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CÓMO HACER EL RECORRIDO POR LAS TRES ANTIOQUIAS
EN UN FIN DE SEMANA POR SOLO $ 132.000

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Mapa con los traslados de la ciudad de Antioquia

La anterior infografía permite apreciar el escenario en el cual transcurrió el proceso fundacional de la ciudad de Antioquia, hasta convertirse en Santafé de Antioquia. Sobre la primera ubicación en Peque (1541) y el traslado para Frontino (1542) no hay discusión. Para la tercera ubicación se incluyen dos fechas: 1546, cuando Robledo funda la Villa de Santafé, y 1573, cuando Antioquia Vieja desaparece “por consunción” y sus habitantes se trasladan para la villa, la cual toma desde entonces el nombre de Ciudad de Santafé de Antioquia.

En la actualidad, gracias a las facilidades de transporte automotor y el mejoramiento de las vías del Occidente antioqueño, es posible realizar el recorrido por los tres sitios donde tuvo lugar la fundación de Antioquia en un fin de semana, o, mejor dicho, en un puente festivo.

Dicho recorrido, para que sea práctico, no es preciso hacerlo siguiendo el orden en que ocurrieron los traslados (PEQUE, FRONTINO, SANTAFÉ DE ANTIOQUIA), pero necesariamente hay que incluir a BURITICÁ, ya que sus minas de oro fueron el incentivo y la razón de ser del poblamiento de una ciudad española en sus cercanías.

Y si se quiere agotar la materia, el viajero no debe dejar de ir hasta TURBO, en una de cuyas veredas (Punta de Piedra) quedaba para 1541-1546 el puerto de San Sebastián de Buenavista, usado tanto por Heredia como por Vadillo y Robledo para entrar y salir de tierra firme (no confundir con San Sebastián de Urabá, localizado en el sitio “Cañaflechal” de NECOCLÍ, que sólo duró entre 1509 y 1511).

No se recomienda empezar el recorrido por SANTAFÉ DE ANTIOQUIA, porque esta ciudad enamora por su belleza y acaramela los ánimos con su clima y su dulce tamarindo, retrasando el viaje. Es mejor empezar por PEQUE, si lo que se desea es llegar de una vez al sitio de la primera fundación de Antioquia (son 198 kilómetros de Medellín a Peque, siete horas de viaje y $ 35.000 el pasaje), o comenzar por BURITICÁ, si se quiere ir escalando geografías, como se hace en la presente ruta. 

Tiempos y precios en este recorrido corresponden al viaje de una persona en flota, propiamente buses de las empresas Gómez Hernández y Sotraurabá, las cuales entran hasta los pequeños municipios del Occidente; pero le dan una idea de las rutas, los tiempos y el costo del viaje a quienes deseen hacer el recorrido en automóvil particular o en excursión, con la advertencia que un bus de turismo de 36 pasajeros no cabe en la carretera de Juntas de Uramita a Peque.

La información contenida en este artículo se recogió durante dos viajes realizados por el suscrito: uno en la semana del 23 al 29 de febrero (Medellín-Buriticá-Frontino-Apartadó-Necoclí-Sn Juan de Urabá-Apartadó-Uramita-Peque-Medellín), regresando apenas a tiempo para asistir a las conferencias del 2 de marzo sobre los 400 años del Resguardo Indígena de San Lorenzo de Aburrá, y el otro viaje el 16 de marzo específicamente a conocer Santafé de Antioquia.

Con estos preliminares, el mapa pertinente para recorrer en un fin de semana las tres Antioquias, partiendo de Medellín hacia Buriticá, sería el siguiente:

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Ruta de la fundación de las tres Antioquias

Primer día

BURITICÁ. De la Terminal de Transportes del Norte de la ciudad de Medellín el primer bus para Buriticá sale a las 6:40 de la mañana y el siguiente a las 7:30 ($ 16.000). El bus sale por la Carretera al Mar por la nueva vía del Túnel de Occidente, que demora 5 minutos en cruzarse. A poco más de una hora se cruza el puente sobre el río Cauca, magnífico eje articulador de toda esta historia, llamado también Niyo, Sitamira, Coguya y Orrura en lenguas indígenas, según escribió Juan Vadillo, o Bredunco, como lo llama León de Greiff.

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Puente viejo de Santafé de Antioquia sobre el río Cauca

A hora y media de viaje pasamos por Santafé de Antioquia. 40 minutos más tarde se llega al Alto de Pinguro, que corona el cerro de Buriticá, poco antes de Manglar, corregimiento de Giraldo. En este alto el bus abandona la carretera principal y empieza un breve descenso de 7 kilómetros por una estrecha carretera pavimentada, a cuyos costados bulle de nuevo, como no pasaba en las últimas décadas, una frenética actividad minera de veta, que recuerda ineludiblemente la del cerro de Marmato (Caldas).

El casco  urbano de Buriticá está construido en un pequeño plan que por milagro se hace sobre la falda de la montaña y en él destacan la casa antigua que fuera de don Juan de Dios Higuita Lara (donde hoy funciona la Casa de la Cultura), y la colección de cerámica precolombina que con celo y amor se conserva en la casa de doña Lucelly Higuita Santa, en espera que reposen en el Parque Educativo en construcción. En internet se encuentran fotos del cacique Tateepe quemado vivo por Vadillo, pero personalmente no lo ví. Por encima de los tejados, mirando hacia el norte, los vecinos señalan la Loma de la Fragua, en la que pararon una vez las tropas de Robledo a herrar los caballos y donde Andrés Valdivia hizo la última reedificación de Antioquia Vieja por 1572. Algunos habitantes llevan nombres endógenos (Higuita, Tuberquia, Sucerquia), así como algunas veredas (Bubará, Cauraquia). En el componente de participación ciudadana del macroproyecto de la hidroeléctrica Pescadero-Ituango la comunidad privilegió la investigación de la historia del Municipio (Andrea Velásquez Ochoa y Leidy Diana Uribe Betancur. Memoria y patrimonio de Buriticá. Centro de Investigaciones Sociales y Humanas (CISH) de la Universidad de Antioquia / Municipio de Buriticá / EPM, 2015).
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Escenas de Buriticá. Fotos tomadas de internet

Después de almuerzo salimos de Buriticá con destino al Valle de Nore (Frontino). Mototaxis de cuatro pasajeros suben pasajeros constantemente hasta el Alto de Pinguro ($ 4.000).

FRONTINO. En el Alto de Pinguro se coge cualquier bus (un pulman de Cootrasuroccidente pasa a las 2:30 pm) hasta la entrada para Frontino, que es un paraje llamado Partidas, un poco más abajo de Cañasgordas (dos horas, $ 4.000). En Partidas pasa el transporte que va de Medellín o de Urabá para Frontino. Son 12 kilómetros hasta el pueblo, dice una valla que  anuncia la “Autopista al Mar I”, que se recorren en media hora ($ 4.000). La carretera, pavimentada, atraviesa un paisaje de suaves colinas de  baja altura, surcado por un pequeño río. Al pueblo se arriba con el sol de los venados, dando tiempo para alojarse ($ 20.000) y recorrer sus amplias calles y parques. No más llegar nos conectamos con el siglo XVI, pues los buses parquean justo en frente de la Farmacia “Nore”.

Frontino es un pueblo más bien plano que da buena impresión por su conformación urbana y estética de colonización antioqueña y por su gente. Cada año tiene lugar el encuentro de poetas “Bulevar de los Días”. Los frontineños son celosos de su pasado y conservan un importante acervo documental de su historia, aunque aún no se consolida como archivo histórico. Tienen una calle peatonal sembrada de palmeras y de pequeños bares/galería que son una invitación abierta a tertuliar alrededor de unas cervezas. Un personaje es Nicolás Serna, quien recorrió Colombia, Ecuador y Perú subido a una bicicleta hechiza de dos metros de altura. Es notoria la presencia de indígenas Embera Catío de los cercanos resguardos (Amparradó,  Murrí y Valle de Pérdidas). Hace cerca de diez años levantaron un monumento a la segunda fundación de Antioquia.

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Escenas de Frontino. Fotos: Blogs bulevarddelosdias y Frontinocotidiano

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Emberaweras en Frontino

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Casa de la Cultura de Frontino. Foto: Blog bulevarddelosdias

Un sitio emblemático de Frontino es la Casa de la Cultura “Gabriela White de Vélez”, un edificio patrimonial donde funcionó a comienzos del siglo XX la misión de los padres Carmelitas, una de las claves para entender el Urabá actual y la territorialidad indígena de la región. Uno de sus frailes, Pablo del Santísimo Sacramento, dejó escrito Al amor de los Karibes, un libro excepcionalmente bello, que describe en pleno siglo XX la misma naturaleza de la época de la Conquista, así como la vida de los Catíos y colonos antes que entrara la Carretera al Mar. Recientemente fue reeditado por la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, Colección Bicentenario de Antioquia, y cuyo título debiera cambiarse por Al amor de los Catíos.

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Segundo día.

FRONTINO. Para los madrugadores, a las 5:30 de la mañana salen del parque principal dos buses escalera: uno que va para Abriaquí y otro para el Corregimiento Nutibara, la patria chica del antiguo Señor de la tierra. El viaje l corregimiento dura una hora y 45 minutos por carretera destapada y $ 9.000 de pasaje. Aunque no hace parte de la presente ruta, aquí quedan dos imágenes que invitan a su visita.

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Escultura del cacique Nutibara en el Corregimiento Nutibara y túmulo funerario
 o Pirú en la vereda Piedras Blanquitas. Fotos del libro de Carlo Piazzini.

En el parque de Frontino se puede esperar que amanezca tomando café en una cafetería del atrio de la iglesia, debajo de una algazara de pájaros negros que como una plaga están deshojando los árboles del parque. Desde cierto punto se pueden observar en las lomas cercanas algunos cerrillos que en realidad son tumbas de los antiguos pobladores.

Después de desayunar, imposible hacer otra cosa que tomar la buseta que hace el recorrido hasta el barrio Manguruma, sitio de asiento de la segunda ciudad de Antioquia, la que refundó Isidro de Tapia, por orden de Juan Cabrera, el 7 de septiembre de 1942, a la que tres años más tarde el rey español le envió un escudo de armas enmarcado entre murciélagos y la misma que recibiera el constante ataque de los indígenas Catíos.

Este paraje fue recientemente incorporado al área urbana de Frontino, del que es considerado suelo de expansión, pues el terreno es apto para albergar un mayor número de habitantes. Sin embargo, haría falta que la traza urbana contemple de alguna manera la importancia que tiene el sitio para todo el Departamento, como asiento de la segunda Antioquia y frontera de guerra de los indígenas con las huestes hispanas.

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Escenas del barrio Manguruma de Frontino. Panorámica. Parque en construcción 2011.
Obra del maestro Reinaldo Correa Gutiérrez (fotos tomadas de internet)

 

     

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El centro de Frontino visto desde el camino hacia el barrio Manguruma y obra de Reinaldo Correa Gutiérrez (fotos tomadas de internet)

De Frontino hay que salir al medio día para alcanzar el bus que sale de Medellín para Peque a las 9:00 de la mañana y está pasando por Uramita cerca de la 1:00 de la tarde. Después de esa hora no entran más buses a Peque. De Frontino a Uramita hay transporte directo (media hora y $ 8.000), discurriendo la carretera por el borde del río Sucio (Antioquia). Quienes no lleven dinero en efectivo deben resolver el asunto en Frontino, porque en Uramita no hay bancos.

PEQUE. El viaje de Uramita a Peque consta de 65 kilómetros, dura tres horas por carretera destapada pero en muy buen estado y el pasaje cuesta $ 16.000. Es una vía estrecha, de las que no caben dos carros al mismo tiempo. La primera hora transcurre en un ascenso suave que sigue el curso del río Uramita, en medio de la florescencia rojiza de un bosque de cámbulos o cachipays (extrañamente no hay guaduas), hasta llegar a Juntas de Uramita, corregimiento que, pese a su nombre, pertenece a  Cañasgordas. La siguiente hora consiste en un bravo ascenso hasta el Alto de las Tumbas, a 2.600 metros de altura, con vistas espectaculares hacia el cañón del río Sucio. Se ve en este tramo una montaña cuya pendiente traza una elipse tan perfecta que más parece una cascada precipitándose al vacío. El último trayecto es de una hora de bajada serpenteante por una pendiente que no tiene nada que envidiarle en profundidad e imponencia al Cañón del Chicamocha (Santander). Al fondo, o en lo que uno cree que es el fondo, aparece el pueblo de Peque (1.200 metros). Cuando llegamos, nos cuentan que el cañón se prolonga otras tres horas hasta el río Cauca, al frente del municipio de Sabanalarga, célebre territorio de los indígenas Nutabes.

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Panorámica de Peque. Foto: www.concejo.peque-antioquia.gov.co

El domingo es día de mercado en Peque, por lo que hasta bien entrada la noche hay una gran actividad alrededor del parque principal, signo de la buena dinámica económica de un municipio que se recupera de tiempos difíciles. Un par de cómodos hoteles acogen a los visitantes ($ 25.000). El parque está en remodelación, pero cuenta con buena cobertura arbórea. La iglesia es sencilla y no muy antigua, pues la que había fue incendiada en la época de La Violencia. La trama central tiene el encanto de cierta asimetría, tanto en la altura como en la orientación de las calles. La reciente construcción de un moderno equipamiento urbano (Casa de la Cultura, Parque Educativo, coliseo y estadio de fútbol) le ha cambiado la cara a la ciudad.

  

 

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Escenas de Peque (Fotos de internet)

Cuando uno se asoma al balcón del hotel entiende porqué Peque se conoce como “La verdadera capital de la montaña” y porqué los cronistas del siglo XVI  hablaban de “aquella áspera serranía”, pues es como si enfrente se hubieran aglutinado todas las montañas de Antioquia. La sensación es aplastante, como si te cayeran encima no solo todas las montañas, sino las notas del Himno Antioqueño, la Memoria del cultivo del maíz en Antioquia, La marquesa de Yolombó y las obras de Arenas Betancur y de Pedro Nel Gómez juntas.   

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Dibujo de las montañas ubicadas al sur de Peque, donde
 se señala el camino de salida hacia la vereda Santa Águeda

El año pasado Peque cumplió el Centenario de su erección como municipio (1915-2015). La celebración fue grande, y de ello quedó registro en una excelente Monografía Municipal de esmerada edición en papel laminado, profusamente ilustrada a cuatro tintas, con cuadros y viñetas explicativas, y dividida en dos tomos: el primero dedicado a las generalidades de la localidad y del casco urbano, y el segundo a la descripción de las seis zonas en que se divide el área rural, y de cada una de sus veredas. Su elaboración exigió un ingente esfuerzo a profesores, líderes y funcionarios, pero valió la pena.

El primer tomo termina con la descripción de dos rutas camineras o recorridos viajeros: el primero se dirige al oriente (Peque-Popal-Las Lomas-El Aura-La Guadua-El Caliche-Lomitas) y el segundo hacia el sur del municipio, en dirección hacia Buriticá (Peque-Santa Águeda-El Agrio-Loma del Sauce). El segundo tiene una extensión de 22 kilómetros que se recorren a pie entre seis y siete horas, y cuya VII Estación (de XXIII) es, precisamente, la finca “La Ciénaga”, sector de la vereda Santa Águeda, donde se fundó la primera Antioquia, a dos horas y media de camino de la cabecera municipal.

Tercer día

PEQUE. Para dirigirse al antiguo Valle de Ebéjico, sitio donde fue fundada la primera Antioquia, y meta propuesta de la ruta, hay que madrugar, porque el viaje de ida y regreso dura cinco horas y por el momento la última flota sale de Peque para Medellín a las 12 del día.

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“Caminamos en Peque” #RutacaminerANT (foto de internet)

El camino hacia La Ciénaga, descrito en la Monografía de Peque, comienza en el parque principal (1.200 m.s.n.m.) Del pueblo se sale por el barrio El Fundungo hasta bajar a la quebrada Peque (1.120 ms), de donde comienza el ascenso por la vereda San Juliancito hasta llegar al filo llamado Portachuelo (1.700 ms), el último mirador sobre el pueblo. Pasado este filo se ingresa a la vereda Santa Águeda y a poco andar se llega a la finca “La Ciénaga”, sitio de fundación de la primera Antioquia el 4 de diciembre de 1541, fecha y lugar que marcan el punto de quiebre entre dos civilizaciones.

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Recorrido viajero. Monografía Municipal, tomo I

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Finca “La Ciénaga”, vereda Santa Águeda

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Finca “La Ciénaga”, vereda Santa Águeda. Foto José Ubeimar Arango

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La lagunilla de la finca “La Ciénaga”, vereda Santa Águeda. Foto José Ubeimar Arango

“Continuamos hacia la parte central de la vereda Santa Águeda por una travesía de unos 25 a 30 minutos, donde pasaremos de 1.732 a 1.941 m.s.n.m., donde hallamos una llanura pequeña donde se ubica la mayoría de las casas de esta vereda y por supuesto la escuela, un lugar bonito donde encontramos la calidez de las personas del lugar”, dice la Monografía.

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Fuentes de agua de la vereda Santa Águeda. Alcaldía Municipal.
Informe de infancia y adolescencia de Peque, 2011 (www.sinfoniaunicef.info)

Hasta aquí el recorrido pertinente (Otros harán la ruta completa hasta la Loma del Sauce y de ahí pasarán a Buriticá). Hora de sacar de la mochila la fotocopia de, por lo menos, dos escritos que le dan sentido al territorio que se pisa y al paisaje circundante.  El uno, la descripción hecha en el siglo XVI  por el escribano de Robledo de la batalla que siguió a la fundación de Antioquia, y el otro el cuadro probable que exhibió la primigenia ciudad, escrito a finales del siglo XX por Benjamín Pardo:

LA BATALLA DEL VALLE DE EBÉJICO, POR JUAN SARDELA

A diferencia de las otras ciudades robledanas (Anserma, Cartago y Arma), cuya fundación no estuvo acompañada de un encuentro de armas inmediato con los dueños del lugar (fueron anteriores o posteriores), la fundación de Antioquia en el valle de Ebéjico fue seguida de la inmediata resistencia del cacique local, Zazaburruco, quien muere en la batalla. Juan Bautista Sardela, escribano del capitán Jorge Robledo, relata este episodio, más pertinente de figurar en los textos de educación secundaria del país que las batallas de los griegos en las islas del Peloponeso:

“Y al cabo de dos días, que de aquella provincia [la Loma de la Fragua, Buriticá] salimos, descubrimos una provincia que se dice Ebéjico en nombre de indios, a donde los naturales, como tenían noticia de nuestra venida, estaban alzados y amontados de sus casas; y andaban en escuadrones por las lomas, bailando, tocando tambores y dando muy grandes alaridos (…) por la banda de una quebrada donde estaba el capitán, vinieron los indios a hablar con él; le preguntaron que qué era lo que quería y buscaba en aquella tierra, que nos fuésemos de ella. El cual les dijo: que él venía en nombre de su Majestad, de quien era aquella tierra, y a vivir en ella para siempre, porque había de poblar una ciudad. Y le respondieron: ¿que si habíamos nosotros hecho aquellos bohíos y plantado los árboles, para que fuese del Rey, como les decía, aquella tierra? Qué supiese, que si no nos queríamos ir de ella, que nos habían de comer a todos (…)

“Y luego el capitán, a 25 de noviembre de 1541 años [4 de diciembre quedó oficialmente consignado en el acta de fundación], en nombre de su Majestad y del gobernador Belalcázar, fundó una ciudad, que la tituló Antioquia, y nombró por alcaldes ordinarios al capitán Mendoza y a Diego de Mendoza, y por regidores al capitán Vallejo y a Juan de Yuste y a Francisco de Avendaño y a Francisco Pérez Zambrana, y a otras personas honradas; lo cuales todos hicieron la solemnidad que se requiere. Y fundada la dicha ciudad, y repartidos los solares, tierras y estancias a los vecinos pobladores, visto por el capitán cómo todavía naturales andaban en escuadrones de guerra por las lomas y no querían venir de paz, aunque hacía cerca de dos meses que no se hacía otra cosa sino enviarlos a llamar con indios y no consentía que nadie saliese contra ellos, y que tomaban atrevimiento de venir a desvergonzarse hasta la ciudad; porque de aquí no sucediese algún daño mandó apercibir cuarenta hombres de a pie, y con ellos mandó al capitán Vallejo a que diese sobre ciertos indios que estaban junto en un pueblo que se dice de las Guamas, que le pusimos este nombre porque tenía mucha multitud de árboles de esta fruta que se dice guamas, el cual estaba de la otra banda de la loma de la Cruz. El cual se partió en anocheciendo, y era tanta la oscuridad y agua que aquella noche les hizo, y como era en fin de noviembre, hízoles tan gran frío de media noche arriba que no se podían valer los unos a los otros, que aina se quedaran helados, y por remedio tomaron de no pararse sino siempre caminas. Y ya que estaban cerca del pueblo, a la subida de una loma, fueron sentidos de dos indios que estaban puestos por espías, los cuales se fueron para el pueblo dando muy grandes voces; y como los españoles vieron que eran sentidos, diéronse muy grande prisa a andar, y casi llegaron a un tiempo con los espías. Y como la noche era tan oscura, que sería dos horas antes del alba, los naturales, para haberse defender, salían de los bohíos con unos hachos de paja ardiendo, que fue muy grande ayuda para que los nuestros pudiesen dar en ellos.

“Y no pudieron  llegar tan aina, que ellos no hubiesen alzado mucho de lo que en los bohíos tenían, y los indios enviaban las mujeres, muchachos y muchachas cargados adelante, con sus hachos de paja, y armas en las manos, encendida. Y los españoles, viendo cómo arremetieron como unos leones y los indios a ellos, que fue una cosa espantosa de ver la guasábara que allí se tuvo, porque los indios eran muchos; pero todavía, con la ayuda de Nuestro Señor, los desbarataron con muy grande mortandad de gente de su parte, y se mató aquí un señor que se decía Zuzaburruco. Y ya era de día claro cuando los indios dejaron el campo y los españoles tuvieron lugar de entrar en los bohíos, y se tomó mucha cantidad de oro y ropa de algodón y se prendió mucha gente. Y estando los nuestros tomando un poco de huelgo del trabajo pasado, porque habían seguido en alcance de los indios por una sierra arriba buen rato, vieron que muy gran cantidad de indios tornaba sobre ellos, y visto por el capitán Vallejo, que era el caudillo que llevaban, cómo se viese sin caballos, y ya ser de día, y tener un mal paso para bajar, podría recrecer algún daño si a los naturales aguardaban, se acordó de retirarse a lo bajo, y así lo hizo. Y aun no eran bien abajados, cuando los naturales estaban en lo alto y empiezan desde allí a arrojar mucho número de galgas [piedras] y tirar con ondas, que descalabraron algunos españoles, los cuales tenían que pasar por fuerza un río que junto al alto estaba, el cual, a la ida cuando lo pasaron, no lo pudieron pasar sino con madera medio a nado, y a la vuelta, como eran tantas las piedras que sobre ellos caían, lo pasaron como si hubiera río, sin aguardar el uno al otro, según  la lluvia de piedras que sobre ellos caía. Y todavía lo pasaran mal, si no fuera porque el capitán, con ciertos [hombres] de a caballo, había amanecido de esta otra banda del río, para hacerles espaldas a los españoles cuando volviesen. Y como llegaron al capitán indios que llevaban presos, él les habló diciéndoles que por qué no habían querido venir de paz, habiéndoles enviado a llamar tantas veces, pues sabían que él no les hacía mal ninguno, antes les daba muchas cosas que ellos tenían en mucho, que por qué querían más ser muertos y andar por el arcabuco fuera de sus casas al frío y al agua; que se vinieren a ellos y se estuviesen quedos, y que si algún daño se les había hecho, era porque eran bellacos y no querían venir a la obediencia a su Majestad, como él tantas veces se lo había enviado decir. Respondiéronle que ellos paz querían, pero que tenían noticia que otros hombres como nosotros habían pasado por una provincias de Nori y Buriticá y Guaca, que están de aquellas provincias a treinta y cuatro leguas, que habían muerto todos los indios y señores de ellas, habiéndoles salido de paz; y que ellos tenían temor no se les hiciese lo mismo. Lo cual decían por dos armadas que salieron de la provincia de Cartagena, que la una era del licenciado vadillo y la otra de Juan Graciano, que por allí habían pasado; que como no llevaban intención de poblar la tierra y permanecer en ella, robaron y destruyeron todo lo por donde pasaron, como aquello que poco les había costado. Y esto ha causado tanto daño en estas provincias de Ebéjico y sus comarcas, que ha sido causa que los naturales hayan estado tan rebeldes”.

Fuente: Juan  Bautista Sardela. “Relación del descubrimiento de las provincias de Antiochia por Jorge Robledo” [sin fecha, cerca de 1543], publicada en Repertorio Histórico, Revista de la Academia Antioqueña de Historia, Nº 3, octubre de 1921, pág. 25/38 (disponible en internet). Se adaptado la escritura antigua al castellano actual. La edición más fiel al original puede consultarse en la obra del historiador Hermes Tovar Pinzón Relaciones y visitas a los Andes, siglo XVI. 

LA VIDA EN LA PRIMERA ANTIOQUIA, POR BENJAMÍN PARDO

Qué aspecto presentaría la primigenia Antioquia al otro día de la fundación y cuáles las rutinas y hechos que marcaron su cotidianidad inicial, son presentados con solvencia por Benjamín Pardo, quien a la lectura de los cronistas le sumó el recorrido físico del terreno:

“Podemos ahora imaginarnos cómo sería el comienzo de nuestra ciudad: en un estrecho y pintoresco valle, ubicado en el paraje Santa Águeda, perteneciente al actual municipio de Peque, son construidas unas cuantas chozas alrededor de una rústica capilla, quizá con rudimentaria simetría para formar una pequeña plaza. En el centro de ésta se alza el madero que el fundador “señaló por Picota, para que en ella fuese ejecutada la justicia real de Su Majestad”. No lejos de las primitivas edificaciones el agua brota de la entraña de la tierra para hacer fecundo aquel asiento donde un puñado de atrevidos hispanos, añorando el patio solar, las vegas del Tajo y del Ebro, del Guadalquivir y el Duero, no menos que las sierras de Guadarrama y Morena y los montes cantábricos, ha decidido enseñorearse del reino del cacique Zuzaburruco. De los montes vecinos son traídos los maderos que han de mantener el fuego del hogar. Hacia el poniente, en agreste colina, llamada la ‘Loma de la Cruz’, el signo redentor de Cristo levanta sus brazos para bendecir la incipiente colonia española, que a pesar de su pequeñez y su pobreza ha sido bautizada con la categoría de ciudad, mientras el emperador de España le otorga oficialmente tal preeminencia. A poca distancia, en dirección norte, se halla una ‘lagunilla de agua, pequeña’ que el fundador describe con singulares detalles. Ya se han impartido órdenes para preparar los terrenos que recibirán las primeras siembras, de las que se esperan óptimas cosechas.

“Así trascurrieron los primeros días de aquel diciembre de 1541, que, aunque pacífico, se vio momentáneamente turbado por las incursiones belicosas de los naturales, que fueron reducidos a la obediencia mediante la acción vigorosa y acertada del capitán Vallejo. Quince días después de la fundación, en la mañana del domingo 18 de diciembre, el fundador quiso dar gracias al Todopoderoso por los favores otorgados a aquellos hombres que, tras largo camino y ardorosas luchas, lograban el ansiado don de la paz. Solemne procesión y misa cantada en la ‘Loma de la Cruz’ fueron los actos religiosos cumplidos por los fundadores. Fray Martín Robledo (según parece) celebró el Santo Sacrificio ante la reverente actitud de los españoles y la curiosa mirada de los indios.

“Los naturales, empero, no se daban por vencidos. La vecina provincia de Peque se alzó contra los peninsulares, por lo cual Robledo envió a Antonio Pimentel con más de treinta soldados para obtener su pacificación. Aquí se hizo notable ‘Turco’, el perro de los conquistadores, que prestó considerables servicios, pues causó gran temor entre los indios, varios de los cuales (unos seis o siete, según el cronista) fueron despedazados por el can, como ya se mencionó en el capítulo anterior. Mas la tropa española también pagó su tributo: algunos soldados fueron heridos y uno de ellos fue hallado con el cráneo destrozado. Con esta nueva baja, la primera después de la fundación de la ciudad, llegó a siete el número de muertos y los fundadores de la ciudad quedaron en 78 (…)”.

Fuente: Benjamín Pardo Londoño. La Ciudad de Antioquia y la Villa de Santa Fe: orígenes del pueblo antioqueño. Medellín, Fondo Editorial de la Universidad EAFIT, 2010. Colección Bicentenario de Antioquia, págs. 103-104. Disponible en internet

Como se puede apreciar, la ruta viajera a la primera Antioquia en la vereda Santa Águeda de Peque está construida. Los pequenses la tienen debidamente identificada y recorrida, y están preparados para la guianza. Lo que falta son visitantes. Tal vez más temprano que tarde sea posible que este emblemático lugar y el camino Peque-Buriticá sean incluidos dentro de los destinos privilegiados del Departamento. Entonces podrá pernoctarse en el caserío de Santa Águeda. Mientras tanto, hay que regresar a Peque.

Pero antes de volver a remontar el Alto de las Tumbas y recorrer de nuevo el alegre curso del río Uramita, conviene recordar que Peque y el territorio comarcano, así como están unidos al origen del Departamento de Antioquia, igual lo están al surgimiento de Medellín, pues de aquí eran los indígenas Peques, Ebéjicos y Noriscos que en 1616 el oidor Lesmes de Espinosa y Saravia sacó de su tierras (tan cercanas a los insumisos Urabáes y Guazuces) para concentrarlos en el Resguardo de San Lorenzo de Aburrá, en la otra banda del río Cauca.

Fin del tercer día

SANTAFÉ DE ANTIOQUIA. Habiendo salido de Peque a las 12:00 del mediodía,  a la antigua capital de la provincia se llega a las 5:30 de la tarde ($ 25.000), o antes si el conductor del bus no para a comer en Manglar.

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“Tipología de la arquitectura doméstica de Santafé de Antioquia”
http://jagueyes.com/www.jagueyes.com/TIPOLOGIA_ARQ_DOMESTICA_STA_FE_ANTIOQUIA.html#11

Santafé de Antioquia hace parte de los Pueblos Patrimonio de Colombia, con Mompox, Pamplona, Ocaña, Salamina, etc. En su monumentalidad se aprecia la importancia de su lugar en la historia, a la vez que la magnitud del trabajo social invertido en su construcción. Es más pequeña que otras ciudades coloniales (el centro histórico se compone de unas cuantas cuadras), pero es muy bonita, y mantiene intacto el pasado en sus calles, plazas y muros, reflejo de una comunidad local cohesionada en torno de la conservación de su ciudad, aunque algunos edificios amenazan ruina, y recientemente ha habido un par de patrimonicidios para construir locales comerciales.

Al viajero le queda la impresión de que en la ciudad ya no hay espacio para una placa más. Placas, estatuas y hasta una gran fuente de bronce que le regaló la Alcaldía de Medellín a Santafé de Antioquia en sus 450 años, siendo alcalde Juan Gómez Martínez, cuya familia es de esta localidad. Los grandes ausentes en los monumentos: los indios y los negros; aunque es de reconocer que el mismo Juan Gómez hizo parte de la Asamblea de 1991 con la que Colombia empezó a recorrer la difícil pero certera senda para ponerse al día en estas materias.

Definitivamente la caída de la tarde es la mejor hora para llegar a la Ciudad Madre después de cinco horas de camino desde Peque. Liberados del calor del resto del día, el restaurante ubicado donde fuera la Casa de la Fundición, lateral a la Alcaldía (Casa Consistorial), permite reponer el cuerpo con una sencilla comida, y proporciona la fresca necesaria para una reflexión igual de sencilla.

Esta ciudad merece todos los homenajes que se le han hecho después que Medellín la sustituyó en la capitalidad de la provincia, y para visitarla hay dedicarle un par de días a ella sola; pero en el presente periplo, Santafé de Antioquia es la última etapa de un recorrido donde la cereza del pastel ha sido sin lugar a dudas la vereda Santa Águeda de Peque, sitio de la primera fundación.

Concluido el periplo del fin de semana, revisitados los cronistas españoles, consultadas algunas obras recientes y examinados a vista de ojos los lugares protagonistas de los hechos del siglo XVI, es evidente que los 475 años de la fundación de la ciudad y la provincia de Antioquia no caben en Santafé de Antioquia, y que es necesario vincular a Peque, Frontino y Buriticá en la efeméride, pero no como convidados de piedra, sino con reconocimientos significativos del papel que juegan en la conservación de la memoria y del patrimonio histórico y arqueológico de los antioqueños.

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Casa Consistorial de Santafé de Antioquia vista desde la Casa de la Fundición
(foto www.eltiempo.com)

 

 

Hora del regreso. Con el Túnel de Occidente y la nueva doble calzada de la carrera 80 a la entrada al túnel, Santafé de Antioquia quedó apenas a una hora y pucha de Medellín ($ 10.000).

CUADRO RESUMEN DE LA RUTA POR LAS TRES ANTIOQUIAS

 

Recorridos

 

Tiempo de viaje

 

Valor pasaje

 

Valor alojamiento

Medellín-Buriticá

2 horas y media

$ 16.000

 

Buriticá-Frontino

4 horas

$ 12.000

$ 20.000

Frontino-Uramita

3/4 hora

$ 8.000

 

Uramita-Peque

3 horas

$ 16.000

$ 25.000

Peque-Santa Águeda

2 horas y media

*

 

Santa Águeda--Peque

2 horas y media

*

 

Peque-Santafé de Antioquia

5 horas y media

$ 25.000

 

Santafé de Antioquia-Medellín

1 hora y media

$ 10.000

 

Subtotal

 

$ 87.000

$ 45.000

Total

 

 

$ 132.000**

*Aún no se sabe el valor de la guianza ni de las mulas si fuera el caso.
**No incluye alimentación.

 

AGRADECIMENTOS

Mil gracias a las personas que con su hospitalidad y generosa conversación hicieron posible que lo que empezó como una aventura se convirtiera en el presente insumo para la construcción de una ruta viajera con motivo de los 475 años de la fundación de Antioquia.

En Santafé de Antioquia

Oscar Eusse
Director de la Casa de Cultura

Edith Nanclares
Jefe del Archivo Histórico

Francisco Guisao,
Numerario del Centro de Historia de Santafé de Antioquia.

Martha Villafañe
Directora del Museo Juan del Corral

En Buriticá

David Berrío Pereira
Director de la Casa de la Cultura "Juan de Dios Higuita Lara"

María Lucelly Higuita Santa
Historiadora y custodia de piezas arqueológicas

En Frontino

Mauricio Gómez
Director de la Casa de la Cultura "Gabriela White de Vélez"

Alix Puerta Alcaraz
Miembro de la Corporación Cultural Frontino Siglo XXI

En Peque

José Delfín Pérez
Director de la Casa de Cultura y del Parque Educativo "La verdadera capital de la Montaña"

José Ubeimar Arango
Profesor de la Institución Educativa Presbítero Rodrigo Lopera Gil
Participante de la Organización Caminera de Antioquia

En Apartadó

Lida Mejía
Directora de la Casa de la Cultura

Julio Martín Jaramillo
Historiador

En Necoclí

Edwin Liñán Granados
Director de la Casa de la Cultura