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¿LISTOS PARA PROSEGUIR CON EL BICENTENARIO LATINOAMERICANO?


Hace un mes concluyó el primer año del Trienio inicial del Bicentenario Latinoamericano (2009-2011). Entre 2021 y 2024 la celebración continental se rematará con los 200 años de las independencias de Perú, Centroamérica y Brasil.

En 2009 se celebraron ya los Gritos Libertarios de Sucre (25 de mayo), La Paz (16 de julio) y Quito (10 de agosto) en Bolivia y Ecuador. Sigue el Anno Marabilis de 2010, cuando se conmemoran los levantamientos contra España en los grandes virreinatos: Nueva España, Nueva Granada, Buenos Aires y Chile, y en la capitanía general de Venezuela. ¿Estamos listos para continuar la celebración del Bicentenario de la independencia de los países como un hecho continental? A juzgar por lo sucedido en los meses anteriores, no parece.

¿En qué vamos?

A partir de 1809 las colonias españolas en América proclamaron su independencia, la que se habría de consolidar al cabo de 15 años de guerra con la caída del virreinato del Perú en 1824. Lo más notable es que, a diferencia del Centenario, cuando cada país asumió la celebración de la efeméride al interior de sus fronteras -y aún hubo países en los cuales la celebración se malogró por completo-, el 2º Centenario se viene construyendo con dimensión continental, fruto de nuevas realidades políticas y de la comprensión más o menos compartida de que a comienzos del siglo XIX no surgieron sólo Estados Nacionales sino que emergió una región completa en el panorama universal: América Latina, y que esta región, dos siglos después, reclama un espacio propio.

Esto se refleja desde hace unos años en una voluntad de alinderar terrenos con los Estados Unidos, política que toma cuerpo en hechos tan relevantes como la toma por asalto de la dirección de la OEA, con la elección de su actual secretario general sin la anuencia de la Casa Blanca. Este distanciamiento con la metrópoli del norte ha tratado de ser capitalizado por Europa, y dentro de ésta por España, como padrino “natural” de la región, que sutil pero firmemente intenta oponer al sistema interamericano en crisis una alianza iberoamericana de relevo (¿reconstruir su imperio?). Pero a esta pretensión también se le ha opuesto –con relativa eficacia- alguna cortapisa, como fue la Cumbre de Latinoamérica y el Caribe de diciembre de 2008 en Brasil, que fue aplaudida por los asistentes como la primera reunión de los solos países de la región sin presencia de Estados Unidos… pero también sin Europa.

Este contexto, si no es exacto, por lo menos sirve para aproximar una mirada a la celebración del Bicentenario de las independencias de los países latinoamericanos, el cual tiene como nota predominante la creación en 2007 de una instancia regional para el evento, denominada Grupo Bicentenario, desde el cual se trabaja en el diseño y ejecución de una agenda común conmemorativa.

En el origen del Grupo tuvo mucho que ver España, que en una alianza oficial-empresarial, canalizada institucionalmente por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura), venía impulsando desde comienzos de la década una conmemoración conjunta España-Latinoamérica del Bicentenario. Pero cuando España creía tener todos los huevos en el mismo cesto para crear una Comisión transoceánica (la X Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura de Valparaíso, Chile, de julio de 2007), el país anfitrión llamó aparte a sus colegas de continente que proclamaron sus independencias en 1809, 1810 y 1811 y decidieron crear su propio Grupo Bicentenario, sin España. O con España, pero como país invitado, mas no como miembro pleno. La Carta de Intención fue firmada en el mismo Valparaíso por Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, México, Paraguay y Venezuela, y en diciembre del mismo año se crea formalmente el Grupo en Santiago de Chile (Colombia se vincula en 2008, mientras El Salvador –que no está muy convencida de que la insurrección de 1811 sea su año de independencia- se ha involucrado a medias, un poco forzado por España para ampliar sus aliados al interior del Grupo).

A partir de allí, los países latinoamericanos empiezan a reunirse como Grupo Bicentenario. España, por su parte, no se resigna a su exclusión y emprende una agresiva (realmente agresiva, rayana en la injerencia) campaña por retomar las riendas de la conmemoración. Para ello desplaza del escenario a la OEI, de mero nivel ministerial, e involucra de lleno a la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), organismo que coordina las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno, obteniendo en la Cumbre de Santiago de Chile de finales del mismo 2007 que los presidentes le asignen a ella la tarea de organizar la conmemoración iberoamericana. El primer movimiento de la SEGIB consistió en un intento de bloquear la segunda reunión del Grupo Bicentenario, prevista para mayo de 2008 en Sucre (Bolivia), citando una reunión de comisiones nacionales conmemorativas para las mismas fechas en Madrid, invitación que éstas declinan. Entonces la SEGIB concurre a la reunión del Grupo Bicentenario en Sucre, donde le recuerda a los asistentes que ella tiene un mandato de las Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno para organizar el Bicentenario, y plantea una nueva reunión en Ciudad de México para septiembre, dejando en claro que el orden del día será abordar la conformación de una Comisión Iberoamericana para la Conmemoración de los Bicentenarios de las Independencias (a estas altura del partido era claro que el empleo del plural significaba que no se trataba sólo de que España quisiera vincularse respetuosamente a los 200 años de la independencia de los países de América Latina, sino que pretendía también que sus ex colonias se unieran a la celebración del Bicentenario de su propia guerra de independencia contra Francia, camino que conducía derechito a que los latinoamericanos renegáramos de la feliz ocasión en que Napoleón invadió la península y celebráramos la restitución del trono de Fernando VII y con ella la sangrienta Reconquista de las provincias de ultramar que le siguió).

Los países latinoamericanos no se dejaron seducir. Conducidos por la delegación de Ecuador, que en ese momento llevaba la secretaría pro tempore del Grupo, hicieron reconocer en la reunión de México la existencia del Grupo Bicentenario como la instancia que ellos mismos habían creado para la celebración, y definieron que el eje de la conmemoración se centraba en los hechos de este lado del mar Atlántico. En consecuencia, en la Cumbre Iberoamericana de 2008 en San Salvador, la SEGIB bajó sus banderas y los presidentes respaldaron el Grupo Bicentenario. Como dato anecdótico, el 15 de septiembre la agencia española de noticias EFE transmitió como un hecho la creación de la Comisión Iberoamericana, debiendo rectificar al día siguiente (la SEGIB no incluyó la rectificación en su sitio web). Le pasó a los españoles como hace unos siglos a Inglaterra, cuando acuñaron por anticipado una moneda para celebrar la toma de Cartagena de Indias, que el lisiado Blas de Lesso les convirtió en derrota.

En el proceso, sin embargo, España no salió con las manos vacías; su ganancia fue importante: Obtuvo un cupo como miembro pleno del Grupo, ya no como mero invitado, haciendo evidente que la antigua metrópoli no quería estar en la celebración latinoamericana con la humildad y el perfil de dama de compañía que pregonan desde el rey para abajo las autoridades hispanas. Tan no fue pírrico aquel logro, que al cabo de pocos meses el inicio del Bicentenario de la Independencia Latinoamericana, que correspondía celebrarse primero en América que en cualquier otra parte, concretamente el 25 de mayo de 2009 en Bolivia, se celebró el 11 de mayo en Madrid, donde el Reino de España llevó a cabo la presentación de su programa para la conmemoración de los 200 años de la emancipación de sus ex colonias, al cual, además de delegaciones de Europa y de organismos internacionales, acudieron en masa las comisiones Bicentenario de nuestros países.

Sea entonces ésta la primera razón para ser escépticos frente a una celebración latinoamericana del Bicentenario latinoamericano: Que pese a los avances en la organización de una instancia organizativa regional y a haberle ganado la disputa a España en su pretensión de imponer una Comisión conjunta entre vencedores y vencidos de la guerra de independencia, en la práctica España logró que nuestra celebración no saliera del ámbito iberoamericano y nos tomó la delantera al trasladar para su territorio la ceremonia inaugural del Bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos.

La segunda razón es que a este lado del Atlántico las celebraciones correspondientes a 2009 (Bolivia y Ecuador) fueron desperdiciadas como ejercicios conmemorativos continentales, y lo que se presentó a la faz del mundo fueron dos espectáculos de enfrentamientos políticos, el uno por la confrontación interna gobierno-oposición y el otro por el conflicto colombo-ecuatoriano y la utilización de bases militares en Colombia por tropas norteamericanas, opacándose así por completo la celebración del Bicentenario de los dos primeros Gritos Libertarios.

No es que lo sucedido en estos países sea ajeno al Bicentenario. Por el contrario, ambos tuvieron un profundo sentido de resignificación de los valores de la independencia (no al racismo, no al colonialismo, no a la violación territorial de otro país), pues no se trata de que queden encasillados en los albores del siglo XIX. Lo que se cuestiona es la oportunidad. Había y habrá otros espacios para tratar esos temas. Pero las fechas y los escenarios de los Bicentenarios son inamovibles. Sólo volverá a presentarse una coyuntura similar en 2109.

Quienes vivimos en Colombia, un país que ha dejado de lado el Bicentenario (el gobierno nacional de derecha no quiere saber nada de independencia ni recordar que un día hubo aquí una revolución, mientras al gobierno de izquierda de Bogotá ha limitado la conmemoración a elevar 37 globos aerostáticos por valor de US$ 1.5 millones y a demoler el barrio popular más antiguo de la ciudad, justo de los que le metieron pueblo al día de la independencia), teníamos la expectativa de que por lo menos nos tocara algo de la Celebración Latinoamericana, y por eso no nos resignamos a que ésta se envolate y frustre.

Finalmente, el tercer motivo que tiene en vilo el éxito del Bi-latinoamericano es el funcionamiento del Grupo Bicentenario. Después de dos años y cuatro meses de su creación en Valparaíso, el Bicentenario conjunto que el Grupo se comprometió a organizar no logra proyectarse como un hecho continental y menos universal. No se percibe que sea un evento visible en la región (el logosímbolo, los seres humanos que están al frente y las actividades programadas no tienen un reconocimiento alto, ni siquiera mediano, en la opinión pública latinoamericana; incluso el logo no ha sido incluido en la página web de algunos países miembros). Tampoco se ve que esta gran fecha para América Latina haya concitado la atención y la vinculación internacionales (no concurre más que España; no hay una resolución de la ONU sobre la conmemoración; la UNESCO no la ha adoptado dentro de sus prioridades; los medios mundiales de comunicación -salvo la BBC- no la tienen en su agenda). Y ya pasamos el primer año.

Reconociendo que es una experiencia inédita y que se trata de una instancia multilateral, con las dificultades que ello conlleva para alcanzar consensos, los países miembros del Grupo Bicentenario debieran dar más de sí mismos y exigirse cumplir las metas propuestas.

No debiera hacer carrera, por ejemplo, la política asumida por el Grupo Bicentenario en el primer semestre de 2009, que preconiza su neutralidad frente al Bicentenario de cada país. Mientras se desmoronaba la celebración de los 200 años del Grito Libertario del 25 de mayo de 1809 en Bolivia (más allá que un evento de una ciudad o de un país, era la primera piedra del Bicentenario Latinoamericano), en Buenos Aires los delegados a la reunión del Grupo Bicentenario de finales de abril cerraban los ojos y se dedicaban a redactar flamantes estatutos, al tiempo que empacaban maletas para el periplo por España.

El Grupo Bicentenario no debe limitarse a ser un espectador de las efemérides de cada país, sino co-organizador de las celebraciones, para que cada una de ellas sea, como dice la Carta de Intención de julio de 2007, una actividad conjunta entre los varios países miembros, hoy más hermanados que nunca.

¿Qué sigue?

En el calendario gregoriano, la celebración el 25 de mayo de 2010 del Bicentenario de la Independencia de Argentina. En el acontecer latinoamericano, el tercer evento de la celebración continental de dos siglos de derrota del colonialismo y del surgimiento de Nuestra América. Ojalá para entonces tengan eco las palabras del presidente de Paraguay durante la reunión de UNASUR en Bariloche, quien recordó que estamos en tiempos de celebración, que le demos una oportunidad al Bicentenario Latinoamericano.

Argentina puede ser esa oportunidad. La celebración argentina, primera de las cuatro de 2010, puede concebirse y presentarse al mundo como la apertura al Bicentenario continental que no se logró este año.

Para mayo del año entrante, la secretaría pro tempore del Grupo Bicentenario estará a cargo de Venezuela (enero-junio 2010), pero si se quiere hacer una conmemoración conjunta de los 200 años de la Revolución de Mayo de Buenos Aires de 1810, la organización debe ser asumida con mayor anticipación, dinamizada por México, país que lleva en este momento aquella secretaría (julio-diciembre 2009). En otras palabras, se necesitaría, con la anuencia del Grupo Bicentenario, hacer una alianza operativa entre México, Venezuela y Argentina con miras al 25 de mayo de 2010.

Argentina tiene previsto como evento central para esa fecha la reunión en Buenos Aires de la rutinaria Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno correspondiente a 2010, un evento que no se puede soslayar, porque esta fue una sede cabildeada por la hoy presidenta de Argentina, desde la Cumbre de Salamanca.

La realización de este evento, sin embargo, no significa que la celebración de Argentina se convierta en otro 11 de mayo de 2009 en Madrid, o sea, en la muy incómoda capitalización por España del Bicentenario Latinoamericano.

Bien puede organizarse una reunión de líderes mundiales que sesione una vez concluya la Cumbre Iberoamericana.

También sería posible que ese 25 de mayo fuera celebrado con eventos públicos en todos los países miembros del Grupo Bicentenario, y lo mismo se hiciera con el de Colombia en julio, con los de México y Chile en septiembre y con los tres que siguen en 2011. Recuérdese que en 1910 el Congreso de Colombia declaró días cívicos los días de la independencia de Ecuador y Venezuela.

Para ello puede impulsarse que la página www.grupobicentenario.org, remozada recientemente por México, sea parte desde enero de 2010 del menú informático de cada escuela y colegio del continente.

La manera como ha venido funcionando el Grupo Bicentenario no va a ser suficiente. El mecanismo de la secretaría pro tempore es apenas natural para una instancia como ésta (que además apenas va a durar hasta 2011), pero hay que inventar algún mecanismo que mejore su nivel de reconocimiento público. Así como España designó a un ex jefe de gobierno como embajador ad hoc para los Bicentenarios latinoamericanos, el Grupo latinoamericano pudiera ponerse en la tarea de escoger no uno sino varios embajadores que promuevan el Bicentenario alrededor de todo el mundo. Entre las infinitas opciones para esta escogencia, podría pensarse en que dichos embajadores fueran los Premios Nóbel de la región. Para los viajes pueden usarse los apoyos ofrecidos por la Cumbre Iberoamericana.

También habría que idearse alguna manera de conseguir y administrar recursos, porque el sistema actual de compartimentar los gastos ha probado su ineficacia. No se han logrado editar las memorias de los Diálogos del Bicentenario, y poco se puede esperar que un país asuma los costos de reproducir la revista u otros productos que otro diseñe.

El Grupo está en mora de poner en práctica la recomendación de la Cumbre Iberoamericana de San Salvador (recomendación y no mandato, porque el Grupo no es un órgano de la Cumbre) de invitar a los demás países de América Latina y a Portugal a ser miembros del Grupo, y convocar países de apoyo, como Francia e Inglaterra que tanto tuvieron que ver con nuestra independencia, obvio que desde sus intereses, pero para propiciarla y no para reprimirla como España.

Igual está en mora el Grupo de universalizar la celebración. Los países del mundo no se han involucrado en el Bicentenario Latinoamericano no porque no quieran, sino porque no se las ha invitado. Por el interés que han manifestado numerosos Centros de Estudios Latinoamericanos desde Polonia hasta Asia, es posible pensar que se puedan crear comisiones en muchos países.

En cuanto al contenido de las actividades del Grupo, éste se ha limitado a preparar actividades país por país, a medida que le llegue el turno de la celebración. Se echa de menos una comprensión del Bicentenario como el Trienio que es: 2009-2010-2011, y planificar en consecuencia. Aún se tendría que prever desde ahora el remate del Bicentenario en 2024. ¿No sería hoy el momento indicado para inscribir una Exposición Universal en Perú para ese año ante el organismo internacional competente?

En resumen, parece que se necesita adoptar un plan de salvamento del Bicentenario Latinoamericano que incluya:

  1. Que Latinoamérica recupere las riendas del proceso y universalice la celebración, no restringiéndola al estrecho ámbito iberoamericano;
  2. Que los Gobiernos se comprometan con la celebración y no confundan sus espacios con las controversias políticas nacionales o regionales;
  3. Que el Grupo Bicentenario se dote de mecanismos operativos y prepare una agenda para los dos años que faltan.

 

Riosucio, Caldas, Colombia, 14 de septiembre de 2009