pedimento del protector nombrado de los naturales de este reino por los indios de Lomaprieta”

Sin embargo, el cumplimiento de esta orden chocaría con el célebre aforismo colonial: “Se obedece pero no se cumple”. Cuando Manuel Cumba le presentó la provisión del virrey a Domingo de la Vega, teniente de la Gobernación de Popayány justicia mayor de minas de las cuatro ciudades de Anserma, Cartago, Toro y Arma,quien se hallaba en el Real de Minas de Quiebralomo, éste manifestó acatar el fallo, pero no lo hizo cumplir, pasándoselo en cambio a los indios de La Montaña para que lo apelaran en la capital del virreinato.

El 21 de noviembre de 1721 De la Vega se trasladó al pueblo de Nuestra Señora Candelaria de La Montaña, donde le notificó el despacho del virrey Villalonga a Pedro Guapacha y Bernabé Delgado, alcaldes, y a  Fabián Ladino, regidor,

“que presentes se hallaron en compañía de todo el pueblo en sus personas, que lo oyeron y entendieron, según y como en dicho despacho consta y en la misma forma el obedecimiento por su majestad proveído; y dijeron: Que hablando con el debido respeto suplicaban [en el sentido de apelar] de la real provisión, y estaban prontos a comparecer ante el excelentísimo Virrey del Nuevo Reino de Granada a alegar de su justicia”.

Como es obvio, a los indios de Cañamomo no les agradó lo sucedido, por lo cual le escribieron a De la Vega diciéndole que como él les había devuelto el despacho del virrey Villanga “sin que en ellos diligencia que haga a nuestro derecho; mas que meramente es decir su merced  que le obedece, y la citación que hizo a los indios de la Montaña”, entonces le pedían que tomar nuevos testimonios que comprobaron el despojo del sitio de Riosucio e hiciera un  nuevo censo de los indios agregados a Quiebralomo, porque ellos también querían ir a Bogotá a resolver el asunto. Es de notar que en este documento Manuel Cumba se identifica como: “indio alcalde de pueblo de Lomaprieta y Cañamomo”.

Domingo de la Vega no aceptó tomar nuevos testimonios y hacer otro censo, limitándose a contestar “Manuel Cumba esta parte ocurra a donde le convenga a representar el derecho que dice tiene al sitio de Riosucio” (12 de diciembre de 1721).

Fue así como los alcaldes de los dos pueblos de indios hicieron el viaje hasta Santafé en enero de 1722. Pero los de La Montaña se regresaron antes que se resolviera la causa; por lo que los de Cañamomo le escribieron a su protector (Domingo Núñez Arbogoso) que ellos también debían salir de la ciudad porque no tenían conque sostenerse en ella, por lo que pedían que les devolvieran los papeles, con la orden expresa al alcalde de Anserma(Juan Jiménez Gamonares) para que se hiciera cumplir el decreto del virrey, ya que las otras autoridades de la región estaban a favor de los de La Montaña e impedirían su ejecución. Así dice la carta del 30 de enero de 1722:

“Excelentísimo señor: Manuel Cumba y Julián Blandón, indios del partido de Lomaprieta, en la causa con los indios de la Montaña sobre la traslación de su pueblo, decimos: que habiendo prevenido en este Gobierno superior se nombrase defensor de dichos indios, y se les notificase no salieren de esta ciudad hasta la definitiva de esta causa, con el motivo no habérseles embarazado la salida se ausentaran, y porque estando los dichos ausentes no se puede seguir esta causa, como intentábamos, no estando el defensor instruido, hemos determinado volvernos a nuestros pueblos por no podernos mantener en esta ciudad, donde estamos padeciendo gravísimas necesidades para poder ejecutar con algún resguardo de nuestro derecho y nuestra justicia, suplicamos a Vmd. se sirva demandar se nos devuelva el despacho que presentamos en este superior Gobierno con los demás instrumentos, y respecto de no estar ejecutados, y todo él entero y debido cumplimiento, como lo ordena su excelencia, de nombrar para este efecto al alférez Juan Jiménez Gamonares, persona inteligente y de conciencia que asista en aquel territorio, u otra persona que por nosotros sea requerida, porque de otra suerte no se podrá conseguir su ejecución por el valimento que dichos indios de la Montaña tienen con las justicias circunvecinas, y que lo que a esta le proveyere se ponga por testimonio al pie del referido despacho, para que de esta suerte se nos excusen nuestros gastos, que no puede sugerirlos nuestra pobreza, que ha de tener Vmd. para que nos despachen con toda brevedad y nos haga justicia, ella mediante. A Vmd. pedimos y suplicamos, así lo provea y en lo necesario juramos. Va.- Manuel Cumba.- Julián Blandón. Santa Fe, treinta de enero de mil setecientos y veinte y dos. Traslado. Rodríguez”.

El 3 de febrero el protector les devolvió los papeles “porque los motivos que dichos indios expresan en el mentado escrito son justos y ciertos, y que el seguimiento de la causa redunda en notable perjuicio de ellos”.

Por alguna razón transcurrió casi todo el año sin moverse el proceso, hasta que a finales de octubre los alcaldes de Cañamomo, Manuel Cumba y Julián Blandón concurrieron ante el alcalde de Anserma con el despacho del virrey Villalonga del 17 de junio de 1721,

“el cual habiéndolo presentado ante el señor capitán don Domingo de la Vega, teniente general de esta jurisdicción, y por no haberle dado su debido cumplimiento ocurrimos segunda vez ante su excelencia [el Virrey] con dicho despacho, con lo en él obrando, quien se sirvió devolvérnoslo original, sometidos a las justicias más inmediatas de este partido, para que con vista de él y de los instrumentos de nuestro derecho, dé su debido cumplimiento”.

A renglón seguido hacen la petición:

“para que con vista y todo se sirva vuestra merced, obrando en justicia, de darse su debido cumplimiento, y hallando justificado nuestro derecho dando posesión de las tierras de que hemos sido despojados y que en los autos se menciona, notificando a dichos indios nos desocupen las tierras y desechen las fábricas que en ellas hubieren edificadas, y nos dejen en pacífica posesión, sin que haya cosa en ellas de todo aquello que nos es perjudicial, como es ganado mayor y ganado de Zero [sic]”.

El 30 de octubre de 1722 Juan Jiménez Gamonares, alcalde de Anserma, dicta un auto por el cual convoca a dar posesión a los indios de Cañamomo del sitio de Riosucio para el 4 de noviembre de 1722, con presencia de los caciques y mandones de la Montaña, a quienes les advierte que si no se hacen presentes “les pasará el mismo perjuicio que si presentes fueren”. El auto dice:

“Por presentada con los autos que se refieren, en que se incluye el despacho superior mandando librar a favor de estas partes como de él se deduce por el excelentísimo señor Virrey, presidente gobernador y capitán general de este Virreinato, que desde luego le obedecía y obedeció, y como superior rescripto. Y para que le dé su entero y debido cumplimiento debía de mandar y mando que estas partes y los demás naturales del partido de Lomaprieta concurran por sus propias personas al sitio de Riosucio el miércoles siguiente, que se contaron cuatro del mes próximo subsiguiente, para darles posesión de la tierra inclusive dentro de sus resguardos que reconocían por vista de ojos por su majestad, con los instrumentos presentados en la mano y para comprobación de los términos y linderos de dicha tierra dada a los dichos indios de Lomaprieta, la información que ofrecida tienen breve y sumariamente, que está pronto su merced a recibirla. Y todo se haga con citación de los caciques indios principales y demás mandones del pueblo de la Montaña, a quienes se les hace correo expreso, previniéndoles y mandándoles concurran con sus propias personas al dicho sitio de Riosucio el precitado día cuatro del mes próximo que viene, con apercibimiento que de haber omisión les pasará el mismo perjuicio que si presentes fueren. Y ejecutadas las diligencias prevenidas por el preinserto despacho se devuelvan estos autos originales a las partes, como lo piden. Proveyelo su merced el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario, juez oficial de la Real Hacienda y casa de la ciudad de Anserma, en el sitio de la Vega de Sevilla de su jurisdicción, en treinta días del mes de octubre de mil setecientos y veinte y dos años, por ante sí y testigos por falta de escribano.- Juan Jiménez Gamonares”.

La notificación a La Montaña se hizo el 4 de noviembre siguiente, que dicho sea de paso pro primera vez distingue entre “gobernador y alcalde”, dice:

“En el sitio de Riosucio, en dicho día, mes y año, su Vmd. dicho señor alcalde ordinario notificó el decreto de esta parte, y juntamente los citó en toda forma para lo en él contenido, a Pedro Guapacha, gobernador del pueblo de la Montaña, y a Santo Ladino, alcalde de dicho pueblo, y porque conste por diligencia, lo firmo su merced con el dicho gobernador y testigos por la referida falta. Juan Jiménez Gamonares.- Don Pedro Guapacha. Nicolás Díaz.- Joseph de la Serna”.

El mismo miércoles 4 de noviembre de 1722 se cumplió por fin la diligencia de desalojo de los indios de La Montaña del sitio de Riosucio y su entrega a los de Cañamomo, tomando de la mano el alcalde de Anserma a los dos alcaldes de Cañamomo, paseándolos por el sitio y recogiendo luego algunas yerbas en señal de posesión:

“En el sitio de Riosucio, jurisdicción de la ciudad de Anserma de la Gobernación de Popayán, en cuatro del mes de noviembre de mil setecientos y veinte dos años, parecieron ante mí el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario de la ciudad de Anserma, por el Reino de su señor, Manuel Cumba y Julián Blandón y Joseph Cumba, habiéndome requerido por un despacho de su excelencia el señor Virrey, en el que manda dé posesión a los dichos indios del partido de Loma prieta. Y de los resguardos que comprenden desde la quebrada que llaman Anillo hasta la piedra pintada, cogiendo desde dicha piedra pintada la quebrada abajo vertiente al río Sucio, y río Sucio abajo hasta el desemboque del río Supía, de aquí río arriba hasta la quebrada Anillo, les doy la posesión a dichos indios del partido de Loma prieta, sin perjuicio del patronato real ni de tercero que mejor derecho tenga a ellas, y se las doy judicial. Y estando en dichas tierras cogí de la mano a Manuel Cumba y a Julián Blandón, y las pasearon conmigo y después arrancaron unas yerbas en señal de posesión, las cuales les di, y apreciaron actual Corporal Velquase sin contradicción ninguna, y en ella interpuso mi autoridad y decreto judicial, y en cuanto puedo según derecho los amparo en dicha posesión. Y para que conste lo firmo con testigos que se hallaron presentes a falta de escribano público ni real.- Juan Jiménez Gamonares.- Nicolás Díaz.- Joseph de la Serna”.

Es de observar que aunque se emplea la palabra “posesión”, ésta no es a título precario sino en dominio, porque la entrega “actual Corporal Velquase”, corresponde a la fórmula jurídica “dar posesión judicial, actual, real, corporal, jure domine velquasi”, contemplada en el Derecho español, aplicada en la península para la entrega de las mercedes de tierra a los españoles y en América para entregar tanto las mercedes de tierra a los españoles como los Resguardos a los indígenas, y que se acompañaba tanto de recoger yerbas como de tirar piedras en señal de posesión de propietario.

El título fue refrendado el 2 de junio de 1723 por el mariscal de campo Marcos Ambrosio de Rivera y Guzmán, capitán general de Popayán, y el 5 de mayo de 1727 por Joseph López de Ávila, teniente general, justicia mayor de las minas de las cuatro ciudades en distrito de la Real Audiencia de la ciudad de Santafé.

Sin embargo, los indios de la Montaña insistían en meterse en el sitio Riosucio, por lo que el 10 de diciembre de 1731 Nicolás Becerra de la Serna, alcalde y juez de Anserma, suspendió la provisión que presentaba La Montaña y le ordenó al cacique Andrés Motato mantenerse dentro de los linderos de su resguardo, mientras el virrey no decidiese otra cosa:

“Por presentada con los instrumentos referidos, que vistos y atendiendo a que estas partes tienen amparo por despacho librado por el excelentísimo señor conde de la Cueva, don Jorge de Villalonga, virrey presidente, gobernador y capitán general que fue de este Nuevo Reino de Granada, ciudad de Santa Fe en quince de julio de mil setecientos y veinte y uno de las tierras y resguardos en que pretenden introducirse los indios naturales del pueblo de la Montaña, los cuales por dicho despacho se mandaron lanzar de las tierras de Riosucio y sus linderos, que son en perjuicio de las partes, como en efecto se efectuó así por el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario que era de la ciudad de Anserma en la razón, por cuyo despacho se les dio posesión de sus resguardos a esta parte, desde la quebrada que llaman de Anillo, hasta la piedra pintada, y de ahí por la quebrada abajo vertiente a río Sucio, por auto proveído en cuatro de noviembre de mil setecientos y veinte y dos, cuyo amparo ganaron con justificación de su derecho e información dada ante el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial que fue de esa ciudad, formada en contradictorio juicio entre partes, de la una los que se presentan y de la otra dichos indios de la Montaña, cuyo amparo y protección se refiere, y nuevamente dio el señor marqués de San Juan de Rivera, gobernador y capitán general que fue de la provincia de Popayán, y por el señor capitán don Joseph López de Ávila, teniente general y visitador de gobierno que fue de estas provincias, sin contradicción alguna, y debe de mandar y mando se suspenda el ejecutivo de la Real Audiencia ganada por los dichos indios de la Montaña, que estas partes se mantengan en su posesión y amparo, interini que con vista de autos determine su Alteza otra cosa, a quien se dará cuenta con relación de todo, para que determine lo que fuere de su real agrado. Y notifíquesele a las partes este decreto, para que así conste. Así lo proveí, mandé y firmé yo, el mariscal de campo don Nicolás Becerra de la Serna, alférez real y regidor en propiedad, alcalde ordinario más antiguo y juez oficial real de la ciudad de Anserma y sus sufragáneas de este Real de San Sebastián de Quiebralomo, en diez de diciembre de mil setecientos treinta y un años, actuando con testigos a falta de escribano.- Don Nicolás Becerra de la Serna.- Joseph de la Serna……………….. [sic] Y luego, incontinente, yo dicho alcalde ordinario hizo saber el decreto de la vuelta a Urbano Tabuya , alcalde de Lomaprieta, y a Manuel Cumba, Julián Blandón y Gregorio Lengua, regidores de dicho partido, presentes en su persona, que lo oyeron. Para que conste, lo firmo con testigos por falta de escribano.- Don Nicolás Becerra de la Serna.- Joseph de la Serna.- Don Diego Cayetano Fresco.

Notificación a don Andrés Motato, cacique del pueblo de la Montaña, y a Francisco Ladino, alcalde del mismo

En dicho día, mes y año yo, dicho alcalde ordinario, notifiqué e hice saber el dicho decreto a don Andrés Motato, cacique del pueblo de la Montaña, y a Francisco Ladino, alcalde de dicho pueblo, en sus personas, que lo oyeron. Y para que conste, lo firmo con testigos a falta de escribano. Don Nicolás Becerra de la Serna.- Joseph de la Serna.- Don Diego Cayetano Fresco.

De esta manera desde 1722 quedó el sitio de Riosucio en poder del pueblo de indios de Cañamomo Lomparieta, tal como se los habría entregado Lesmes de Espinosa en 1627. Hasta aquí llegan los títulos protocolizados en la escritura Nº 263 de 1903.

Surge entonces una pregunta: ¿Si el pleito lo ganó el Cabildo de Cañamomo en 1722, porqué al momento de la fundación del pueblo de Riosucio el padre Bonifacio Bonafont defiende los derechos de La Montaña sobre esos terrenos?

Esto se debe a que el cacique y los alcaldes de la Montaña no se resignaron a perder la parte baja de sus resguardos, por lo que siguieron con el pleito en Santafé; pero, cambiando la estrategia de litigio, ya no se ampararon en la provisión real que habían obtenido gracias a las mañas del cura de su pueblo y de su hermano Riomalo, que fue anulada, sino que fueron nuevamente a Santafé a buscar el título de la entrega de tierras que originalmente les había hecho Lesmes de Espinosa. Y lo encontraron. De esta manera lograron que el virrey José Solís Folch de Cardona, teniendo a la vista el título original de 1627, les devolviera la propiedad sobre dicho sitio de Riosucio, mediante documento del 14 de agosto de 1759, que hasta hoy constituye el título de la Montaña sobre su resguardo (ver ANEXO 1).

Pese a haber ganado el pleito, los indios de La Montaña no se trasladaron para el sitio de Riosucio, como consta de un documento reseñado en el Archivo General de la Nación:

 

FECHA

 

CONTENIDO DEL DOCUMENTO

 

LOCALIZACIÓN

1790

Comunicación de la Real Audiencia de Santafé sobre la petición de los feligreses del pueblo de la Montaña de trasladarse a Riosucio.

POBLACIONES-CAU:SC.46,2,D.4 /Traslado feligreses del pueblo de la Montaña a Riosucio. (1790). Folios: 108-109 
(AGN8)

No deja de resultar interesante apreciar que por la misma época que Cañamomo pierde el sitio de Riosucio, esta parcialidad, tal vez para compensar la pérdida de territorio, invade las tierras bajas de los indios del pueblo de Supía, obligando a éstos a plantearles pleito en el año 1757, según otro documento del AGN.

 

FECHA

 

CONTENIDO DEL DOCUMENTO

 

LOCALIZACIÓN

1757-1759

“Pleito seguido por los indios del pueblo de Supía contra los del pueblo de Cañamomo, por tierras llamadas ‘Llano de Supía’ que los primeros alegan pertenecer a sus resguardos”

RES-ANT-CAU-TOL:SC.53,1,D.25 /Indios de Supía: pleitos por tierras de resguardos. (1757 / 1759). Folios: 589-728. No conocemos el texto.

A propósito: El pueblo de indios de Supía fue destruido por un derrumbe del cerro Tacón en 1819, en el que habrían muerto la mayoría de sus habitantes. En algún momento aún no determinado fueron unificados en uno solo los resguardos de los pueblos de Cañamomo y de Supía, ya que cien años después (1874) se efectúa la reestructuración del “Resguardo Supía y Cañamomo”, que se extendía hasta Marmato.

Los indios de Cañamomo no volvieron a posicionarse en el sitio de Riosucio. Pero ello no quiere decir que hayan cesado las disputas por su posesión, aunque ya no entre los indios de La Montaña con los indios de Cañamomo, sino entre aquellos y los habitantes del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo (Ver ANEXO 2 - La Piedra Pintada).

En la actualidad los indígenas de Cañamomo reconocen la pérdida del sitio de Riosucio a favor de La Montaña. En 1936, siendo gobernador Israel Tapasco, el Cabildo de Cañamomo Lomaprieta tramitó una prueba supletoria del título del Resguardo, conforme al artículo 12 de la Ley 89 de 1890, mediante la declaración de cinco testigos, a saber: José MaríaTaborda, Juan Francisco Cataño, Miguel Flores, Manuel Quintero y Clímaco Lemus. En la declaración del primero de ellos, Jesús María Taborda, se lee:

Es muy cierto que yo oí decir a mis mayores que el resguardo y la parcialidad de indígenas de Cañamomo era por los siguientes linderos # De la quebrada que llaman de Anillo a la piedra pintada; de allí a la quebrada vertiente al río Riosucio; Río Riosucio abajo hasta su desemboque en el río Supía; Río de Supía arriba hasta el desemboque de la quebrada de Anillo, punto de partida; pero que por una disputa con la parcialidad de la Montaña quedaron los linderos por la quebrada de Sipirra, alto de Terraplen y el zanjón de Gasparillo (Escritura No.79 de 1936 de la Notaría de Riosucio).

 

TEXTO DEL DOCUMENTO

(ESCRITURA Nº  263 DEL 24 DE MAYO DE 1903)

Testimonio de los títulos, en copia, pertenecientes a los Partidos de la Parcialidad de “Cañamomo” y “Lomaprieta” que se hallan protocolizados en esta Notaría, bajo la escritura número doscientos sesenta y tres (263) de veinticuatro (24) de mayo de mil novecientos tres (1903)

El suscrito notario público principal del Circuito de Riosucio, a solicitud verbal del señor gobernador de la parcialidad, expide copia de los títulos, en copia, pertenecientes a los partidos de la parcialidad de Cañamomo y Lomaprieta protocolizados en esta Notaría en el año de 1903:

NÚMERO DOSCIENTOS SESENTA Y TRES (263). En el Distrito Municipal de Riosucio, Provincia de Marmato, Departamento del Cauca, República de Colombia, a veinticuatro días de mayo de mil novecientos tres, ante mí, Máximo Vanegas, notario público del Círculo de Riosucio, y los testigos instrumentales señores M. Valerio Díaz y Marceliano Betancur, vecinos del mismo Circuito, mayores de edad, de buen crédito y en quienes no concurre ninguna causal de impedimento, compareció el señor José Esteban Tapasco gobernador de la parcialidad indígena de Lomaprieta  y Cañamomo, varón mayor de edad y vecino de este distrito, a quien conozco, y me presentó los títulos o copia de los originales pertenecientes al partido de “Lomaprieta y Cañamomo”, para su protocolización en la oficina de mi cargo. Esos títulos constan de cuarenta hojas útiles y están debidamente autorizados. En consecuencia, desde ahora y para siempre inserto en el libro protocolo del trienio en curso dichos títulos, en el lugar y bajo el número que les corresponde, para que hagan parte integrante de él, para que en todo tiempo puedan los interesados obtener copias que les convengan y para que el acto surta todos los demás efectos que le asignan las leyes. Se pagaron los derechos de registro como consta de la boleta que se agrega. Se advirtió al otorgante la obligación que tiene de hacer registrar este instrumento dentro de los sesenta días siguientes al de su otorgamiento. Firman con los testigos arriba expresados por ante mí el notario. José Esteban Tapasco. -Tgo.- M. Valerio Díaz.- Tgo.-. Marceliano Betancur. El notario, Máximo Vanegas.

La boleta de registro dice: “Nº. 775. Administrador Público de Hacienda de Marmato. Riosucio, mayo 4 de 1903. Pagó el señor M. Valerio Díaz la suma de $ 10 por derechos de registro de la protocolización de los títulos de la Parcialidad de Lomaprieta y Cañamomo. Juan Bautista Betancur.

Carta de Esteban Tapasco, gobernador de Cañamomo, al ministro de Gobierno. Bogotá, 21 de enero de 1899.

Señor ministro de Gobierno, presente. José Esteban Tapasco, gobernador de la parcialidad de indígenas de Cañamomo, jurisdicción de la Provincia de Riosucio del Departamento del Cauca, ante usted, con el respeto debido, expongo: que habiendo venido a esta capital, desde dicha localidad, en nombre de la comunidad indígena expresada, a pedir copia oficial de los linderos de ella, para ampararnos en nuestros derechos adquiridos y para efectos que nos convienen, me encuentro en esta y vengo a pedir, como en efecto pido, a vuestra señoría: 1º- Que se sirva ordenar al señor archivero nacional que, en vista de los datos allí existentes, me dé copia auténtica, a mi costa, de los linderos de la parcialidad de indígenas de “Cañamomo”.- y 2º. Que ordene se me expida en papel común tal copia, por el derecho de amparo que para tal objeto concede la ley en estos casos a las comunidades o resguardos indígenas.- y le hago este memorial en el mismo papel por el mismo derecho legal. Teniendo que regresar pronto a mi resguardo y para no recargarme con más gastos de permanencia en Bogotá, ruego y suplico a vuestra señoría se sirva hacerme despachar este memorial lo más pronto que sea posible.- Señor ministro.- José Esteban Tapasco.- gobernador de la parcialidad de indígenas de Cañamomo.- Bogotá, enero 29 [sic] de 1898 [sic].

Al margen de la primera página, la nota de presentación, así: Ministerio de Gobierno.- Recibido hoy 21 de enero de 1899. Se reparte a la Sección Primera, es Rfno. 226.- por el oficial de registro.- Gómez.- Ministerio de Gobierno.- Enero 21 de 1899.- Dénse las copias a costa de la parte interesada.- Por el ministro.- El subsecretario.- Aníbal Brito.- Hay un sello que dice: República de Colombia 1898.- Ministerio de Gobierno.- A virtud de la resolución que precede del señor ministro de Gobierno, fecha 21 de enero de 1899, se expide la siguiente copia:

 

Denuncia del Cabildo de Lomaprieta anteel alcalde mayor de Ansermapor la intención de los indios de la Montaña de bajar su pueblo para el sitio de Riosucio. Sin lugar y sin fecha.

Manuel Cumba y Manuel Tabuya, indios naturales del partido de Lomaprieta, anexo del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, y alcaldes de dicho partido; Pascual Lengua y Pedro Tabuya, naturales de dicho partido y regidores en él, comparecemos ante usted en la mayor forma que haya lugar en derecho y al nuestro convenga, [a denunciar que por los alcaldes] y por todos los demás naturales del pueblo de La Montaña, están haciendo fábrica [construcción] de su pueblo en nuestros resguardos, habiendo levantado tres ranchos, y habiendo nosotros ido a contradecir esta fundación, nos dieron por razón ser en virtud de una real provisión que habían ganado de la Real Audiencia de la ciudad de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada, y por cuanto dicho nombramiento es de grave perjuicio nuestro y contra el derecho que de dichas tierras hemos poseído en buenas [sic], así nosotros como nuestros padres y abuelos, por tiempo de más de cien años, aprovechámonos de ellas a fuerza de nuestro trabajo personal; y por tanto desde luego contradecimos la dicha posesión, una y las más veces que el derecho nos permita; y protestamos acudir a la Real Audiencia a alegar de nuestro derecho mejor informado; por lo cual se servirá Vma. de darles traslado a los indios del pueblo de La Montaña de dicha contradicción y que manifiesten [presenten] la dicha real provisión en que su Alteza así los ampara; y de no manifestarla, se servirá usted de notificarles cesen las discordias que entre uno y otros pueden ofrecerse; por todo lo cual a Vmd. [vuestra merced] pedimos y suplicamos se sirva proveer, según y como llevamos pedido, devolviéndonos dichos autos originales para con ellos comparecer ante su Alteza, que en ello recibiremos merced, con justicia; y juramos en debida forma lo necesario. Manuel Cumba.- Manuel Tabuya.- Otro sí decimos que, siendo cierto que los indios de La Montaña tienen la real provisión de su Alteza para fundar dicho pueblo en la parte donde lo están fundando, siendo, como llevamos dicho, en grave perjuicio nuestro, y contra el derecho de dichas tierras, suplicamos de la dicha real provisión, y con la venia acostumbrada de la cual se servirá Vmd. de darnos testimonio, y de todo lo demás que sobre el caso se hubiera actuado; y entre tanto que su Alteza, informada de la verdad, determine en justicia y en razón, se servirá Vmd. de mandarles cesen con dicha fábrica, y porque en tiempo ninguno aleguen dichos indios tener su pueblo hecho, se servirá Vmd. pasar, y se lo suplicamos, en dicho sitio; y certificar los ranchos que tienen fabricados y en las conformidades que están; y que si todavía mantienen su antiguo pueblo, según y como se estima, sin haberle desecho edificio alguno, devolviéndonos los presentes autos originales como pedido llevamos. Fecha ut. Supra.- Manuel Cumba.- Manuel Tabuya.- Pascual Lengua.- Pedro Tabuya.-

Recibido de la denuncia anterior por Diego Martín de Guevara. La Vega de Supía, 25 de enero de 1721.

Por presentada y visto lo que estas partes piden y la contradicción que hace tiempo sobre los indios del pueblo de La Montaña no muden su pueblo dentro de los términos de sus resguardos y el grave perjuicio que se les sigue, en cuya virtud y por falta de juez competente, y no haberle mandado, se les dé traslado de esta contradicción para que luego y sin dilación manifiesten los fundamentos que tienen para la fundación de dicho pueblo, que por mí vistos se dará la providencia necesaria. Así lo proveí, mandé y firmé yo, el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la ciudad Señora Santana de Anserma.-, en este sitio de la Vega, jurisdicción de dicha ciudad, en veinticinco días del mes de enero de mil setecientos y veintiún años; por ante mí dicho alcalde provincial; y por testigos por falta de escribanos, Diego  Martín de Guevara.- Testigo, Juan de Monroy.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncelo.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.

Acta de visita al pueblo de la Montaña yal sitio Riosucio por parte de Diego Martín de Guevara, alcalde de Anserma. Pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña, 20 de enero de 1721.

En el pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña, jurisdicción de la ciudad Señora Santana de Anserma, en veinte días del mes de enero de mil setecientos y veintiún años.- Yo dicho alcalde provincial fui en persona al pueblo de la Montaña y sitio de Riosucio, en donde están trasladando el pueblo de la Montaña; y les di traslado de esta petición y decreto a los indios alcaldes de dicho pueblo, quienes me intimaron una real provisión que por mí vista la obedecí, dándole el debido y entero cumplimiento. En cuanto a la contradicción y súplica que hacen los indios de Lomaprieta sobre que no se funde dicho pueblo de la Montaña dentro de los términos de sus resguardos, emito lo hagan ocurriendo a la Real Audiencia, en donde está radicado el juicio de esta causa, y porque así lo certifico y firmo.- Diego Martín de Guevara.

Petición de Manuel Cumba y Manuel Tabuya, alcaldes del partido de Lomaprieta, y Pascual Lengua y Pedro Tabuya, regidores del mismo, a Diego Martín de Guevara, alcalde mayor de Anserma. La Vega de Supía, Sin lugar y sin fecha.

Manuel Cumba y Manuel Tabuya, indios naturales del partido de “Lomaprieta”, anexo del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, y alcaldes de dicho partido; Pascual Lengua y Pedro Tabuya, naturales de dicho partido y regidores en él, comparecemos ante Vma. en la mejor forma que haya lugar en derecho, y al nuestro convenga, y decimos que por la petición que presentamos ante Vmd. contradiciendo la posesión de las tierras donde están formando pueblo los de la Montaña, solicitamos el que usted nos diera testimonio de la real provisión para, según informe con que se ganó, solicitar nuestra defensa; y que también se sirviera Vmd. de certificar el estado en que está la fundación de dicho pueblo, y si acaso de su antiguo pueblo hasta la presente han deshecho algún edificio; y si se mantiene según y como estaba; y no habiendo habido lugar según lo actuado por usted en los autos que nos devolvió; segunda vez suplicamos a usted se sirva de darnos testimonio de la real provisión, y del informe, y demás instrumentos con que se ganó; así mismo, certificar al pie de ésta el estado en que estaba la fundación de dicho pueblo el día en que usted les hizo saber la contradicción y si su antiguo pueblo lo mantenían todavía, según y conforme estaba, para que en tiempo ninguno aleguen dichos indios tener ya fundado el pueblo en la parte donde su Alteza les ampara, y deshechos los edificios de su antiguo pueblo; por todo lo cual a usted pedimos y suplicamos se sirva de proveer según y como pedido, que con esto recibiremos merced, devolviéndonos estos autos originales para los efectos que nos convengan y juramos lo necesario. Manuel Cumba.- Manuel Tabuya.- Pascual Lengua.- Pedro Tabuya.-

Recibido de la carta anterior por Diego Martín de Guevara. La Vega de Supía, 20 de enero de 1721.

Por presentada; y déseles el testimonio que estas partes piden de la real provisión, y en lo que toca a la certificación que piden del estado que tiene la nueva fundación; y que si dicho pueblo se mantiene, según y siempre se han mantenido, sin menoscabo ninguno, ni quebranto de su antigua fundación; en cuya conformidad mando se les dé dicha certificación, según y como lo piden. Así lo proveí, mandé y firmé, yo el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde provincial de la ciudad de Anserma; en este sitio de la Vega, jurisdicción de dicha ciudad de Anserma; en veinte días del mes de enero de mil setecientos y veintiún años. Por ante mí dicho alcalde mayor, actuando con testigos por falta de escribanos público ni real.- Diego Martín de Guevara.- Testigo, Tomás de Monroy.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Donzel.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.

Certificado de Diego Martín de Guevara, alcalde de Anserma, sobre la visita al pueblo de la Montaña y al sitio Riosucio. 10 de febrero de 1721.

Digo yo, el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor de la ciudad de Anserma y su jurisdicción, como habiendo ido al sitio de Riosucio donde están fabricando el pueblo nuevo de la Montaña el día veintisiete del mes de enero de mil setecientos y veintiún años (como consta en el proveimiento y certificación de la petición de contradicción, que presentaron estas partes), en cual sitio hallé fabricados tres ranchos cobijados de paja sin cerca ninguna, y una armada sin cobija ninguna; y que así mismo pasé al pueblo de la Montaña, el cual lo hallé según y como ha estado estos tiempos pasados, sin que le hubieran desbaratado edificio alguno; que la Santa Iglesia, la casa del cura y demás casas de los indios se mantienen según y como estaban, y por ser esto cierto así lo certifico; y por cuanto habiendo enviado al pueblo de la Montaña a llamar al indio alcalde que tiene real provisión para dar testimonio que se pide, y ofrecido tengo en el decreto antecedente, y haberse denegado y ocultado maliciosamente el dicho alcalde, no se da la provisión que se pide del dicho testimonio, todo lo cual por ser cierto también lo certifico en la manera que puedo y debo, y que hago fe, en diez días del mes de febrero de mil setecientos veinte y un años.- Diego Martín de Guevara.

Petición del Cabildo de Cañamomo ante el alcalde de Anserma para que reciba tres testimonios sobre sus derechos en el sitio Riosucio. Sin lugar y sin fecha.

Manuel Cumba y Manuel Tabuya, indios naturales del partido de Lomaprieta, anexo al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, y alcaldes de dicho partido; y Pascual Lengua y Pedro Tabuya, naturales de dicho partido y regidores en él, ante usted parecemos en la mejor forma que haya lugar en derecho, por vía de reforma, y por falta de juez competente, y decimos que, afirmándonos en la contradicción que hecha tenemos ante usted, que lo producimos sobre la mudanza del pueblo de la Montaña y su fundación dentro del término de los resguardos que hemos gozado y poseído sin contradicción alguna, así los que estamos al presente como también  nuestros padres y abuelos, por tiempo de más de cien años; siendo como es dicha fundación en grave perjuicio nuestro, y siendo despojados de lo mejor y más útil de nuestros resguardos, quedando totalmente sin tierras útiles en qué poder fabricar nuestras labranzas, y expuestos a dañarnos, y esparcirnos a otros pueblos de temperamento contrario al nuestro, con grave riesgo de nuestras vidas, como lo está enseñando la experiencia, pretendiendo el que su Alteza nuevamente nos ampare en dichas tierras como amparados nos tiene por la real provisión que ante usted presentamos con la solemnidad necesaria, y que mande a dichos indios de la Montaña cesen con dicha fábrica, y pasen a fundar su pueblo, si quieren, dentro de sus resguardos, pues tienen en ellos sitios muy a propósito para el efecto. Para que mejor conste a su Alteza de todo lo que hace a nuestro derecho, y del agravio tan grande que recibimos con el despojo de nuestras tierras, y con la fundación de dicho pueblo, se hará servir usted de mandar comparecer en su juzgado tres personas a lo más, que le pareciese desinteresadas y de buena conciencia, para que juren y declaren en la forma siguiente: 1º. Si saben o han oído decir que nuestros resguardos han corrido siempre por una quebrada que llaman Anillo, hasta llegar a la piedra pintada [parece que falta texto].- 2º. Más digan si la parte donde están fabricando el pueblo nuevo está dentro de los términos de nuestros resguardos.- 3º. Ellas digan si con dicha fundación y con el nombramiento que de dichas tierras se les ha hecho a los indios del pueblo de la Montaña, somos defraudados de lo mejor y más útil de nuestros resguardos, y si nos queda capacidad para podernos mantener y fabricar nuestras labranzas.- 4º. Más digan si saben o han oído decir que había más de cien años que tenemos la posesión de dichas tierras sin contradicción ninguna, y si las hemos cultivado a fuerza de nuestro sudor y trabajo.- Y 5º. Porque alegaron los indios del pueblo de la Montaña que por otra parte donde confinan sus tierras con las nuestras no tienen resguardos suficientes, dirán también si saben o han oído decir si antiguamente tenían su pueblo más adentro y si lo pasaron casi al final de sus resguardos.- 6º. Más digan si saben que dichos indios tienen por otros costados de su pueblo sitios muy a propósito donde pasar dicho pueblo, y así tienen tierras donde expandirse y tener sus labranzas y roserías.- 7º. Ellos digan si la ocasión de salir algunos indios de la Montaña a rozar a los montes de Arquía y a los de Pirza [es] por falta que haya de montes dentro de sus resguardos, o por la utilidad de vender sus maíces, unos en los minerales de Marmato, y otros en el sitio de la Vega, por estar más cerca los referidos montes de los dichos sitios.- 8º. Porque siendo despojados de nuestras tierras con efecto nos esparciremos por otros pueblos, como ya llevamos dicho con grave peligro de nuestras vidas, también dirán los declarantes si faltando nosotros de dichos sitios se le previene decaimiento al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, en que está gravemente interesado el Rey nuestro señor (que Dios guarde muchos años), por cuanto nosotros coadyuvamos a la labor de las minas que actualmente trabajan, repartidos en distintas compañías, los vecinos de dicho Real, lo cual lo declararán, y si saben que les damos la providencia [las  provisiones], que alcanzaran nuestras fuerzas, de maizales y otros frutos; motivos que permiten ahí en un lado, por algunos tiempos, que cesen las labores de dichas minas; y si saben que hemos sido los que antiguamente, hasta lo presente,  hemos mantenido al cura, acudiéndole todos los años con nuestras primicias, fabricándole casa en que viva y dándole la providencia necesaria de servicio.- 9º. Ellas digan si saben y han oído decir si desde antiguamente hasta la presente los indios de dicho partido de Lomaprieta hemos mantenido la mitad de la iglesia de Quiebralomo, cobijándola [techándola] a su tiempo y reparando las ruinas que se le han sabido prevenir. Y por cuanto tenemos cierta noticia [que] comparecieron los indios del pueblo de la Montaña en la Real Audiencia de Santa Fe con un amparo que de dichas tierras de que somos despojados les hizo el capitán D. Antonio Riomalo, siendo visitador de esta jurisdicción, despachado por el señor gobernador de Popayán, a pedimento de nuestro protector, que actualmente era Pedro Ortiz Moreno; porque no se diga que no se alegue el que nosotros no contradijimos dicho nombramiento, decimos que nunca se nos hizo saber ni que jamás hasta lo presente se nos ha impedido la posesión de dichas tierras ni el labrar en ellas, por cuya ocasión no tenemos alegado de nuestro derecho, como lo hacemos en lo presente, porque el fin que tuvieron, a si el protector impidió dicho amparo, y el capitán don Antonio por hacerles otro nombramiento, o fue porque actualmente era cura del pueblo de la Montaña el doctor don Pedro León de la Peña en las referidas tierras, una cuadrilla de negros en las minas que se nombran del Morado prescindiendo [pretendiendo] no pagar estipendio de dichos negros, el cura del Real de Minas de Quiebralomo, con decir laboraban dentro de los términos de su curato, solicitó el amparo de dichas tierras para los indios de la Montaña, y no habiendo conseguido el que se le agregue dicha feligresía y se le adjudicasen los estipendios, como mejor consta por la sentencia que se dio en Popayán a favor del cura de Quiebralomo y que ponemos en manos de usted con la solemnidad necesaria. Por esta razón parece, no prosiguieron y tuvieron siempre oculto su amparo, sin usar de él, por lo cual, para que mejor justificada quede nuestra razón, dirán los declarantes si saben ser cierto que el capitán don Antonio Riomalo era hermano del dicho doctor don Pedro León, y si el dicho protector era deudor o beneficiado del doctor don Pedro León de la Peña, y más digan si saben o han oído decir que por ocasión de nombramiento o algún otro derechos que hayan manifestado los dichos indios de la Montaña se nos haya impedido hasta la presente el uso y posesión de dichas tierras, y más digan si han sabido o han oído decir que los indios del pueblo de la Montaña han tenido posesión de ellas contra nuestra voluntad, y si saben que en dichas tierras hayan vivido indios de dicho pueblo, sino solo uno llamado Miguel Guapacha, a quien hemos tolerado estos seis o siete años, por amistad y por no haber sido perjudicial. Y suplicamos juntamente a Vmd., como quien le consta nuestro derecho, certifique al pie de dicha información al tenor de nuestra petición, lo que hallase ser de justicia y razón; sirviéndose juntamente devolviéndonos estos autos originales, con los demás instrumentos que presentamos, para con ella comparecer en la Audiencia de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada en pretensión del derecho que tenemos y que pretendemos justificar por la presente. Por todo lo cual a Vmd. pedimos y suplicamos se sirva de proveer según y como pedido llevamos, devolviéndonos los autos originales con la provisión y sentencia que presentamos, que de ello recibiremos merced con justicia, que pedimos y juramos en lo necesario Va. Manuel Cumba.- Manuel Tabuya.- Pascual Lengua.- Pedro Tabuya.- Por presentada con la real provisión.-

Decreto de amparo del alcalde de Anserma a los indios de Cañamomo, con base en sentencia del obispo de Popayán. La Vega, 10 de marzo de 1721.

Decreto amparo a favor de los indios de Lomaprieta, y la sentencia pronunciada por el señor doctor don Francisco Javier de Salazar Betancur, chantre [empleado cercano al obispo] de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Popayán, provisor y vicario general que fue de este obispado, a favor del cura del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo y sus partidas; que vistos por mí y repasados dichos instrumentos y el conocido agravio que se les pretende hacer a estas partes queriéndoles quitar lo que legítimamente es suyo, en cuya [falta texto] y de su pedimento, se admite la información que ofrecen, para que firmada y registrada se les dé y entreguen todos los instrumentos necesarios y que conducen a u Atro [sic], para que con ellos ocurran a la parte que puedan y deban. Así lo proveí, mandé y firmé, yo el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la ciudad de Anserma, en este sitio de la Vega, jurisdicción de dicha ciudad, en diez días del mes de marzo de este presente año de mil setecientos veinte y un años; por ante mí alcalde provincial; actuando con testigos por falta de escribanos público ni real, Diego  Martín de Guevara.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Donzel.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.- Testigo, Alfonso Rosales de Estrada.

Constancia de notificación del decreto anterior a los indios de Cañamomo, y negativa de notificarlo a los indios de la Montaña.

En día, mes y año arriba dichos, yo dicho alcalde mayor provincial, di traslado del decreto contenido a los indios alcalde y regidores del partido Lomaprieta, anexo al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, en sus personas, que habiéndolo oído y entendido respondieron que presentaban los testigos que ofrecido tienen para dicha información, y no se les dio traslado de este pedimento a los indios del pueblo de la Montaña, así por la omisión y rebeldía que han tenido en no querer comparecer ni entregar la real provisión que tienen para que se dé testimonio de ella como las partes lo tienen pedido. Vistos los fundamentos y relación con que fue granjeado, y por no tener yo jurisdicción para determinar esta causa por estar radicado el conocimiento de ella a Tribunal Superior, y porque no perezca la justicia de esta que por falta de juez competente, y no haberle, les he admitido para que puedan ocurrir a donde más les convenga, y para que conste lo certifico y firmo.- Diego Martín de Guevara.

Testimonio de Juan Jiménez Pasmonares, sargento, vecino de Anserma, 50 años de edad. La Vega de Nuestra Señora de la Candelaria de Sevilla, 10 de marzo de 1721.

En el sitio de la Vega de Nuestra Señora de la Candelaria de Sevilla, jurisdicción de la ciudad de Santa Ana de Anserma, de la Gobernación de Popayán, en diez días del mes de marzo de este presente año de mil setecientos veintiun años, el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la dicha ciudad de Anserma, y en su jurisdicción, para la información que ofrecido tienen el indio alcalde y regidores de Lomaprieta, anexo del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, en defensa de las tierras de sus resguardos, presentaron por testigos al sargento mayor Juan Jiménez Pasmonares, vecino de la ciudad de Anserma, y persona o exapeción [sic], de quien yo, dicho alcalde mayor provincial, recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor sobre la señal de la Cruz, debajo de la cual prometió el decir verdad en lo que supiere y se le fuere preguntado. Y siéndole preguntado al tenor del interrogatorio en la primera pregunta dijo: que sabe que los resguardos del partido de Lomaprieta son hasta la quebrada que llaman de Anillo, hasta la piedra pintada, y que esto lo sabe por ser público y notorio en este lugar, porque así lo ha oído decir en el tiempo de veinte y seis años, más o menos, que ya es vecino de este lugar, y que son los términos donde confinan los términos del pueblo de la Montaña y Lomaprieta, y así lo declara.- Fuésele preguntado, a la segunda pregunta, si sabe o ha oído decir que la parte donde están fundando la mudanza del pueblo de la Montaña es dentro de los términos de los resguardos de los indios de Lomaprieta?, dice que sí lo sabe, y que dicha fundación es dentro de los terrenos y términos de los dichos indios del partido de Lomaprieta, y esto declara.- Fuele preguntado a la tercera pregunta, si con el nombramiento y amparo que se les ha hecho a los indios de la Montaña quedan defraudados y sin tener en qué fabricar sus rocerías los indios de Lomaprieta? Y responde que sí lo sabe, pues el sitio en que los indios hacían sus rocerías es donde están mudando el pueblo de la Montaña, y que de adelante, y con seguir dicha fundación, quedan los indios de Lomaprieta sin montes ni tierra en qué mantenerse. Y esto declara.- Fuele preguntado a la cuarta pregunta, si sabe o ha oído decir que ha mayor tiempo de cien años que los indios del partido de Lomaprieta han gozado y poseído los resguardos referidos, sin contradicción ninguna, y responde que lo sabe, porque lo ha oído decir, y eso es evidente por ser notorio.- Fuésele preguntado a la quinta pregunta, si sabe o ha oído decir que antiguamente tenían los indios de la Montaña su pueblo más adentro, y lo fundaron en los confines de sus resguardos, y responde que sí lo sabe porque es público en ese lugar, y esto responde.- Fuésele preguntado a la sexta pregunta, si sabe que los indios de la Montaña tienen tierras y sitios dentro los términos de sus resguardos muy a propósito para fundar su pueblo y hacer sus rocerías, y mantenerse sin perjuicio de partes, y dice que sí lo sabe porque lo ha visto que tienen los indios de la Montaña muchas tierras muy al propósito para fundar su pueblo y mantener sus ganados y hacer sus rocerías y labranzas, y que esto lo sabe por haberlo visto y experimentado, y esto declara.- Fuele preguntado a la séptima pregunta, si sabe que los indios de la Montaña van a  rozar a los montes de Arquía y sitio de Pirza por falta de montes en sus resguardos, y responde que sí sabe que los dichos indios de la Montaña van a rozar a dichos sitios, no por falta de montes en sus resguardos, sino por la inmediación a los minerales y vender sus frutos, y esto responde.- Fuésele preguntado a la octava pregunta, si faltando los indios de dicho sitio de Lomaprieta se le previene grave decaimiento del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo en que están gravemente interesados el Rey Nuestro Señor, y responde que sí lo sabe, que faltando dichos indios se atrasa el dicho Real porque los dichos indios asisten a las labores de dichas minas y le dan la providencia para las labores de ellos, y dan maíces y otros frutos para que se puedan mantener los que las labran, y así mismo sabe que los dichos indios de Lomaprieta por lo que les toca y con las primicias y servicios de cocinera y todo lo necesario [mantienen] al cura de dicho Real, y esto responde.- [no figura la novena pregunta].- Fuésele preguntado a la décima pregunta, si sabe que don R. Antonio Riomalo es hermano del doctor don Pedro León de la Peña, y si el protector a cuyo pedimento se hizo el nombramiento a los indios de la Montaña era deudo o beneficiado del doctor don Pedro León de la Peña, y responde que sabe que el dicho don Antonio de Riomalo era hermano del dicho doctor don Pedro León de la Peña, y que el protector a cuyo pedimento se les hizo el dicho nombramiento o amparo a los indios de la Montaña, quien se llamaba Pedro Ortiz Moreno, era muy amigo del doctor don Pedro León de la Peña, y siempre que venía a la ciudad de Anserma era huésped en su casa, y esto responde.- Fuésele preguntado a la undécima pregunta, si sabe que por ocasión de dicho nombramiento o algún otro derecho que hayan manifestado los indios de la Montaña se les haya impedido a los indios de Lomaprieta la antigua posesión de dichas tierras, y responde que siempre los ha conocido en posesión de ellas, y que sabe que de veinte y cinco años al presente tiempo las han poseído y labrado en ellas su labranzas, sin que violentamente por derecho alguno los hayan lanzado de dichas tierras, y como dicho tiene a la cuarta pregunta ha oído decir que hacía cien años, poco más o menos, que están en la posesión de dichas tierras, y esto responde.- Fuésele preguntado a la duodécima pregunta, si sabía que los indios de la Montaña habían tenido posesión de dichas [tierras] y si habían vivido en ellas, y responde que no ha conocido indios del pueblo de la Montaña viviendo en las tierras, sino solo uno, llamado Miguel Guapacha, a quien sabe han tolerado los indios del partido de Lomaprieta esto hace seis años, más o menos. Y que lo declarado tiene es la verdad y lo que sabe, su cargo el juramento que hecho tiene en que se afirma y ratificó. Siéndole leída su declaración, y dijo ser la edad de cincuenta años más o menos, y que no le tocan generales de la ley, y lo firmó conmigo, alcalde mayor provincial, actuando con testigos por falta de escribano público ni real.- Diego Martín de Guevara.- Juan Jiménez Damonares.- Testigo, Alfonso Rosales de Estrada. Testigo, Juan Pérez de Cabrera. Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncello.

Testimonio de Tomás Monroy, vecino de Anserma, 73 años de edad. La Vega, 11 de marzo de 1721.

 

En el sitio de la Vega de Vuestra Señora de la Candelaria de Sevilla, jurisdicción de la ciudad de Anserma, en once días del mes de marzo de mil setecientos veinte y un años, el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la dicha ciudad y su jurisdicción, para la información que ofrecida tienen el indio alcalde y regidores del partido de Lomaprieta, anexo del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, presentando con testigos a Tomás de Monroy, vecino de la dicha ciudad de Anserma, y persona que tiene noticia y entero conocimiento de la causa, a quien le recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor sobre la señal de la Cruz, debajo de la cual prometió decir verdad en lo que supiese y le fuere preguntado. Y siendo al tenor de la petición y del interrogatorio dijo, siéndole preguntado si sabe que los resguardos de los indios del partido de Lomaprieta son hasta la quebrada que llaman de Anillo, hasta dar a la piedra pintada, y responde que sí lo sabe, porque es el lindero que siempre ha visto, y oído decir, que es del partido de Lomaprieta, donde se divide con los resguardos del pueblo de la Montaña, y esto responde.- Fuésele preguntado, si la partida donde están fabricando el pueblo los indios de la Montaña está dentro de los términos de los referidos resguardos, y responde que sí está porque lo ha visto, y esto responde.- Fuele preguntado a la tercera pregunta, si sabe que con la dicha fundación y con el nombramiento que de dichas tierras se les ha hecho a los indios de la Montaña son defraudados los indios del partido de Lomaprieta de lo mejor y más útil de sus resguardos, y si les queda capacidad para poderse mantener y fabricar sus labranzas, y a esto responde: [falta texto de la respuesta].- Fuésele preguntado a la cuarta pregunta, si sabe o ha oído decir cuánto tiempo haría que poseían dichas tierras los indios de Lomaprieta, responde que hacía veinte y uno o veinte y dos años que los conoce en posesión de dichas tierras, fabricando en ellas y cultivándolas a fuerza de su trabajo, y que ha oído decir que había más de cien años que estaban en posesión de esas tierras, como es pública voz y fama, y esto responde.- Fuésele preguntado a la quinta pregunta, si sabe o ha oído decir que antiguamente tenían los indios del pueblo de la Montaña su pueblo más adentro de donde lo tienen, y responde que sí lo sabe porque lo ha oído decir, y es público y notorio, y que lo pasaron casi al fin de sus resguardos, y esto responde.- Fuésele preguntado a la sexta pregunta, si sabe que dichos indios del pueblo de la Montaña tienen por los demás costados de su pueblo sitios muy a propósito donde pasar su pueblo y tierras donde expandirse y tener sus labranzas, y responde que sí lo sabe, que es cierto que los indios tienen sitios muy al propósito para el efecto, y entre ellos uno, que no se puede mejor, que es el sitio del Salado; y que sabe también que tienen muchísimas tierras que todas las tienen desembarazadas, no se podían caminar en dos ni tres días, y esto responde.- Fuésele preguntado a la séptima pregunta, si sabe que la ocasión de salir algunos indios del pueblo de la Montaña a fabricar sus labranzas en las montañas de Arquía y de Pirza, si es porque les faltan montes al propósito entre sus resguardos para el efecto, y responde que sabe que no es eso, porque es público tienen muchísimos montes y muy fértiles; que sabe que el fin solo es para la mayor conveniencia que tienen para vender sus frutos en los sitios de Marmato y de la Vega, y esto responde.- Fuésele preguntado a la octava pregunta, si faltando los indios de Lomaprieta del sitio donde actualmente están, sabía si le siguiese quebranto grave al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, y responde que es público, y manifestó el quebranto que se le sigue a dicho real, en que está gravemente interesado el Rey vuestro señor, porque sabe que los dichos indios coadyuvan a la labor de las minas que actualmente se trabajan repartidas en distintas compañías los vecinos de dicho real, y por eso sabe que los dichos indios dan la providencia de víveres y demás frutos a dicho real, por cuyo motivo no será  [no se hará] la labor de las minas; y porque también sabe que los dichos indios son los que mantienen al cura todos los años, acudiendo a sus primicias, fabricándole casa en que viva, y dándole toda la providencia de servicio, y esto responde.- Fuésele preguntado a la nona pregunta, si sabía o había oído decir que los indios del partido de Lomaprieta mantienen la mitad de la iglesia de Quiebralomo, y responde que sí lo sabe, que la han mantenido de veinte años a esta parte, cobijándola a su tiempo y reparándola las ruinas que se han solido sobrevenir, y lo ha oído decir que así lo han hecho de casi cien años a esta parte, y esto responde.- Fuésele preguntado a la décima pregunta, después de habérsele leído todo el tenor de ella, si sabía que don Antonio de Riomalo era hermano del doctor don Pedro León de la Peña, y responde que sabe que el capitán don Antonio de Riomalo era hermano del doctor don Pedro León de la Peña, quien actualmente era cura de la Montaña, y que el protector a cuyo pedimento se hizo el referido pedimento [nombramiento], quien se llamaba Pedro Ortiz, que aunque era deudo de dicho doctor Peña, era su amigo y muy de su casa, y esto responde.- Fuésele preguntado a la undécima pregunta, si sabía o había oído decir que por ocasión del referido nombramiento o de algún otro derecho que hayan manifestado los indios de la Montaña, han sido lanzados de dichas tierras los indios del partido de Lomaprieta, o han tenido de ellas el uso, la posesión pacífica hasta la presente ocasión, y responde que no ha oído decir que a dichos indios de Lomaprieta se les haya hecho saber mandamiento alguno para que desembaracen dichas tierras, sino que antes bien los ha conocido en quieta y pacífica posesión de ellas, y esto responde.- Fuésele preguntado a la duodécima pregunta, si sabe que los indios del pueblo [parece que falta texto] de Lomaprieta, y responde no haberlos conocido en tal posesión en contra de la voluntad del partido de Lomaprieta, porque un solo indio que ha conocido vivió en dicho sitio de cinco a seis años a esta parte llamado Miguel Guapacha, sabe ha sido con asentimiento y beneplácito de los indios de Lomaprieta, y esto responde. Y que lo que ha dicho y declarado tiene en el que se afirmó. Siéndole leída su declaración, y dijo ser de edad de setenta y tres años más o menos, y que no le tocan los generales de la ley, y lo firmó conmigo, alcalde mayor provincial, y para que conste actuando por ante mí, y testigos por falta de escribanos público ni real.- Diego Martín de Guevara.- Tomás de Monroy.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncel.- Testigo Alfonso Rosales Estrada. Testigo, Juan Pérez de Cabrera.-

Testimonio de Joseph de la Serna, vecino de Anserma, 34 años de edad. La Vega, sin fecha.

En el dicho día, mes y año arriba dichos, yo dicho capitán Diego Martín de Guevara, alcalde provincial de dicha ciudad de Anserma, y su jurisdicción, para la información que ofrecida tienen los indios del partido de Lomaprieta, presentaron por testigo a Joseph de la Serna, vecino de la dicha ciudad de Anserma, y testigo muy al propósito para el efecto, del cual recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor sobre la señal de la Cruz, debajo de la cual prometió decir verdad en lo que supiere y le fuere preguntado. Y siéndole al tenor del interrogatorio; dijo.- Fuésele preguntado a la primera pregunta, si sabe que los resguardos de los indios del partido de Lomaprieta son hasta la quebrada que llaman de Anillo, hasta la piedra pintada, y cogiendo de dicha piedra pintada a la quebradita, vertiendo a río Sucio, y de río Sucio abajo hasta el desemboque en el río Supía, y de aquí río Supía arriba hasta la quebrada que llaman de Anillo, y responde que sí lo sabe porque los ha visto y  los ha conocido que son los linderos de ellos.- Fuésele preguntado, a la segunda pregunta, si sabe o ha oído decir que la parte donde están fundando la mudanza del pueblo de la Montaña es dentro de los términos de los resguardos de los indios del partido de Lomaprieta, y esto responde.- Fuésele preguntado a la tercera pregunta, si con el nombramiento y amparo que se le ha hecho a los indios de la Montaña quedan defraudados y sin tener en qué fabricar sus rocerías los indios de Lomaprieta, y responde que sí lo sabe, pues el sitio en que los indios hacen sus rocerías es donde están mudando el pueblo de la Montaña, y que adelantarlo, y con seguir dicha fundación, quedan los indios de Lomaprieta sin montes ni tierra en qué mantenerse, y esto declara.- Fuésele preguntado a la cuarta pregunta, si sabe o ha oído decir que ha más de cien años que los indios del partido de Lomaprieta han gozado y poseído los resguardos referidos, sin contradicción ninguna, y dice que sí lo sabe, porque es público y notorio que a más tiempo de veinte y uno o veinte y dos años que los conoce en dichas tierras, fabricándolas o cultivándolas a fuerza de su trabajo y que sabe por haberlo oído decir que ha más tiempo de cien años que las gozan y poseen, sin contradicción ninguna, y esto responde.- Fuésele preguntado a la quinta pregunta, si sabe o ha oído decir que antiguamente tenían los indios de la Montaña su pueblo más adentro, y lo mudaron en los confines de sus resguardos, y responde que sí lo sabe por ser notorio en este lugar, y así lo dice y declara.- Fuésele preguntado a la sexta pregunta, si sabe que los dichos indios de la Montaña tienen tierras y sitios dentro los términos de sus resguardos muy a propósito donde pasar su pueblo y tierras donde expandirse y tener sus labranzas, y responde que sí lo sabe, y es cierto que dichos indios tienen sitios muy a propósito para el efecto, y en ellos uno que no se puede mejorar que es el sitio del Salado, y que sabe también que tienen muchísimas tierras, que todas las tienen desembarazadas no se pueden andar en dos o tres días, y esto responde.- Fuésele preguntado a la séptima pregunta, si lo sabe, que la ocasión de salir algunos indios a rozar del pueblo de la Montaña a los montes de Arquía y de Pirza, si es porque les faltan montes al propósito dentro de sus resguardos para el efecto, y responde que sabe que no es por falta de montes, sino por la inmediación de los minerales de Marmato y sitio de la Vega, por vender sus maíces y frutos, y esto responde.- Fuésele preguntado a la octava pregunta, si faltando los indios de Lomaprieta del sitio de donde actualmente están, si se le siguiera notable quebranto al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, y responde que es público y notorio el grave daño que se le sigue a dicho Real, en que está gravemente interesado el Rey Nuestro Señor, porque sabe que los dichos indios dan la providencia de mayores [maíces?] y demás frutos a dicho real, por cuyo motivo no será la labor de minas, y porque también sabe que dichos indios son los que mantienen al cura todos los años, acudiéndole con sus primicias, fabricándole casa en qué vivir y dándole toda la providencia necesaria de servicio, y esto responde.- Fuésele preguntado a la nona pregunta, si sabía o había oído decir que los indios del partido de Lomaprieta mantenían la mitad de la iglesia de Quiebralomo, y responde que sí lo sabe, por haber vístolo con sus ojos el tiempo que ha tiene uso de razón, y que así mismo sabe, por haberlo oído, lo han hecho ha más tiempo de cien años, ocurriendo al reparo de la iglesia, y esto responde.- Fuésele preguntado a la décima pregunta, después de haberle leído el tenor de ello, si sabía que don Antonio de Riomalo era hermano del doctor don Pedro León de la Peña, y si el protector a cuyo pedimento se hizo el nombramiento que en la pregunta se menciona era deudo o amigo del dicho doctor don Pedro León de la Peña, quien actualmente era cura de la Montaña, y responde que sabe que el capitán don Antonio de Riomalo era hermano del dicho doctor don Pedro León de la Peña, quien actualmente era cura del pueblo de la Montaña, y que el protector a cuyo pedimento se hizo el referido nombramiento se llamaba Pedro Ortiz Moreno, que aunque no [?] era deudo del doctor don Pedro León de la Peña, era muy su amigo y muy de su casa, y esto responde.- Fuésele preguntado a la undécima pregunta, si sabe o había oído decir que por ocasión del referido nombramiento o algún otro derecho que hayan manifestado los indios de la Montaña han sido lanzados de dichas tierras los indios del partido de Lomaprieta, y si han tenido de ellas el uso y posesión hasta la presente ocasión, y responde que no sabe ni ha llegado a su noticia que a dichos indios de Lomaprieta se les haya hecho saber mandamiento alguno para que desembaracen dichas tierras; sino que antes bien siempre los ha conocido en quieta y pacífica posesión de ellas hasta la presente ocasión, y esto responde.- Fuésele preguntado a la duodécima pregunta, si sabe que los indios del pueblo de la Montaña habían tenido posesión de dichas tierras contra la voluntad de los indios de Lomaprieta, y responde no haberlos conocido en tal posesión contra la voluntad de los indios del partido de Lomaprieta, porque un solo indio de la Montaña, que ha conocido vivir en dicho sitio a seis años a esta parte, llamado Miguel Guapacha, sabe ha sido a consentimiento y beneplácito de los indios del partido de Lomaprieta, y esto responde. Y que lo dicho declara tiene es la verdad y lo que sabe, so cargo del juramento que hecho tiene en que se afirmó y ratificó. Siéndole leída su declaración, y dijo ser de edad treinta y cuatro años más o menos, y que no le tocan generales de la ley, y lo firmó dicho alcalde mayor provincial, actuando con testigos por falta de escribano público.- Diego Martín de Guevara.- Joseph de la Serna.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncello.- Testigo, Alfonso Rosales de Estrada.- Juan Pérez de Cabrera.

Auto del alcalde de Anserma ordenando la ratificación de los testigos. La Vega, 12 de marzo de 1721.

En el sitio de la Vega, jurisdicción de la ciudad de Anserma, en doce días del mes de marzo de mil setecientos y veinte y un años, el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de dicha ciudad de Anserma y su jurisdicción, habiendo visto las declaraciones hechas por los testigos presentados, los cuales mandé que se ratifiquen en las declaraciones para el cumplimiento de otra información fba. [sic] y ajustada se les dé y entreguen a las partes como lo tienen pedido con los demás instrumentos, que hacen a su favor; así lo proveí, mandé y firmé yo dicho alcalde mayor provincial por ante mí y testigo por falta de escribano.- Diego Martín de Guevara.-Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncel.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.- Testigo, Alfonso Rosales de Estrada.

Ratificación de los testigos. 13 de marzo de 1721

En dicho día, mes y año, yo dicho capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de dicha ciudad de Anserma y su jurisdicción, ante quien compareció el sargento mayor Juan Jiménez Camonares, testigo que ha declarado, a quien le recibí juramento en la forma acostumbrada, y conforme al derecho, debajo del cual prometió decir verdad en todo lo que supiere y le fuere preguntado, y habiéndole leído su declaración del verbo al verbun en ella se afirma y ratificó, según y conforme en ella se contiene, sin tener que quitar ni añadir más ni menos de lo que dicho y declarado tiene, que es la verdad, y se firmó conmigo dicho alcalde mayor provincial por ante mí y testigo por falta de escribano.- Diego Martín de Guevara.-Juan Jiménez Gamonares.- Juan Jacinto Rodríguez Doncel, testigo.- Juan Pérez de Cabrera.-

En el sitio de la Vega, jurisdicción de la dicha ciudad de Anserma, en dicho día, mes y año dichos, yo dicho capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la ciudad de Anserma y en virtud del auto por mí proveído para la ratificación de testigos y cumplimiento de dicha información, pareció ante mí Tomás de Monroy, testigo de la sumaria, a quien le recibí juramento en la forma acostumbrada conforme al derecho, debajo de lo cual prometió decir verdad en lo que supiere y declarado tiene, y habiéndole leído su declaración de verbo al verbun en ella se afirma y ratifica, según y como en ella se contiene, y la firmó conmigo dicho alcalde y testigos por falta de escribano.- Diego Martín de Guevara.-Tomás de Monroy.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncel.- Testigo, Alfonso Rosales Estrada.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.-

En el sitio de la Vega, jurisdicción de la dicha ciudad de Anserma, el dicho día, mes y año, dicho capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la dicha ciudad de Anserma, en conformidad por lo mí proveído para la ratificación de los testigos de la sumaria, compareció ante mí Joseph de la Serna, uno de los testigos referidos, a quien le recibí juramento en la forma acostumbrada y conforme a derecho, debajo la cual prometió decir la verdad en lo que supiere y declarado tiene, y siéndole leído su declaración de verbo al verbun en ella se afirma y ratifica, según y como en ella se contiene, y la firma conmigo dicho alcalde mayor provincial y testigos por falta de escribano público ni real.- Diego Martín de Guevara.-Joseph de la Serna.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncel.- Testigo, Alfonso Rosales de Estrada.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.-

Digo por el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la ciudad de Anserma y su jurisdicción, que habiendo visto la petición antecedente y su interrogatorio y la declaraciones presentadas que a su tenor se han hecho que todos dicen la verdad porque me consta ser cierto todo y así lo certifico y afirmo, en trece días del mes de marzo de mil setecientos y veinte y un años. Diego Martín de Guevara.

Auto del alcalde de Anserma que aprueba lo actuado y ordena se les pase a las partes y se les devuelvan documentos. La Vega, 13 de marzo de 1721.

En el sitio de la Vega, jurisdicción de la ciudad de Anserma, en trece días del mes de marzo de mil setecientos veinte y un años, yo el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de dicha ciudad de Anserma y su jurisdicción por su mago [majestad? magisterio?] habiendo visto las anteriores declaraciones, digo que les doy la debida aprobación y mando que los originales con los demás instrumentos que las partes presentaron, y con la petición de contradicción del estado en que estaba la fundación del pueblo nuevo, y en el que se mantenía el pueblo viejo, se les devuelvan originales las dichas partes, para los efectos que les convengan. Así lo prevengo, mando y firmo. Yo dicho alcalde mayor provincial, actuando con testigos por falta de escribano público ni real.- Diego Martín de Guevara.-Testigo, Alfonso Rosales de Estrada.- Testigo, Juan Jacinto Rodríguez Doncel.- Testigo, Juan Pérez de Cabrera.-

Sentencia de Francisco Javier Salazar Betancur, obispo de Popayán, que ordena no pasar los indios de Cañamomo, de la parroquia de Quiebralomo, para la parroquia de la Montaña. Popayán, 2 de mayo de 1713

En la causa que ante nos se ha seguido entre partes, de la una el doctor don Pedro León de la Peña, cura del pueblo de la Montaña, por su apoderado Francisco Antonio Beltrán, y de la otra el mro. [ministro?] don Joseph Hurtado de la Águila, cura propietario de la doctrina de Quiebralomo, sobre pretender  el dicho doctor ser declarado, por causa de los feligreses que residen dentro del distrito de los resguardos [parece que falta texto] nuevamente asignarlos a los naturales de dicho pueblo de la Montaña, fallamos que el dicho doctor don Pedro León de la Peña no ha justificado causa ni razón para proceder a la desagregación de los feligreses del curato de Quiebralomo,  y que el dicho mro. don Joseph Hurtado de el Águila ha probado su excepción y defensa, como probar le convino; en cuya consecuencia, y sin embargo de los nuevos resguardos asignados a los indios de la Montaña para pastos y sementeras en virtud real de facultad independientemente del prelado eclesiástico, debemos declarar y declaramos pertenecer al dicho mro. don  Joseph Hurtado de el Águila la administración de sacramentos a todos los feligreses de la excepción de dicho curato de Quiebralomo, según sinodal y costumbre de este obispado, que consta justificada de los autos, mandando como mandamos a los dichos feligreses les reconozcan por tal cura propietario, y le acudan con todos los proventos y emolumentos que por razón de tal causa le pertenecen, según y en la manera que a sus antecesores se pagaban y pagasen decían, sin que el dicho doctor ponga embarazo alguno y todo lo cumplan en virtud de santa obediencia y pena de excomunión mayor, tanto sentencia como apercibimiento de proceder a lo más que hubiese lugar en derecho: Y por esta Sta. sentencia definitivamente juzgando, así lo pronunciamos y mandamos, con costas que por el todo condenamos al dicho doctor don Pedro León de la Peña, cometiendo como cometemos al presente notario sin pacesación [sic].- Doctor don Javier de Salazar Betancur.- Dada y pronunciada fue esta sentencia por el doctor don Francisco Javier Salazar Betancur, chantre de esta santa iglesia Catedral, comisario de la Santa Cruzada, provisor y vicario general de este obispado, en Popayán, a dos de mayo de mil setecientos y trece años, siendo testigos presentes los capitanes don Antonio Caicedo e Ignacio Chaverri.- Pedro Ramírez.- Floriano notario.-

En Popayán, a cuatro de mayo de mil setecientos y trece años, yo el notario leí y notifiqué la sentencia de la vuelta a Francisco Antonio Beltrán, apoderado del señor doctor don Pedro de la Peña, doy fe.- Ramírez notario.

En Popayán, en dicho mes, día y año dichos, yo dicho notario hice otra notificación, como la antecedente, al mro. don  Joseph Hurtado de el Águila, doy fe.- Ramírez notario.

Concuerda este traslado con su original, de donde lo saqué. Va cierto, verdadero, corregido y concertado a lo que en lo necesario me remito. Sa lo ver, corregir y concertar, se hallaron presentes Esteban Aryaes y don Ignacio de Betancur. Y para que conste, y así lo certifican, y firmo en Popayán, a veinte y siete de mayo de mil setecientos y trece años. En testimonio de verdad, Pedro Ramírez.- Florián notario.

Petición del Cabildo de Cañamomo al alcalde de Anserma para que les dé original de unos documentos para llevar a la Real Audiencia de Santafé [de Bogotá], ya que la Montaña va a pleitear sobre lo mismo

Manuel Cumba y Manuel Tabuya, indios naturales del partido de Lomaprieta y alcaldes de nuestro partido, comparecemos ante Vmd. en la mejor forma que haya lugar en derecho y al nuestro convenga, y decimos que la real provisión que ante Vmd. presentamos, y que original nos devolvió con los demás autos con que pretendemos comparecer en la Real Audiencia de Santa Fe, y nosotros conviene el agregarla original a dichos autos, por cuanto tenemos cierta noticia pretenden los indios del pueblo de la Montaña movernos pleito contra lo mismo en que somos amparados por dicha real provisión; por lo cual volvemos a presentarnos ante Vmd. para que se sirva darnos testimonio de ella, para con el conresco [sic] en la dicha Real Audiencia de Santa Fe. Por todo lo cual, a Vmd. pedimos y suplicamos se sirva de proveer, según y como llevaos pedido, y juramos en debida forma.- Manuel Cumba.- Manuel Tabuya.

Auto del alcalde de Anserma accediendo a lo anterior. La Vega, 24 de abril de 1721

Por presentada y sáquese el testimonio que estas partes piden de la real provisión presentada y hecho conforme derecho, y a continuación de este pedimento se les devuelvan los instrumentos originales a dichas partes para los efectos que les convengan. Así lo proveí, mandé y firmé yo el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial de la ciudad de Anserma, en este sitio de la Vega, jurisdicción de dicha ciudad, en veinticuatro días del mes de abril de mil setecientos y veintiuno años, por ante mí dicho alcalde provincial, estando con testigos por falta de escribano.- Diego Martín de Guevara.- Tomás Monroy.

Petición de Antonio de la Lana, relator de la Real Audiencia de Santafé, al Rey para que ordene que los indíosCuracamayos (Pirzas y Cumbas), que fueron trasladados al pueblo de San Lesmes de Supía la Baja por Pedro Manzano de Leanos y Valdés, teniente general de la ciudad de Anserma, sean retornados al sitio de Lomaprieta, donde fueron poblados por el visitador Lesmes de Espinosa y Saravia en 1627. Santafé, 20 de mayo de 1701

El Rey, por la gracia de Dios, de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalem, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mayorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Juan de los Algarbes, de Gibraltar, de las Islas Canarias, Islas Orientales y Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, Brabante y Milán, Conde de Aspura, de Flandes, Tirol y Barcelona, señor de Viscaya y de Molina Va.- Muy poderoso señor, yendo don Antonio de la Lana, y censarelator de la Real Audiencia y protector nombrado de los naturales de este reino por los indios de Lomaprieta en la jurisdicción de la ciudad de Abserma, Gobierno de Popayán, dice le informan que se compone dicho pueblo de Lomaprieta de dos parcialidades, la una llamada Pirza y la otra Cumba y todos se llaman Curicamayos, el cual dicho pueblo lo pobló de dichas parcialidades nuestro oidor visitador que fue de aquella provincia don Lesmes de Espinosa y Saravia, por esta Lomaprieta, media legua distante del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo que dicha población la hizo por el año de mil setecientos [seiscientos] y veinte y siete, domas [sic] en este cumplimiento a lo ordenado por nuestra real persona, en que mientan se procuren poblar pronto los minerales pueblos de indios, y habiendo más de setenta años que están dichos indios poblando en dicho sitio, en donde les señaló tierras y resguardos para sus labranzas, y que hoy se compone dicho pueblo de Lomaprieta, y de indios tributarios, indios Crismas [sic] de más de ochenta almas y que están agregados al curato del dicho pueblo de minas de San Sebastián de Quiebralomo, o, como consta de información que presento con la solemnidad necesaria, y con ocasión de haber pedido por nuestro fiscal una real provisión circular para que no asistan en los pueblos de los naturales, ni les ocupen sus tierras las personas que están prohibidas por la ley real, que sean echadas de dichos pueblos y lanzados de sus pueblos, y habiéndoles remitido dicha provisión fuera el efecto a Pedro Manzano de Leanos y Valdés, teniente general de la ciudad de Anserma, para notificar a los indios curicamayos dejasen el sitio de la Lomaprieta, en que les había puesto nuestro oidor visitador, derrumbándoles tres casas, mandándoles se fuesen a poblar el pueblo de San Lesmes de Supía la baja, y aunque dichos indios le replicaron   a dicho teniente que eran nacidos y criados todos en dicho pueblo de Lomaprieta y que no habían conocido otro pueblo, en donde habían sido amparados por todos los gobernadores y que habían sido recomendados al ayudante Antonio de Serqueda, y por su fin y muerte, en Bernabé Benítez, su yerno, y por la de éste estaban pagando sus tributos con toda puntualidad, a vuestra real persona, y que nunca habían conocido por su pueblo al dicho de Supía baja, ni a su encomendero, y sin embargo de estas reconvenciones pasó a derribarles dichas tres casas, mandándoles se fuesen a poblar a dicho pueblo de Supía baja, de donde es encomendero el maestro de campo Diego Manzano, padre de dicho teniente, y habiendo ido contra su voluntad algunos a dicho pueblo de Supía, que dista de dicha Lomaprieta cerca de dos leguas, con la circunstancia de haber de pasar dicho río de Supía, que es muy caudaloso, y el temple de dicho pueblo de Supía muy cálido y el de Lomaprieta muy templado y que habiendo llevado a Pascual Lengua y sus hijos al otro pueblo de Supía, experimentaron el mal temple, pues luego les dio el ataque de fríos y calenturas, que se halló precisado a volverlos al otro pueblo de Lomaprieta, en que se conoce la mala calidad del temple del otro pueblo de Supía y el exceso que cometió dicho teniente de haber pasdo [sic] a querer mandar otro pueblo de Lomaprieta, sin mandárselo nuestra Alteza en dicha real provisión, por lo cual pide el protector sea castigado severamente y más cuando está prevenido por ley real que de ninguna manera sean mudados los indios de tierra fría a templada o a la caliente, y por otro si manda que ningunos corredores [sic] tenientes ni alcaldes ordinarios muden pueblo alguno de indios sin expresa licencia de nuestra real persona, o de las a quien da facultad dicha ley que la puedan dar, como se refiere en ella, aunque los indios lo pidan y ofrezcan dar información de utilidad, porque ésta siempre se presume ser por inducimiento de los encomenderos, que pretenden mandarlos, o por intereses particulares y no de los indios, y se manda que siempre que se haga reclección [sic] de esta ley o despacho subrepticio, y manda que así se guarde pena de mil pesos al juez o encomendero que contraviniere, en cuya formalidad pide el protector que respecto que nuestro teniente ha contravenido por nuestra Alteza en dicha real provisión sea castigado en los mil pesos que le impone la ley y en las demás penas en que ha incurrido por haber excedido a lo mandado por nuestra Alteza en tan grave perjuicio de estos pobres miserables, mandando así mismo que a su costa se les vuelvan a hacer las tres casas que les derribó, condenándole así mismo en los daños y menoscabos que se les ha seguido en tan dilatado viaje y que para todo se les despache real provisión, con graves penas y apercibimiento para que no sean inquietados ni despojados de su pueblo de Lomaprieta, y que se mande así al gobernador y demás justicias los amparen y mantengan en él.- Pide justicia, Santa Fe, a mayo veinte y ocho de mil setecientos y un año.- Licenciado don Antonio de la Lana.-

Concepto de Pedro Sarmiento o Westerlin, fiscal de la causa

Y en vista por los dichos mi presidente y oidores mandaron se juntasen con los autos y pasasen al fiscal de la dicha Real Audiencia, y el doctor don Pedro Sarmiento o Westerlin, que lo es el [fiscal] de ella respondió lo que sigue.- Muy poderoso señor el fiscal a la vista que se le ha dado de lo pedido por el protector de los naturales por los pueblos de Lomaprieta en la provincia de Anserma e información que presentaron dice no tiene deuda, que la provisión que el señor fiscal pidió y se mandó librar, fue solo para reducir a sus pueblos a los indios forasteros y que vivían fuera del Congreso [sic], domicilio de ellos y para mudarlos de unos a otros en cuya atención se podrá librar el despacho que el dicho protector pide, para que siendo cierto todo lo que se refiere estos indios sean reducidos a la que hubiese sido su antigua población y domicilio, procediéndose en esto con toda deliberación, porque no se cause alguna equivocación en el hecho de lo cierto, lo cual sirva de mayor perjuicio y agravio a los indios, y en cuanto al teniente Pedro Manzano, sea multado precediendo mayor justificación de la culpa y siendo oído a reserva de pedir el fiscal lo que le convenga y de justicia,

Carta y provisión real expedida por Gil de Cabrera y Davalos, presidente de la Real Audiencia de Santafé, ordenando el retorno de los indios Curicamayos al partido de Lomaprieta y que se les devuelvan sus tierras. Santafé, 28 de junio de 1701

Santa Fe, junio primero de mil setecientos y un años a que pidieron los autos, vistos por dichos mi presidente y oidores con los autos hechos, a pedimiento de Manuel de la PeñaMinalla, vecino de la ciudad de Anserma, en razón del despojo que se le hizo de las tierras que poseyó en aquella jurisdicción por el teniente Pedro Manzano, entre otras cosas, en veinte y tres de este presente mes y año, proveyeron el capítulo que se sigue: Y en cuanto haberse segregado a los indios de Lomaprieta se reduzcan a su población a costa del dicho teniente, a quienes se les reserva su derecho para que lo usen contra el dicho teniente, por los daños y perjuicios que se les hubieren hecho por esta razón y en lo demás se guarde la real provisión librada en veinte y ocho de enero de este año extendiéndose contra las personas que estuviesen introducidas entre los resguardos que hoy poseen dichos indios en cumplimiento de las reales ordenanzas; de a tenor del auto que se cita en dicho capítulo de auto es el siguiente.- Visto lo presentado por el señor fiscal, y el pronto remedio que necesitan los indios del pueblo de Supía [sic] para los agravios que se presentan y la distancia que hay desde este pueblo al de la ciudad de Popayán donde reside su gobierno, se despache real provisión cometida al teniente general de la ciudad de Anserma para que, en vista y reconocimiento de lo expresado por dicho señor fiscal, haga que los indios que estuvieren dispersos de dicho pueblo se reduzcan a él y no sean extraviados con ningún motivo ni desconciertos prohibidos, ajustándose a las ordenanzas, y que los españoles, mestizos y otros cualesquiera género de gentes que ocupasen los resguardos de dicho pueblo, viviendo o sembrando en ellos, los lance dejándoles desembarazados, ejecutando así mismo las demás providencias enunciadas en esta razón por dicho señor fiscal con inserción del auto circular, proveyendo por esta Real Audiencia y arreglándose a las instrucciones que le diere dicho señor fiscal. Por lo que toca e incumbe a la obligación de dicha gobernación de Popayán, se libre real provisión aparte en la misma forma para que por la suya lo haga cumplir aplicando todas las providencias necesarias para mayor alivio de los indios, y unos y otros lo ejecuten, pena de dos mil pesos de oro aplicados en la forma ordinaria, y por lo que mira a los indios de Chiquinquirá, Ubaté y demás [sic] que necesitaren de remedio, se lleve al señor presidente, en virtud de lo proveído.- En cuya conformidad fue acordado que debía librar esta mi carta, y yo lo he tenido por bien, por lo cual ordeno y mando a todos y cualesquiera mis justicias y jueces de la ciudad de Anserma y su jurisdicción, que siendo requeridos o como lo fuere entregado en cualquiera manera por parte de los dichos indios de Lomaprieta, vean los autos inclusos proveídos por los dichos mi presidente y oidores y los guarden, cumplen y ejecuten, y hagan cumplir y ejecuten, según y como ellos se contiene y declara, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen ni consientan ir, no pasar en manera alguna, haciendo se llevar en debida ejecución con efecto, pena de las contenidas en el auto incluso, y de otros doscientos pesos de buen oro para mi armaca y Trisco [Armada y Fisco?], con la cual mando a cualquier escribano que fuese guardo, ratifique esta carta y dé testimonio para que conste su cumplimiento, y si no, lo haga notoria cualquier persona que sepa leer y escribir, con testigos. Dado en la ciudad de Santa Fe a veinte y ocho de junio de mil setecientos y un años.- Don Gil de Cabrera y Davalos.- Don Juan Domingo de la Roche tercer licenciado.- Don Francisco José Merlo de la Fuente.- Don Luis Antonio de Lozada.- Yo el licenciado.- Don Martín Jerónimo Flórez. Firmado. Don M de Acuña, escribano de cámara del Rey nuestro señor la hizo inscribir por su mandato con acuerdo de su presidente y oidores.- Registrada.- Bartolomé Sánchez de Somoza.-

Ceremonia de acatamiento de la anterior carta y provisión real por parte de Bartolomé de Boya y Espeleta, alcalde de Anserma, ante Pedro Tabuya, alcalde de Lomaprieta, y Pascual Lengua, Jacinto Lengua y Tomás Lengua, indios del mismo partido. La Vega de Supía, 15 de septiembre de 1701.

En la Vega de Supía, términos y jurisdicción de la ciudad de Anserma, en quince días del mes de septiembre de mil setecientos y un años, ante mí el sargento mayor don Bartolomé de Boya y Espeleta, alcalde ordinario más antiguo de dicha ciudad y en quien reside el oficio de protector de los naturales por no haber nombrado en esta jurisdicción, parecieron Pedro Tabuya, alcalde actual de los indios Curicamayos de Cumba y Pirza que viven y residen en el sitio de Lomaprieta, Pascual Lengua, Jacinto Lengua y Tomás Lengua, así mismo indios agregados del dicho sitio de Lomaprieta y del beneficio y curato de Quiebralomo, los cuales me requirieron con esta real provisión despachada por su Alteza, señores presidente y oidores de la Real Audiencia y Real Cancillería del Nuevo Reino de Granada, y ciudad de Santa Fe, la cual habiéndola visto y entendido la tomé en mis manos, puesto en pie y destocada mi cabeza la besé y puse sobre ella; y digo que la obedezco como carta y provisión real de mi Rey y señor natural (que Dios guarde muchos años) como la cristiandad ha menester, y que se guarde, cumpla, ejecute, en todo y por todo como su Alteza lo manda, y para ello se les notifique al dicho alcalde y demás indios naturales nombrados que están presentes, pidan sobre su contenido todo lo que les convenga, que estoy presto a guardarles justicia, y así lo obedecí, dije y firmé, actuando ante mí con testigos por no haber escribano público ni real.- Don Bartolomé de Boya.- Mateo Linos de Herrera y Serna.- Pedro Ortiz Moreno.

Decreto deBartolomé de Boya, alcalde de Anserma, por el cual nombra al capitán Antonio de Riomalo como protector de los indios de Lomaprieta, a petición de estos. La Vega de Supía, sin fecha (la misma anterior)

En esta dicha Vega de Supía, jurisdicción de la ciudad de Anserma, hoy dicho día, mes y año dichos, yo dicho alcalde ordinario leí y notifiqué el obedecimiento de esta real provisión a Pedro Tabuya, alcalde actual del agregado de Lomaprieta, a Pascual Lengua, Jacinto Lengua y Tomás Lengua en sus personas, quienes habiéndolo oído me requirieron les diese y nombrase defensor que asistiese a su defensa sobre los agravios que tienen recibidos del capitán Pedro Manzano de Llanos, atento a no haber protector, porque aunque lo fue para una causa el cual no tiene título ni es de satisfacción, y que desde luego aclaman y piden les nombre yo dicho alcalde por su defensor al capitán don Antonio Bartolo de Riomalo, alcalde mayor provincial de dicha ciudad de Anserma, y en virtud de lo cual yo dicho alcalde, estoy puesto a dar y proveer el nombramiento que pide, y para que así conste lo certifica y firma con los testigos que se hallaron presentes a falta de escribano.- Don Bartolomé de la Boya.- Maltico Lino de Herrera y Serna.- Pedro Ortiz Moreno.

Nombramiento de Antonio de Riomalo como protector de los indios de Lomaprieta. La Vega de Supía, 16 de septiembre de 1701

En la Vega de Supía, términos y jurisdicción de la ciudad de Anserma, en diez y seis días del mes de septiembre de mil setecientos y uno, yo el sargento mayor Bartolomé de Boya y Ezpeleta, alcalde ordinario más antiguo de la ciudad, en conformidad con lo pedido por los indios naturales del agregado de Lomaprieta, lo dicho y representado por ellos a su favor desde luego digo que les nombraré y nombro por su defensor al capitán Antonio Bartolomé de Riomalo, alcalde mayor provincial de la ciudad, para que como tal defienda a los indios naturales y lo más dichos agregando, y pida y alegue por ellos en su nombre lo contenido en la real provisión obedecida, todo aquello que les convenga, sin dejar cosa alguna comisa, que para todo en nombre de su Majestad le doy poder y lo hago parte de los naturales, sin ninguna limitación que lo estorbe; quien hallándose presente dijo que aceptaba y aceptó el nombramiento de defensor, según y como en él se contiene, y juró a Dios nuestro señor sobre una señal de la cruz, en la fuerza del dicho de usar bien y fielmente y a su leal saber y entender del oficio, y lo firma conmigo dicho alcalde ordinario y los testigos que se hallaron presentes por no haber escribano público ni real.- Don Bartolomé de la Boya.- Don Antonio Bartolomé de Riomalo.- Maltico Lino de Herrera y Serna.- Pedro Ortiz Moreno.

Certificado de Diego Martín de Guevara, alcalde de Anserma, dando fe de los documentos anteriores. La Vega, 27 de abril de 1721

Concuerda este traslado con su original, que va cierto y verdadero, enmendado, corregido, concertado, a que en lo necesario me remito y está escrito en estas tres hojas y media, y para que conste así lo certifico y firmo, siendo testigos presentes a lo ver corregir y concertar, el sargento mayor Juan XiménezGamonares.- Tomás de Monroy y Joseph de la Serna, que también la firmaron conmigo dicho alcalde mayor provincial por falta de escribano público ni real, en este sitio de la Vega, jurisdicción de la ciudad de Anserma, en veintisiete días del mes de abril de mil setecientos y veinte un años.- Diego Martín de Guevara.- Juan XiménezGamonares.- Tomás de Monroy. Joseph de la Serna.

Petición del Cabildo de Cañamomo a Nicolás Ignacio de Saldariaga y Castrillón, cura de Quiebralomo, para que certifique el número de indios de la parcialidad, ya que los de la Montaña los quieren lanzar de sus tierras. Sin lugar y sin fecha.

Manuel Cumba y Manuel Tabuya, indios naturales del partido de Lomaprieta, alcaldes de dicho partido, comparecemos a vuestra merced en la mayor forma que haya lugar en derecho y al nuestro convenga, y decimos que tenemos cierta noticia, como pretendiendo de la Montaña fuésemos lanzados del sitio de Lomaprieta, y obligados a irnos a poblar a otros pueblos de contrario temperamento al nuestro, solicitando así el que saliéramos desterrados de nuestra patria, quizá con el fin de que totalmente se les apropiara todas nuestras tierras, informaron a su Alteza sólo existimos en dicha población solo diez indios, forasteros de distintos pueblos; por lo cual, para que conste a su Alteza cuán siniestramente se le ha informado, se ha de servir Vmd. de reconocer a todos los indios que estamos en el partido de Lomaprieta, chinos y grandes, y pasando la vista por el libro de bautismos de esta santa iglesia de Quinchía [sic, debe ser Quiebralomo] certificara al fin de esta cuántos somos los que actualmente estamos en dicho partido, haciendo expresión de lo que habemos tributarios, reservados, mujeres, muchachos y chinas, y así mismo se servirá Vmd. de certificar el cuidado con que concurrimos a oír misa los días festivos a ser doctrinados y los demás ministerios de nuestra obligación, y lo útil que somos en la parte donde estamos para la conservación de dicho Real de Minas de Quiebralomo, en que está gravemente interesado el Rey nuestro señor, y por cuanto pretendemos esconcuidos [ser excluidos] del estipendio de cuatro tomines de oro que a Vmd. pagamos cada tercio, también se servirá Vmd. de certificar si es cierto que aparte de los dos pesos de tributo que pagamos, nos obligan a que paguemos cuatro tomines de estipendio para la vuestra majestad, para que así su Alteza nos rebaje los dichos cuatro tomines, y ordene y mande que de los pesos que pagamos de tributo se les pase el estipendio correspondiente, pues es nuestro legítimo cura, el que reconocemos, el que reconocieron nuestros padres y abuelos, y han reconocido los demás naturales del dicho partido de Lomaprieta ha casi cien años que es lo que ha que se mantiene nuestro pueblo, como consta de una información con que pretendemos comparecer ante su Alteza; por todo lo que a Vmd. pedimos y suplicamos se sirva  de proveer, según y como lleva pedido, que de ello recibiremos merced con justicia, que pedimos y juramos en debida forma va.- Manuel Cumba.- Manuel Tabuya.

Recibido de la petición anterior. 25 de abril de 1721.

Por presentada y dése la certificación que estas partes piden.- Doctor don Nicolás Ignacio de Saldarriaga y Castrillón. Así lo propongo y afirmo el doctor don Nicolás Ignacio de Saldariaga y Castrillón.- Bernardo de Quiros cura Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, vicario y juez eclesiástico de él y de la Vega de pueblos de su comarca, en veinte y cinco días del mes de abril de mil setecientos y veinte y un años. Por ante mí el presente notario, Joseph de la Serna, notario eclesiástico.

Certificación de Nicolás Ignacio de Saldariaga y Castrillón, cura de Quiebralomo, sobre el número y nombres de indios del partido de Lomaprieta, pagos que hacen para sostener esa iglesia y utilidad que reportan a las minas del rey. Quiebralomo, 25 de abril de 1721.

El doctor don Nicolás Ignacio de Saldariaga y Castrillón, cura propio de este Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, vicario y juez eclesiástico de él y de la Vega en pueblos de su comarca, certifico y digo en la manera que puedo cómo habiendo visto la petición de la vuelta, hizo comparecer los indios del partido de Lomaprieta y de Cañamomo, anexo a este real, y teniendo presente abrir los libros de bautismo de esta santa iglesia, y corriendo por sus cláusulas la vista hallé la fe de bautismo de los siguientes, y que presentes se hallaron: Reservados: Lucas Lengua, Pascual Lengua, Juan Tamayo, Po [sic] Tabuya y Lucas Cumba. Tributarios: Santiago Lengua, José Cumba, Agustín Cumba, Julián Blandón, Pedro Lengua, Gregorio Lengua, Patricio Lengua, Manuel Cumba, Manuel Tabuya, Roque Cumba, Martín Cumba, Lorenzo Cumba, Agustín Blandón, Juan Cumba. Mujeres y chusma: María Cumba, Dominga Guarcaya, Xaviera Guacaya, Teodora Guacaya, Xaviera Guarcaya.- Tw [sic], María Tamayo, Sabina Lengua, Martina Lengua, Juan Lengua, Paula Cumba, Casilda Tabuya, Luisa Cumba Olaya, Cumba [sic], Andrea Tapasco, Petronia Lengua, María Lengua, Manuel Cumba, Elena Guaricaia; otra María Lengua, Urbano Tabuya, Ignacia Tapasco, Gregoria Lengua, Manuel Tapasco,   Manuel Guasca, Antonia Lengua, Pedro Cumba, Juan Antonio Tapasco, Pedro Tapasco, Mariana Blandón, María de la Cruz Cumba, otro Juan Cumba, Luis Tapasco, Manuela Tapasco, otro Pedro Cumba, otro Lorenzo Cumba, Casilda Tapasco, Bárbara Cumba, María Elena Guacaica, Fulgencio Guacaica, María Elena Cumba, Valeriana Tapasco, Faustina Cumba, Lorenzo Tapasco, Matía Beltrán, Nicolasa Beltrán, Manuel Lengua, Petronia lengua. Los siguientes son agregados y que están casados y existentes en dicho partido: Antonio Tapasco, Francisco Tapasco, Luis Beltrán, don Pablo Motato, Manuela Motato, Francisco Valtero, Josefa de la Cruz, Francisco Ancho, Tomasa Tamayo. Siendo por todos, así los naturales de dicho partido como los agregados, setenta y nueve, los cuales actualmente existen en dicha población, y así mismo certifico en la misma conformidad a los señores que la presente viesen como dichos indios concurren a oír misa los días festivos para que sean doctrinados en la santa iglesia de Quiebralomo, de la cual siempre han mantenido la mitad, y que así mismo son los que mantienen al cura fabricándole casa en que viva, y dándole toda providencia de servicio, siendo por esta razón necesaria su congregación a este real; como también por ser dichos indios los que coadyuvan a la labor de las minas, y los que son ocasión de que no cesen en todo el año dicha labor; por cuenta también dan la providencia necesaria de mantenimiento, siendo cierto que si faltan los dichos indios de la dicha población de Lomaprieta se experimentará decaimiento del Real de Minas de Quiebralomo, en que está gravemente interesado el Rey mi señor (que Dios guarde muchos años). Y por lo que mira a la certificación que también piden sobre si es cierto que los ya referidos indios del partido de Lomaprieta, aparte de sus aprietos de tributo, se les ha impuesto la pensión de pagar cuatro tomines por razón de estipendio de este Real de Minas de Quiebralomo, digo ser verdad que aparte de pagar sus dos pesos para tributo se les ha impuesto el de que paguen al cura cuatro tomines, siendo este el único estipendio que de los referidos indios tiene el cura, y todo lo cual por ser verdad así lo certifico de la manera que puedo y debo. Dada en Quiebralomo, a veinte y cinco días del mes de abril de mil setecientos y veinte y un años.- Doctor don Nicolás Ignacio de Saldarriaga Castrillón.- Bernardo de Quiroz.

Decreto de Jorge de Villalonga, virrey del Nuevo Reino de Granada, por la cual se revoca la provisión que autorizaba el traslado del pueblo de los indios de la Montaña al sitio de Riosucio y se ampara a los indios de Cañamomo en la propiedad de dicho sitio por la posesión de más de cien años. Santafé, 17 de julio de 1721

Don Jorge de Villalonga, conde de la Cueva, Caballero arito [sic] de San Juan, del Consejo de su Majestad en el supremo de guerra, teniente general de su real ejército, procurador general de Mayorca y virrey y gobernador y capitán general de este Nuevo Reino de Granada, sus provincias agregadas y presidente en la Audiencia y Cancillería Real de él; por cuanto al gobierno superior se presentó una petición cuyo tenor es el siguiente: “Excelentísimo licenciado don Domingo Núñez Dorbojioso, protector nombrado por los naturales de este reino por los indios del partido de Lomaprieta, anexo al Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, jurisdicción de la ciudad de Anserma, dice que como consta de los autos, que pidió y se le entregaron, por el término de la ley los indios del pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña alcanzaron licencia vexsa [vuestra excelencia] para mudarse y trasladar su pueblo al sitio que llaman de Riosucio, en virtud de información de utilidad que se dio y demás instrumentos que se presentaron, cuya consecuencia han fabricado en el referido sitio dos o tres ranchos de paja sin cerca alguna, intentando continuar la traslación, y por ser ésta en notable perjuicio de los indios de Quiebralomo por estar dicho sitio dentro de sus resguardos, contradicen en debida forma la fundación embarazándola hasta vexsa, oídos sus defensores, diese la providencia conveniente, para cuyo efecto hicieron las diligencias jurídicas y formales que constan en los edictos originales, que el protector presenta, en que se concibe la grande injusticia que con los dichos indios pretender ser comprados [sic] de que violentamente pretenden desalojarlos los del pueblo de la Montaña, protegidos del despacho vexsa, sin advertir que éste nunca podría obrar en daño de tercero y contra el derecho de los indios del partido de Lomaprieta, que tienen dicho sitio de Riosucio en virtud de la posesión inmemorial de más de cien años que han tenido quieta y pacíficamente mantenido y amparado en ella por real provisión expedida por los señores de la Real Audiencia de [ilegible] que consta a hojas catorce de los autos presentados, que se ha de servir vexsa de tener presente, como también la información que corre en cinco, hasta doce contestes con tres testigos de toda verdad y excepción corroborada con la certificación del juez, que fue de ella que se halla a su continuación persuade de la justicia de dichos indios y desvanece y destruye los fundamentos que motivaron la licencia que se les dio a los de la Montaña, pues siendo uno de ellos el que los de Lomaprieta no pasaban de ocho o diez indios existentes, lo contrario parece de la certificación del doctor don Nicolás de Saldarriaga, cura del Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, a hojas diez y nueve, en que expresa haber setenta y nueve indios que concurren a por misa con toda obediencia en días festivos, y a las doctrinas que se celebran en la santa iglesia de Quiebralomo, manteniéndola a expensas de su trabajo, como también al dicho cura, fabricándole casa en que viva y dándole toda providencia, con lo demás que contiene dicha certificación, digna de la atención de vexsa, para que en su vista y de los demás instrumentos demandar se libre despacho cometido al capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincia del Anserma, o a la persona que vexsa fuese servido nombrar para que ampare a los indios de Lomaprieta en la antigua posesión de su resguardo, que siempre ha corrido por una quebrada que llaman “Anillo” hasta dar con la piedra pintada, con cuyo lindero confinan los términos del pueblo de la Montaña el partido de Lomaprieta, y que los de la Montaña no los inquieten ni se introduzcan en dichos resguardos, y se contengan dentro de los suyos sin perjuicio de los de Lomaprieta, para cuyo efecto se les quemen y derriben los dos o tres ranchos que han fabricado en dicho sitio de Riosucio, y funden el pueblo en la parte que les parece más cómoda dentro de sus linderos o lo retrotraigan al paraje donde se fundó dentro de su principio; que la incitación fue la causa que por la parte que confinan con Lomaprieta no tengan resguardo, como consta de la información a que se debe estar por ser justa y verdadera, y no a la que se dio ante el marqués de San Miguel y su delegado, don Antonio de Riomalo, complacencia de Pedro Ortiz Moreno, protector de naturales, por obsequiar éste al doctor don Pedro León de la Peña, su grande amigo, y hermano del dicho don Antonio de Riomalo, y vengarse de encono en que lo puso la sentencia que sobre feligresía se pronunció en contra de dicho doctor y a favor del cura de Quiebralomo, según se refiere de la información dada por los indios de Lomaprieta y consta de la sentencia a folios trece, por cuya razón, y las que se expresan en dicha información, se deben despreciar los autos que se formaron a pedimento de dicho protector y amparar en todo y por todo a los dichos indios de Lomaprieta, librándose despacho de tan de justicia que el protector pide. Santa Fe, de junio veinte y cinco de mil setecientos  y veinte y un años”. Otro sí. Dice el protector que la ley de real de Indias previene que el estipendio del cura se pague de los tributos de los indios y por la certificación citada a folios diez y nueve, consta que los indios de Lomaprieta, fuera de los dos pesos de tributo que pagan, “nos han obligado a pagar al cura cuatro tomines más en cada tercio, que es mismo estipendio que tiene”. Y porque ejercicio es digno de reparo y redunda en vulneración de las leyes reales, y agravio tiránico de dichos indios, pide el protector que se dé providencia como conveniente en orden al alivio de dichos indios, presentándole en el despacho que tiene pedido; Pldoul [sic]. Supía, licenciado don Domingo Núñez de Orbajaza- a que tiene pedidos los autos y con su vista comparecer del doctor don Phelios de Moya, mi asesor Gril [sic] proveí el decreto siguiente:

Santa Fe, quince de julio de mil setecientos y veinte y un años. Respecto de que la licencia concedida para la mutación de pueblos debe entenderse sin perjuicio de terceros, líbrese despacho más inmediatos con vista de los instrumentos de estas partes y sumario conocimiento de su derecho los ampara en la posesión de sus resguardos de que hubiese habido despojo, y que si los contrarios tuvieren que pedir lo hagan en forma en este superior Gobierno; y en otro sí, ocurran al juez eclesiástico para que remedie el exceso.- Rodríguez.- mediante lo cual libro el presente, y por él ordeno y mando a cualquiera de vos las justicias más inmediatas del pueblo y partido de Lomaprieta, que siendo requeridos, o como os sea entregado en cualquier manera, por parte de los indios del partido de Lomaprieta veáis el decreto incluso, y lo guardéis y cumpláis y ejecutéis, y hagáis guardar, cumplir y ejecutar, según como y en él se contiene y declara, haciéndolo llevar, y que se lleve a pura y debida ejecución, con efecto pena de quinientos pesos de buen oro para la comarca [las arcas?] de su Majestad, sobre lo cual mando, que no habiendo escribano la notifique cualquier persona que sepa leer y escribir con testigos. En la ciudad de Santa Fe, a diez y siete de julio de mil setecientos y veintiún años.- Jorge de Villalonga.- Por mandato de su excelencia, don Martín Carlos Sáenz de Pontón, para que las justicias más inmediatas al partido de Lomaprieta ejecute lo que aquí se les ordena a pedimento del protector nombrado de los naturales de este reino por los indios de Lomaprieta.

Providencia de Domingo de la Vega, teniente de la Gobernación de Popayán y alcalde mayor de minas de las cuatro ciudades de Anserma, Cartago, Toro y Arma, por el cual se da acatamiento al decreto anterior y se ordena notificarlo a los indios de la Montaña para que lo recurran en Santafé. Quiebralomo (jurisdicción de la nueva ciudad de Anserma), 21 de noviembre de 1721

En el Real de Minas de San Sebastián de Quiebralomo, términos y jurisdicción de la nueva ciudad de señora Santa Ana de Anserma [al parecer en el ínterin se produjo el traslado de Anserma Viejo para Anserma Nuevo], del Gobierno de Popayán y del Distrito de la real Cancillería de la ciudad de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada, en veinte y un día del mes de noviembre de este año de mil setecientos y veintiuno, ante su merced el capitán don Domingo de la Vega, teniente general de gobernador, justicia mayor, corregidor de naturales y alcalde mayor de minas de las cuatro ciudades de Anserma, Cartago, Toro y Arma, y sus jurisdicciones, por su majestad pareció Manuel Cumba, alcalde del partido de Cañamomo y sitio de Lomaprieta y alrededores de esta comarca, y le requirió majestad con este despacho, librado por el excelentísimo señor don Jorge Villalonga, conde de la Cueva, caballero del Auto [sic] de San Juan, del Consejo de su Majestad en el supremo de guerra, teniente general de los reales ejércitos, procurador general del Nuevo Reino de Granada, sus provincias agregadas y presidente de la Audiencia y Chancillería Real de la ciudad de Santa Fe, el cual despacho, habiendo visto y entendido su contenido, dijo su majestad que le obedece en la forma acostumbrada, y se guarde, cumpla y ejecute lo que su excelencia manda y que se le notifique a los alcaldes y demás indios del pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña para que ocurran, haciéndoles saber este despacho, según y como su contenido es, a la ciudad de Santa Fe ante el excelentísimo señor Virrey a alegar su justicia, y hecha dicha notificación a los indios, se le devuelva a este despacho a Manuel Cumba, para que en guarda de su derecho. Así lo obedeció, dijo y firmó su majestad actuando con testigos por no haber escribano público ni real.- Don Domingo de la Vega.- Testigo, Lorenzo Sajón de Rovilla.- Testigo Joseph de la Serna.

En derecho, teniente general notificó e hizo saber a Manuel Cumba, indio alcalde, que se le hizo en persona hallándose presente los testigos, quienes con su merced lo firmaron por falta de escribano.- Don Domingo de la Vega.- Testigo, Lorenzo Sajón de Rivilla.- Juan Ortiz de Rivero.- Testigo, Joseph de la Serna.

Notificación del decreto del virrey a Pedro Guapacha y Bernabé DelgadoHce, alcaldes de la Montaña, y a Fabián Ladino, regidor, y apelación de éstos al mismo. Pueblo de Nuestra Señora Candelaria de la Montaña, 21 de noviembre de 1721

En el pueblo de Nuestra Señora Candelaria de la Montaña, en veinte y un día del mes de noviembre de mil setecientos y veinte y un años, su Vmd. el señor capitán don Domingo de la Vega, teniente general y justicia mayor de minas de las cuatro ciudades, que por vuestra majestad notificó e hizo saber el despacho librado por el excelentísimo señor Virrey, don Jorge de Villalonga, conde de la Cueva, caballero del arito de San Juan, del Consejo de su Majestad, y juntamente el obedecimiento por su merced proveído a Pedro Guapacha, alcalde ordinario de este pueblo, y a Bernabé Delgado Hce. [sic], su compañero, y al regidor Fabián Ladino que presentes se hallaron en compañía de todo el pueblo en sus personas, que lo oyeron y entendieron, según y como en dicho despacho consta y en la misma forma el obedecimiento por su majestad proveído; y dijeron: Que hablando con el debido respeto suplicaban [en el sentido de apelar] de la real provisión, y estaban prontos a comparecer ante el excelentísimo Virrey del Nuevo Reino de Granada a alegar de su justicia, y para que conste lo mismo, firmo, su majestad dicho teniente y corregidor, y el dicho alcalde y testigos que se hallaron presentes, actuando con ellos, por falta de escribano público y real.- Don Domingo de la Vega.- PedroGuapacha.- Testigo, Miguel Guapacha.- Testigo, Mrn. [sic] Guapacha.-

Petición del Cabildo de Cañamomo ante Domingo de la Vega, para que tome nuevos testimonios sobre posesión del sitio Riosucio y linderos del resguardo, en vista que dicho teniente acató pero no cumplió el decreto del virrey

Señor teniente general. Manuel Cumba, indio alcalde de pueblo de Lomaprieta y Cañamomo parezco ante Vmd. en la mayor forma que haya lugar en derecho, y digo: Como ante Vmd. tengo presentado un despacho del excelentísimo señor don Jorge Villalonga, virrey del Nuevo Reino de Granada, en orden a que vistos por Vmd. los instrumentos que hacían a nuestro nos ampara, dándonos posesión de las tierras de que somos despojados, y en que están fabricando nuevo pueblo los indios de la Montaña, para cuyo fin también presenté a Vmd. los instrumentos que hacían a mi derecho, y por cuanto Vmd. me resolvió el despacho original, con los autos que presenté, sin que en ellos diligencia que haga a nuestro derecho; mas que meramente es decir Vmd. que le obedece, y la citación que hizo a los indios de la Montaña, se ha de servir Vmd., obrando en justicia de admitirme nueva información, en la cual dirán los testigos que declaran: si saben que la parte donde están fundado los indios de la Montaña su nuevo pueblo está dentro de los límites de nuestros resguardos, que siempre han corrido por la quebrada de “Anillo”, hasta la piedra pintada, y más digan si saben que este sitio hayamos admitido más que un indio llamado Miguel Guapacha, natural del pueblo de la Montaña; y porque tengo noticia que han alegado los indios del pueblo de la Montaña, diciendo que la mayor parte del pueblo han estado viviendo y han tenido la posesión de dicho sitio por largo tiempo; también dicen los declarantes si ha sido ahí en ese sitio o más afuera, que es donde propiamente se llama Riosucio, y que eso no niega ser de dichos indios de la Montaña donde tienen llanadas muy a propósito para fundar su pueblo; lo cual dirían también los declarantes. Y hecha dicha información, se servirá Vmd. de volverme la original, certificando a continuación de ella los indios que en la mineración [numeración] que hizo Vmd. en Quiebralomo, que estaban bautizados en dicha iglesia y que existen en dicho sitio de Lomaprieta y Cañamomo que estaban alrededor de Quiebralomo; porque pretendo con esta y con lo demás obrado por vuestra merced, comparecer ante su excelencia el señor Virrey del Nuevo Reino de Granada; por todo lo cual a Vmd. pido y suplico se sirva de proveer según y como llevo pedido, que en ello recibiré justicia que pido, y conste y juro en debida forma lo necesario.

Documento (incompleto y de confusa transcripción) de Domingo de la Vega, respuesta al Cabildo de Cañamomo, en que no acepta tomar nuevos testimonios y al parecer se niega a derribar el nuevo pueblo del sitio de Riosucio, debido a que los indios de la Montaña no fueron escuchados en el proceso. La Vega, 12 de diciembre de 1721

[Falta texto, que correspondería al encabezado] a Manuel Cumba esta parte ocurra a donde le convenga a representar el derecho que dice tiene al sitio de Riosucio y de haber sido amparado en él por superior mandato o de dicho juez, que para el efecto se le confirmó comisión de su Alteza o del Gobierno superior para ello; y en cuanto a lo representado por Antonio E. de Loma y Guessa en nombre de los indios de Cañamomo y a los de Lomaprieta, protector que fue de los naturales del Nuevo Reino de Granada ante su Alteza, señores presidente y oidores de la Audiencia Real Chancillería de la ciudad de Santa fe, en el año pasado de setecientos uno [sic], fundándose en el simple relato de dichos indios pero en realidad y que dicho pueblo o dicho sitio de Lomaprieta era pueblo de dro. [sic] [dos?] parcialidades, y que tienen su iglesia y que los amparó el señor visitador don Lesmes de Espinosa y Saravia, oidor que fue de dicha Audiencia de la ciudad de Santa Fe, y en virtud de dicho alegato por dicho protector fue librada real provisión de amparo a dichos indos de Lomaprieta que es la que al presente alegan a su favor, pretendiendo nuevamente se les admita testigos a su contemplación como los antecedentes y otras razones para desvanecer el hecho de la verdad como hasta el presente la solicita, y en atención a tener certificado de Vmd. al pedimento de los indios de la Montaña para ante el excelentísimo Virey de este reino, no ha lugar la dicha información, y por estar radicada la causa y radicación sobre el contenido de dicha certificación, ofrecerse puede el interino [sic] a lo pedido por esta parte, y devuélvasele original con todo los demás en él contenido, y en cuanto a lo alegado por esta parte se le devolvió el despacho original, sin que en él conste la diligencia a su favor, sobre lo pedido habían sido despojados del sitio de Riosucio por los indios del pueblo de la Montaña y que solo depuso [dispuso] su merced el obedecimiento a dicho despacho y la citación a los indios Montañas y no otras diligencias en su favor, y atendiendo a su Md. al auto decreto excelentísimo señor Virrey no paso a notificarles a los indios Cañamomos si tenían qué pedir sobre el contenido decreto, por mandar su excelencia al juez que fuera requerido con dicho despacho y vista de los instrumentos de esta parte, sumario conocimiento de su derecho, los amparen en su posesión de sus resguardos de que hubiese habido despojo, y que si la contraria tuviere que pedir lo hagan en forma en el superior Gobierno. Y constándole a su merced por vista de ojos en los instrumentos presentados por esta parte y el sumario conocimiento, ser todo lo alegado por esta parte por el dicho despojo que representa no haber habido ninguno de la parte de los indios del pueblo de Nuestra Señora Candelaria de la Montaña. Y en cuanto a la certificación de los indios numerados del sitio de Lomaprieta, constan en la certificación antecedente remitida al excelentísimo señor Virrey por manos de Pedro Pablo Guapacha a que me remito, y para que en todos tiempos conste y a donde más convenga, lo firmó su merced el capitán don Domingo de la Vega, teniente general de guerra, justicia mayor, corregidor de naturales, alcalde mayor de las cuatro ciudades de Anserma, Cartago, Toro y Arma y sus jurisdicciones. Por su majestad, en el sitio de la Vega de Supía, términos y jurisdicción de la nueva ciudad de Santa Ana de Anserma, en doce días del mes de diciembre de mil setecientos y veinte y un años, actuando con testigos por falta de escribano público ni real.- Don Domingo de la Vega.- Testigo, Sebastián Ortiz Moreno.- Testigo, Francisco Custodio Ortiz Moreno.

Notificación al Cabildo de Cañamomo

En dicho mes y año arriba dicho, su majestad dicho teniente general y corregidor de naturales de toda esta dicha jurisdicción, notificó e hizo saber el escrito de arriba por su merced proveído, según y como de él consta, a Manuel Cumba, indio alcalde de los existentes en el Real de Quiebralomo y sitio de Cañamomo y dicha Lomaprieta, en su persona, que lo oyó y entendió. Y para que conste lo firmó su merced con testigos por falta de escribano público y real.- Do  Domingo de la Vega.- Testigo, Sebastián Ortiz Moreno.- Testigo, Francisco Custodio Ortiz Moreno.

Petición de los alcaldes de Cañamomo a su protector Domingo Núñez Arbogoso, en la que se revela que estos alcaldes y los de la Montaña han viajado hasta Santafé a seguir el pleito, pero éstos últimos se han devuelto antes de tiempo, por lo que piden que se ejecute el decreto del virrey por el alcalde de Anserma, ya que las otras justicias o autoridades de la región están a favor de los indios de la Montaña. Santafé, 30 de enero de 1722

Excelentísimo señor: Manuel Cumba y Julián Blandón, indios del partido de Lomaprieta, en la causa con los indios de la Montaña sobre la traslación de su pueblo, decimos: que habiendo prevenido en este Gobierno superior se nombrase defensor de dichos indios, y se les notificase no salieren de esta ciudad hasta la definitiva de esta causa, con el motivo no habérseles embarazado la salida se ausentaran, y porque estando los dichos ausentes no se puede seguir esta causa, como intentábamos, no estando el defensor instruido, hemos determinado volvernos a nuestros pueblos por no podernos mantener en esta ciudad, donde estamos padeciendo gravísimas necesidades para poder ejecutar con algún resguardo de nuestro derecho y nuestra justicia, suplicamos a Vmd. se sirva demandar se nos devuelva el despacho que presentamos en este superior Gobierno con los demás instrumentos, y respecto de no estar ejecutados, y todo él entero y debido cumplimiento, como lo ordena su excelencia, de nombrar para este efecto al alférez Juan Jiménez Gamonares, persona inteligente y de conciencia que asista en aquel territorio, u otra persona que por nosotros sea requerida, porque de otra suerte no se podrá conseguir su ejecución por el valimento que dichos indios de la Montaña tienen con las justicias circunvecinas, y que lo que a esta le proveyere se ponga por testimonio al pie del referido despacho, para que de esta suerte se nos excusen nuestros gastos, que no puede sugerirlos nuestra pobreza, que ha de tener Vmd. para que nos despachen con toda brevedad y nos haga justicia, ella mediante. A Vmd. pedimos y suplicamos, así lo provea y en lo necesario juramos. Va.- Manuel Cumba.- Julián Blandón.

Santa Fe, treinta de enero de mil setecientos y veinte y dos. Traslado. Rodríguez.

 

Providencia aceptando la petición anterior. Santafé, 3 de febrero de 1722

Excelentisimo señor licenciado don Domingo Núñez Arbogoso, protector nombrado de los naturales de este reino por los indios de Lomaprieta, y dice que habiéndose pedido por los indios se les devolviese el despacho tienen granjeado en este superior Gobierno en la causa contra los indios de la Montaña, y la que expresan en el antecedente escrito, se sirvió Vxa. demandar se diese traslado, y porque los motivos que dichos indios expresan en el mentado escrito son justos y ciertos, y que el seguimiento de la causa redunda en notable perjuicio de ellos y consignan su justicia, sin perjuicio de los indios de la Montaña, poniéndose en ejecución el referido despacho que Vxa. se sirvió de liberarle; suplica el protector de dicho traslado y suplica se sirva Vmd. demandar se les devuelva el dicho despacho y los demás instrumentos presentados en la forma que se expresa en el citado escrito, por ser de justicia que pide. Santa Fe, febrero tres de mil setecientos y veinte y dos años.- Licenciado don Domingo Núñez.

Santa Fe, cuatro de febrero de mil setecientos y veinte y dos años. Devuélvaseles el despacho como lo piden. Rodríguez. Concuerda este traslado con sus originales de donde se corrigió y contestó lo cierto y verdadero, a que en lo necesario me remito, y para que conste donde convenga doy el presente y firmo en la ciudad de Santa Fe, a cuatro de febrero de mil setecientos y veinte y dos años.

Documento incompleto. Al parecer una notificación de Juan Jiménez Gamonares, alcalde de Anserma, a los indios de la Montaña de alguna providencia. Sitio de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña, 29 de noviembre de 1722.

En el sitio de Nuestra Señora de la Candelaria de la Montaña, jurisdicción de la ciudad de Anserma, del Gobierno de Popayán, a veinte y nueve días del mes de octubre de mil setecientos y veinte y dos años, el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario y administrador de la Real Hacienda de Cauca de dicha ciudad y jurisdicción, por su Majestad discso que hoy de la fha………………. [sic]

Petición del Cabildo de Cañamomo a Juan Jiménez Gamonares, alcalde de Anserma, para que haga cumplir el decreto del virrey al que Domingo de la Vega no le dio cumplimiento, y por tanto les dé posesión a los indios de Cañamomo del sitio de Riosucio, y ordene a los de la Montaña desalojar el sitio y deshacer las edificaciones que tienen en él. Sin lugar y sin fecha

Señor alcalde: Manuel Cumba y Julián Blandón, indios del partido de Lomaprieta y Cañamomo, parecemos ante vuestra merced en la mejor forma que haya lugar en derecho y al que nos convenga, y decimos que como habiéndose granjeado un despacho de su excelencia el señor Virrey del Nuevo Reino de Granada, cualesquier justicia de esta jurisdicción con conocimiento de nosotros nos ampare y nos dé posesión en las tierras de nuestro resguardo, de que hemos sido despojados, así nuestro informe de los indios del pueblo de la Montaña, el cual habiéndolo presentado ante el señor capitán don Domingo de la Vega, teniente general de esta jurisdicción, y por no haberle dado su debido cumplimiento ocurrimos segunda vez ante su excelencia con dicho despacho, con lo en él obrando, quien se sirvió devolvérnoslo original, sometidos a las justicias más inmediatas de este partido, para que con vista de él y de los instrumentos de nuestro derecho, dé su debido cumplimiento, como mejor consta por el testimonio adjunto de dicho despacho, por lo cual presentamos ante su merced dichos despacho, con el testimonio y autos que hacen a nos, que todo va en veinte y ocho hojas y una en blanco, para que con vista y todo se sirva vuestra merced, obrando en justicia, de darse su debido cumplimiento, y hallando justificado nuestro derecho dando posesión de las tierras de que hemos sido despojados y que en los autos se menciona, notificando a dichos indios nos desocupen las tierras y desechen las fábricas que en ellas hubieren edificadas, y nos dejen en pacífica posesión, sin que haya cosa en ellas de todo aquello que nos es perjudicial, como es ganado mayor y ganado de Zero [sic]. Hecho todo, se servirá devolvernos los autos originales, con lo en ello obrado por vuestra merced, para efectos que nos convengan; por todo lo cual a vuestra merced pedimos y suplicamos se sirva de proveer, según y como llevamos pedido, que en ello recibiremos merced, con justicia que pedimos y juramos lo necesario en debida forma va.- Manuel Cumba.- Julián Bañol.-

Auto de Juan Jiménez Gamonares, alcalde de Anserma, en que convoca a dar posesión a los indios de Cañamomo del sitio de Riosucio para el 4 de noviembre de 1722, con presencia de los caciques de la Montaña.La Vega de Sevilla, 30 de octubre de 1722

Por presentada con los autos que se refieren, en que se incluye el despacho superior mandando librar a favor de estas partes como de él se deduce por el el excelentísimo señor Virrey, presidente gobernador y capitán general de este Virreinato, que desde luego le obedecía y obedeció, y como superior rescripto. Y para que le dé su entero y debido cumplimiento debía de mandar y mando que estas partes y los demás naturales del partido de Lomaprieta concurran por sus propias personas al sitio de Riosucio el miércoles siguiente, que se contaron cuatro del mes próximo subsiguiente, para darles posesión de la tierra inclusive dentro de sus resguardos que reconocían por vista de ojos por su majestad, con los instrumentos presentados en la mano y para comprobación de los términos y linderos de dicha tierra dada a los dichos indios de Lomaprieta, la información que ofrecida tienen breve y sumariamente, que está pronto su merced a recibirla. Y todo se haga con citación de los caciques indios principales y demás mandones del pueblo de la Montaña, a quienes se les hace correo expreso, previniéndoles y mandándoles concurran con sus propias personas al dicho sitio de Riosucio el precitado día cuatro del mes próximo que viene, con apercibimiento que de haber omisión les pasará el mismo perjuicio que si presentes fueren. Y ejecutadas las diligencias prevenidas por el preinserto despacho se devuelvan estos autos originales a las partes, como lo piden. Proveyelo su merced el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario, juez oficial de la Real Hacienda y casa de la ciudad de Anserma, en el sitio de la Vega de Sevilla de su jurisdicción, en treinta días del mes de octubre de mil setecientos y veinte y dos años, por ante sí y testigos por falta de escribano.- Juan Jiménez Gamonares.

Notificación a Cañamomo

En el sitio de Riosucio, en cuatro días del mes de noviembre de mil setecientos y veinte y dos años, su Vmd. el dicho señor alcalde ordinario notificó el decreto de cuso [sic] y esta otra parte con él contiene, a Manuel Cumba y Julián Blandón, y a Joseph Cumba, indios del partido de Lomaprieta, en sus personas, que lo oyeron, y porque conste lo firma su Vmd. y testigos por falta de escribanos.- Juan Jiménez Gamonares.- Joseph de la Serna.- Nicolás Díaz.

Notificación a la Montaña

En el sitio de Riosucio, en dicho día, mes y año, su Vmd. dicho señor alcalde ordinario notificó el decreto de esta parte, y juntamente los citó en toda forma para lo en él contenido, a Pedro Guapacha, gobernador del pueblo de la Montaña, y a Santo Ladino, alcalde de dicho pueblo, y porque conste por diligencia, lo firmo su merced con el dicho gobernador y testigos por la referida falta. Juan Jiménez Gamonares.- Don Pedro Guapacha. Nicolás Díaz.- Joseph de la Serna.

Diligencia que preside Juan Jiménez Gamonares, alcalde de Anserma, en que pone a los indios de Cañamomo (Manuel Cumba, Julián Blandón y Joseph Cumba) en posesión del sitio de Riosucio. Al parecer no asisten los de la Montaña. Sitio de Riosucio, 4 de noviembre de 1722

En el sitio de Riosucio, jurisdicción de la ciudad de Anserma de la Gobernación de Popayán, en cuatro del mes de noviembre de mil setecientos y veinte dos años, parecieron ante mí el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario de la ciudad de Anserma, por el Reino de su señor, Manuel Cumba y Julián Blandón y Joseph Cumba, habiéndome requerido por un despacho de su excelencia el señor Virrey, en el que manda dé posesión a los dichos indios del partido de Lomaprieta de los resguardos que comprenden desde la quebrada que llaman Anillo hasta la piedra pintada, cogiendo desde dicha piedra pintada la quebrada abajo vertiente al río Sucio, y río Sucio abajo hasta el desemboque del río Supía, de aquí río arriba hasta la quebrada Anillo, les doy la posesión a dichos indios del partido de Lomaprieta, sin perjuicio del patronato real ni de tercero que mejor derecho tenga a ellas, y se las doy judicial. Y estando en dichas tierras cogí de la mano a Manuel Cumba y a Julián Blandón, y las pasearon conmigo y después arrancaron unas yerbas en señal de posesión, las cuales les dí, y apreciaron actual Corporal Velquase [sic] sin contradicción ninguna, y en ella interpuso mi autoridad y decreto judicial, y en cuanto puedo según derecho los amparo en dicha posesión. Y para que conste lo firmo con testigos que se hallaron presentes a falta de escribano público ni real.- Juan Jiménez Gamonares.- Nicolás Díaz.- Joseph de la Serna.

Petición de Julián Blandón, alcalde de Cañamomo, al mariscal Marcos Ambrosio de Rivera y Guzmán, para que ampare sus derechos. Sin lugar ni fecha.

Señor gobernador y capitán general. Julián Blandón, indio natural del partido de Lomaprieta y Cañamomo, y alcalde actual, parezco por mí y a nombre de todos los naturales de mi jurisdicción, ante Vmd. y con la solemnidad en derecho necesaria presento los despachos y títulos pertenecientes a los resguardos de nuestras tierras, para que en su reconocimiento sea servido Vmd., como se lo suplico, ampararnos en ella, y mandar se guarden y cumplan los despachos superiores que en ellos consta ganados a nuestro favor, mediante lo cual a Vmd. pido y suplico así lo provea y mande, en que recibiré bien y Vmd. con justicia que pido y juro lo necesario Va.- Julián Blandón.

Amparo de Marcos Ambrosio de Rivera y Guzmán, capitán general de Popayán, a los indios de Cañamomo para que se les mantenga en la posesión de sus resguardos, hasta que no sean oídos y vencidos por fuerza y derecho. Pueblo de Supía, 2 de junio de 1723

Por presentada y con los despachos e instrumentos que refiere, y vistos y en atención a que los indios de Cañamomo y Lomaprieta se le ha dado posesión de sus resguardos, mando que se mantengan en ella y que no sean inquietados por persona alguna, y el corregidor y justicias harán que así se ejecute, manteniéndolos en su posesión, hasta no ser oídos y vencidos, por fuerza y derecho. Así lo proveyó, mandó y firmó, su señoría el señor mariscal de campo don Marcos Ambrosio de Rivera y Guzmán, marqués de San Juan de Rivera y Gueza, capitán general de Popayán y sus provincias. En el pueblo de Supía, a dos de junio de mil setecientos y veinte tres años, actuando con testigos por falta de escribano, estando en términos de visita de gobierno.- Marqués de San Juan de Rivera.- Don Nicolás de Mesa……….[sic].

Petición de Urbano Tabuya, alcalde de Cañamomo, y otros, al mariscal Nicolás Becerra de la Serna, alcalde de Anserma, para que les intime a los indios de la Montaña que se contengan en los términos de sus resguardos. Sin lugar ni fecha.

Señor corregidor. Urbano Tabuya, indio alcalde de este partido de Lomaprieta, y Manuel Cumba, Julián Blandón y Gregorio Lengua, servidores en dicho partido, presentamos ante usted en la mejor forma en que haya lugar en derecho y nos convenga, y decimos que tenemos cierta noticia cómo los indios del pueblo de la Montaña tienen granjeada real provisión en que dispone su Alteza sean amparados en aquellas tierras de que estuviesen en ellas introducidas, y por cuanto también tenemos cierta noticia que los indios alegan estar en posesión de mucha parte de nuestros resguardos, que son en la quebrada de Anillo para acá (que es falso) por estar nosotros en antigua posesión de dichas tierras y nuevamente amparados en ella por despacho sobre costado [sic] del señor virrey que fue de este Nuevo Reino, don Jorge Villalonga; sin embargo de la contradicción que hubo de dichos indios de la Montaña por cierto nombramiento que de dichas tierras les hizo don Antonio Bartolomé de Riomalo, siendo teniente de general, el cual pareció ser injusto por habernos con él violentamente despojado de las tierras, como consta declarado con dicho despacho del señor virrey, en cuya atención fuimos amparados y restituidos a nuestra antigua posesión, por cuanto presentamos ante Vmd. dicho despacho con todas las diligencias obradas en virtud de las demás diligencias que le promovieron; siendo cualquiera otra providencia dada…… [sic] dos y tres veces, y las más que en dio suplicamos a Vmd. ….. [sic] se servirá correr la vista…………. [sic] Montaña, sin perjuicio a nuestro derecho, intimándoles se contengan entre los términos de sus resguardos, que no perturben nuestra quietud, ni la pacífica posesión en que estoy, y desde luego protestamos en caso necesario ocurrir ante su alteza a alegar nuestro derecho, debe entenderse el que nos han sumamente despojado, por lo cual suplicamos a Vmd. se sirva devolvernos el dicho despacho con lo actuado en esta, para eso y los demás efectos que nos convenga; por todo lo cual a Vmd. pedimos y suplicamos se sirva proveer según llevamos pedido, que en ello recibiremos merced con justicia, que pedimos y juramos en debida forma lo necesario Va.- Urbano Tabuya.- Manuel Cumba.- Blandón.

Decreto del mariscal Nicolás Becerra de la Serna, alcalde de Anserma, ordenando suspender la provisión que exhibenlos indios de la Montañay que se contengan en los términos de sus resguardos, mientras el virrey no disponga otra cosa.Real de San Sebastián de Quiebralomo, 10 de diciembre de 1731

Por presentada con los instrumentos referidos, que vistos y atendiendo a que estas partes tienen amparo por despacho librado por el excelentísimo señor conde de la Cueva, don Jorge de Villalonga, virrey presidente, gobernador y capitán general que fue de este Nuevo Reino de Granada, ciudad de Santa Fe en quince de julio de mil setecientos y veinte y uno de las tierras y resguardos en que pretenden introducirse los indios naturales del pueblo de la Montaña, los cuales por dicho despacho se mandaron lanzar de las tierras de Riosucio y sus linderos, que son en perjuicio de las partes, como en efecto se efectuó así por el sargento mayor Juan Jiménez Gamonares, alcalde ordinario que era de la ciudad de Anserma en la razón, por cuyo despacho se les dio posesión de sus resguardos a esta parte, desde la quebrada que llaman de Anillo, hasta la piedra pintada, y de ahí por la quebrada abajo vertiente a río Sucio, por auto proveído en cuatro de noviembre de mil setecientos y veinte y dos, cuyo amparo ganaron con justificación de su derecho e información dada ante el capitán Diego Martín de Guevara, alcalde mayor provincial que fue de esa ciudad, formada en contradictorio juicio entre partes, de la una los que se presentan y de la otra dichos indios de la Montaña, cuyo amparo y protección se refiere, y nuevamente dio el señor marqués de San Juan de Rivera, gobernador y capitán general que fue de la provincia de Popayán, y por el señor capitán don Joseph López de Ávila, teniente general y visitador de gobierno que fue de estas provincias, sin contradicción alguna, y debe de mandar y mando se suspenda el ejecutivo de la Real Audiencia ganada por los dichos indios de la Montaña, que estas partes se mantengan en su posesión y amparo, interini que con vista de autos determine su Alteza otra cosa, a quien se dará cuenta con relación de todo, para que determine lo que fuere de su real agrado. Y notifíquesele a las partes este decreto, para que así conste. Así lo proveí, mandé y firmé yo, el mariscal de campo don Nicolás Becerra de la Serna, alférez real y regidor en propiedad, alcalde ordinario más antiguo y juez oficial real de la ciudad de Anserma y sus sufragáneas de este Real de San Sebastián de Quiebralomo, en diez de diciembre de mil setecientos treinta y un años, actuando con testigos a falta de escribano.- Don Nicolás Becerra de la Serna.- Joseph de la Serna……………….. [sic] Y luego, incontinente, yo dicho alcalde ordinario hizo saber el decreto de la vuelta a Urbano Tabuya , alcalde de Lomaprieta, y a Manuel Cumba, Julián Blandón y Gregorio Lengua, regidores de dicho partido, presentes en su persona, que lo oyeron. Para que conste, lo firmo con testigos por falta de escribano.- Don Nicolás Becerra de la Serna.- Joseph de la Serna.- Don Diego Cayetano Fresco.

Notificación a don Andrés Motato, cacique del pueblo de la Montaña, y a Francisco Ladino, alcalde del mismo

En dicho día, mes y año yo, dicho alcalde ordinario, notifiqué e hice saber el dicho decreto a don Andrés Motato, cacique del pueblo de la Montaña, y a Francisco Ladino, alcalde de dicho pueblo, en sus personas, que lo oyeron. Y para que conste, lo firmo con testigos a falta de escribano. Don Nicolás Becerra de la Serna.- Joseph de la Serna.- Don Diego Cayetano Fresco.

Petición de Agustín Blandón, alcalde de Cañamomo, y otros, a Joseph López de Ávila, teniente general del gobierno de Popayán y visitador de Anserma y Arma, para que los ampare en la posesión de sus resguardos y los autorice a aprisionar a los indios que se fuguen del territorio. Sin lugar ni fecha

Señor teniente y visitador de la Gobernación. Agustín Blandón, indio alcalde del partido de Lomaprieta, y Manuel Cumba y Julián Blandón, indios regidores de dicho partido, comparecemos ante usted en la mejor forma que haya en derecho y el nuestro convenga, y decimos cómo habiéndonos puesto pleito los indios del pueblo de la Montaña, pretendiendo despojarnos  de nuestras tierras, introduciéndose dentro de nuestros resguardos, granjearon con siniestro informe amparo de la Real Audiencia de Santa Fe, y habiendo ocurrido nosotros a dicha Audiencia con la verdad que calificó cierta otra información y otros instrumentos, con cita de ellos, se nos mandó dar posesión de dichas tierras, y que de ellas fueron lanzados los indios del pueblo de la Montaña y demolido el pueblo que estaban fabricando dentro de nuestros dichos resguardos los referidos indios, todo lo cual ejecutado por el juez a quien vino cometido, como consta en los autos, que habiendo sido presentados ante el gobernador que fue de Popayán, don Marcos Ambrosio de Rivera, estando en visita abierta en estos pueblos, obedeciendo el superior mandato mandó se cumpliese en adelante lo mandado, y porque vmd. está publicada la visita en el Real de Minas de Quiebralomo y mandado se cumpliese en adelante lo mandado, y porque Vmd. [dispone] que dentro de tres días comparezcamos con los títulos e instrumentos en que protegidos fuésemos, atentos estar cumplido ese término hacemos manifestación ante Vmd. con el acatamiento debido de los autos y vista la expresión del amparo que referimos, pedimos que Vmd. se sirva demandar se cumpla todo lo mandado que hacen a nuestro favor, según y como, en….. [sic] para que en cualquier otro pueblo puede aprisionar a los indios e indias, chinos y chinas, que fugitivos pretendiesen ir huyendo de su obligación de amparar sus pueblos, porque con ese pretexto no se pasan algunos a querer excusar lo mismo que aquellos que son nacidos y criados en nuestro pueblo, bautizados y doctrinados en nuestra parroquia, se ha de servir de así declararlo, dándonos la misma facultad que a los demás pueblos se ha concedido, mandando el que así los indios alcaldes desde nuestro partido, como los demás de otros pueblos, no se propasen al menor acto judicial, en orden a lo por Vmd. mandado, sin emplazar primero el auxilio de los alcaldes de los pueblos. Por todo lo cual a Vmd. pedimos y suplicamos se sirva proveer según y como llevamos pedido, que en ello recibiremos merced con justicia, que pedimos y juramos en debida forma lo necesario Va.- Agustín Blandón.- Manuel Cumba.- Julián Blandón.

Decreto de Joseph López de Ávila, teniente general del gobierno de Popayán y visitador de Anserma y Arma, que ampara a los naturales del pueblo de Cañamomo en sus resguardos, autoriza a su alcalde para retener a los indios que quieran despoblarlo y manda a los demás alcaldes mandones y demás indios que colaboren en ello. Pueblo de Supía, 5 de mayo de 1727

Por presentado con los instrumentos que refieren que vistos los hube por visitado en la ordinaria que de gobierno está abierta en esta jurisdicción, y en su conformidad amparará a los naturales del pueblo de Cañamomo y Lomaprieta en la posesión y amparo de sus resguardos, en la misma forma que los poseen y en ella se mantengan sin que sean inquietados por persona alguna debajo de las penas impuestas por leyes recopiladas y ordenanzas reales, que se ejecutarán contra quien las perturbase inquietándolos, y así mismo se le da facultad necesaria al alcalde de dicho pueblo, que al presente es Agustín Blandón, o al que lo fuere, para que pueda traer su insignia………. [sic] vivieren delitos y pretendieren despoblar su pueblo, y los alcaldes mandones y demás indios de mi distrito le darán y harán dar el favor amplio que necesitare para todo lo referido, debajo de la pena de cincuenta azotes que se ejecutarán irremisiblemente lo contrario haciendo, y devuélvamele los instrumentos originales para su resguardo. Así lo proveí, mandé y firmé yo, don Joseph López de Ávila, teniente general, justicia mayor de las minas de las cuatro ciudades en distrito de la Real Audiencia de la ciudad de Santa Fe y visitador de gobierno de esta jurisdicción y la de Arma, en el pueblo de Supía, en cinco de mayo de mil setecientos y veinte y siete años, actuando con testigos por no haber escribano.- Don Joseph López de Ávila.- Testigo, Ignacio de Mesa.

Decreto de Thomás Bernardo Rosales, alcalde de Anserma, cumpliendo las órdenes del visitador López de Ávila. Sitio de la Vega de Supía, 1º de julio de 1737

En el sitio de la Vega de Supía, jurisdicción de la ciudad de Anserma, en primero de julio de mil setecientos y treinta y siete años, su merced el señor don Thomás Bernardo Rosales, alcalde ordinario más antiguo de dicha ciudad, visitador…… [sic] amparo de las tierras que poseen por suyas, según y como se expresan en los dichos instrumentos, a los que mando que ninguna persona, del estado, calidad o condición que sean, no les perturben ni inquieten, pena de veinte quilates, aplicados enteramente para la Real Cámara de su Majestad lo contrario haciendo, y de que procederé a los más que hubiese lugar, y devuélvasele estos autos para su resguardo. Que por lo presente así lo proveo, ordeno y mando, actuando como testigos por falta de escribano.- Thomás Bernardo de Rosales.- Don Agustín de Castro.- Diego Aguirre………… [sic] Anillo y 8 re 31 del a/68 [sic].- Presentados en este sitio, hoy día de la fecha verbalmente por los naturales de Cañamomo y agregándose a los autos se pondrán posteriormente al lugar que corresponden y para que conste lo rubricamos. Hay dos rúbricas.

Archivo Nacional. Bogotá, 30 de enero de 1899. Las anteriores copias se han tomado de los originales que existen en este Archivo.- Wenseslao Sandino Grot.- Ministerio de Gobierno.- Sección 1ª.- Bogotá, 30 de enero de 1899.- El infrascrito subsecretario de Gobierno certifica que el señor Wenseslao Sandino Grot desempeñaba las funciones de archivero nacional.- Hoy 30 de enero de 1899 (del mil ochocientos noventa y nueve).- Aníbal Brito.. Hay una estampilla de Timbre Nacional, anulada con un sello que dice.- Enero 30 de 1899.- A Brito.

ES NOVENA COPIA QUE SE EXPIDE HOY VEINTICINCO DE JUNIO DE NOVECIENTOS CUARENTA Y TRES PARA EL INTERESADO SEÑOR…

Derechos…
R.cion. de la p.g.

El notario, Antonio J. Posada P.

El suscrito registrador de instrumentos públicos y privados, Circuito de  Riosucio, Certifica: que la escritura Nº 263 de 24 de mayo de 1903 se halla registrada al folio 133 del libro # 1º, bajo el # 209, con fecha 15 de junio del mismo año. Riosucio, julio tres de mil novecientos cuarenta y tres.- Hay firma.

 

 

ANEXO 1

REPOSICIÓN DEL TÍTULO DEL RESGUARDO INDÍGENA DE LA MONTAÑA, HECHA POR EL VIRREY JOSÉ SOLÍS FOLCH DE CARDONA EN 1759, PROTOCOLIZADO POR ESCRITURA Nº 600 DE 1990.

 

DOCUMENTO:

Título del resguardo de la Montaña, repuesto por el virrey José de Solís Folch de Cardona el 14 de agosto de 1759, por los linderos señalados por Espinosa y Sarabia en 1627. La transcripción de la escritura la realizó el Grupo de Plan de Vida de San Lorenzo en 2008.

FUENTE:

Escritura Nº 600 del 21 de noviembre de 1990 de la Notaría de Riosucio, por la cual los gobernadores de tres de los Resguardos Indígenas del municipio (Faustino Rotavista, de CañamomoLomaprieta; Miguel Antonio Largo, de la Montaña, y José Darío Bañol Bueno, de San Lorenzo) protocolizan copia del título mencionado; copia que a su vez fue tomada de otra expedida el 3 de septiembre de 1870 por el Juez del Distrito de Riosucio, a solicitud del Procurador del mismo Distrito. Por su parte, la copia de 1870 había sido tomada de otra expedida por el Juez del Circuito de Popayán el 1º de septiembre de 1857, por solicitud que hiciera Matías Pescador, vecino del pueblo de la Montaña. Publicada en el libro Los títulos de San Lorenzo, publicado por el Cabildo Indígena de San Lorenzo en 2009.

TEXTO

“Don José Solís Folch de Cardona, mariscal de campos de los reales ejércitos, comendador de  E dems y castiel caví_ así esta en la orden de Mostesa, virrey, gobernador, capitán, general de este Nuevo Reino de Granada  y sus provincias adyacentes y presidente en la Audiencia y Canciller. Aparece, firma ilegible y borrada.—“.

“Por cuanto en este superior gobierno real se ha seguido causa entre los indios del pueblo de Nuestra Señora de la Montaña o Riosucio, de la jurisdicción de Anserma en la provincia de Popayán, sobre las tierras de los resguardos, en que se han dado muchas providencias, para que les ponga en posesión con arreglo a las asignaciones de los límites donde señaló el señor oidor visitador SIC_ general don Lesmes de Espinosa y Sarabia, los cuales son señalados ### desde los encuentros de la quebrada el Jagual, río arriba hasta la reunión del río Aguas Claras, hasta donde hayan un árbol de nacedero que es el mojón, río arriba hasta sus cabeceras, cogiendo la baja Arquía, desde donde están lindando las tierras del territorio de Antioquia con el pueblo de la Montaña hacia Cali, cogiendo todas las vertientes de Supía y por el poniente hasta la cuchilla alta de la montaña llamada El Paramillo, cogiendo la loma de Apá, de allí para abajo, que es la que divide las tierras que pertenecen a los indígenas del Chocó con los resguardos de la Montaña, siguiendo la loma de Apá hasta el morro de Quebrada Grande, que se halla colindante con las tierras del pueblo del Chamí y con los terrenos del pueblo de la Montaña de Nuestra Señora de la Candelaria, mirando por el oriente, cogiendo de travesía _SIC_  toda la llanada grande a encerrar con la quebrada del tanquiaArquía? y el esta_ SIC_ alto llamado de Oro, (así esta) línea recta hacia los encuentros del río de Guática con la quebrada del Oro, donde colindan las tierras de los naturales del pueblo de Guática con el pueblo de la Montaña, siguiendo la quebrada de allí para arriba hasta sus cabeceras _ SIC_, cogiendo también las cabeceras _SIC_ de Riosucio, que es el alto de La Pintada, donde colinda con los resguardos del pueblo de Quinchía  con el pueblo de la Montaña, cogiendo el tablón de la loma de Pumia al alto de Aguacatal y Cruces _ SIC_,  a coger todas las vertientes de Sanguia Supía? alta y baja Pirsa, cuchilla abajo hasta el salto de dicha quebrada. Y para más abajo, donde se encuentra el mojón del árbol de nacedero en el mismo pasadero del camino, y para más abajo los encuentros de Riosucio cogiendo línea recta al alto del Sinifana, cuchilla abajo hasta el morro de Pie de Gallo, mirando a la loma de Guática, donde colindan las tierras del pueblo de Supía con las del pueblo de la Montaña, de allí a los encuentros de la quebrada de Jagual__###.

“El terreno del pueblo de la Montaña por el deslinde aquí expresado fue el que deslindó y amojonó, según lo pedido por el señor fiscal protector general de indígenas, el citado visitador_ SIC_  general don Lesmes de Espinosa y Sarabia, como así aparece de los amparos y posesiones_ SIC_ que se encuentran en el archivo del Virreinato, quedando por lo mismo los demás pueblos con comarcas independientes del de la Montaña. Hágase saber a su puntal  cumplimiento.

“Dado en la ciudad de Santa Fe a 14 de agosto de 1759. Don José de Solís Folch de Cardona. Por mandado de su excelencia, Rafael Reyes, secretario- testado_ lleria  real va. No vale entre renglones_ de_ enmendado.  N_ vale_.”

 

ANEXO 2
LA PIEDRA PINTADA

2
La Piedra Pintada.
Fotografías tomadas durante el paseo de subida a los nacimientos del río Riosucio (noviembre 3 de 2013), organizado por la comunidad de Alto Imurrá (La Playa) del Resguardo de La Montaña, la Institución Educativa John F. Kennedy y la Alcaldía Municipal.

 

El pleito por el dominio del sitio de Riosucio continuó después de 1759, pero no entre los indígenas (La Montaña vs Cañamomo) sino entre los indios de La Montaña y los mulatos mineros de Quiebralomo. Las autoridades de La Montaña tenían muy claro que esta nueva disputa no era con los indios de Cañamomo, pues con ellos ya había lo que se dice hoy “cosa juzgada”, como lo relata el historiador Álvaro Gartner:

«En 1765, el Protector de Naturales de turno pidió que se concluyera el litigio y “se imponga perpetuo silencio a los mulatos de Quiebralomo”. Pero éstos no se silenciaban. En cambio, propusieron hacer un careo entre los voceros de Quiebralomo y los mandones de La Montaña en Santa Fe, ante el virrey. Estos respondieron que “nosotros no tenemos que ocurrir a Santa Fe, pues aunque hemos mantenido pleitos con los indios de Cañamomo, este se definió a nuestro favor por sentencia no apelada en 1757”».

(Fuente: Álvaro Gartner Posada. “Fundación de Riosucio. Un pueblo del siglo XIII”.  Cali, agosto de 1999, mimeo, incluido en el CD “Cátedra Riosuceña”).

Dentro de este litigio, continúa el relato de Gartner, años después, durante el virreinato de Pedro Messía de la Cerda,  se hace una inspección de linderos, donde vuelve a aparecer la Piedra Pintada, la que impresiona a los funcionarios de la Corona, al punto que le envían muestras de la roca al virrey a Santafé de Bogotá:

«Los primeros días de noviembre de 1768, los comisionados dedicaron a recorrer la región, para determinar linderos. La comisión ascendió hasta la Piedra Pintada, quizás el antiguo Humbrumaya, situada en las cabeceras del Río Sucio, muy cerca del alto de la Robada.

«La roca los deslumbró por sus “manchas naturales, unas moteadas y otras verdosas, otras azuladas, otras ‘nebruscas’ y otras blancas cuyas vetas están tachoneadas de piedrecitas de los dichos colores, de las cuales arrancaron con bastante trabajo y a una punta de machetes y barretones”. Le enviaron trozos al virrey. En verdad es imponente y aún se pueden ver los colores blanco, amarillo, naranja, rojo y negro en su pared occidental. Desde el pie de este cerro, los primeros mineros de Quiebralomo tendieron una acequia para llevar las aguas al real. Esta era la acequia de La Pintada, que hoy lleva las aguas a Riosucio, pero a través de tubos» (Ídem).