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FUNDACIÓN DE SAN LORENZO DE ABURRÁ Y DE OTROS
NOTAS PRELIMINARES Medellín ha tenido como una de sus efemérides más entrañables el 2 de marzo, en memoria de la fundación de San Lorenzo de Aburrá, en el sitio donde hoy se ubica el parque de El Poblado, ocurrida el 2 de marzo de 1616. En 1966 se celebraron 350 años de dicha fundación, y el año próximo se arribará al IV Centenario. Esta fecha recuerda que en 1616, treinta años antes que empezara a formarse en caserío de Aná en 1649 y sesenta años antes de que se fundara la Villa de Nuestra Señora Candelaria de Medellín en 1675, los españoles organizaron un pueblo de indios en el Valle de Aburrá, donde, alrededor de una capilla doctrinera dedicada al mártir San Lorenzo, fueron ubicados 500 nativos de distintas tribus de Antioquia, a los cuales se les asignó un resguardo de tierras que iba desde el cerro Nutibara hasta el Alto de Minas. Como todas las efemérides, que son construcciones sociales e históricas, la presente merece precisar por lo menos cuatro aspectos fundamentales:
Ahora bien, en torno a San Lorenzo de Aburrá ha girado una disputa sobre si este pueblo de indios puede considerarse el origen de Medellín o no. Hasta hace cincuenta años se le consideraba como tal, al punto que los 350 años de su fundación se celebraron en 1966 con gran pompa y boato, como si se tratara de la fundación misma de la ciudad, ya que se razonaba que la primera fundación de Medellín había sido este pueblo de San Lorenzo en el paraje de El Poblado, desde donde posteriormente fue trasladado hasta la quebrada de Aná, hoy Santa Elena. Nuevos estudios históricos demostraron que el pueblo de indios tuvo una consistencia muy distinta a lo que sería Medellín, y que no hubo tal traslado del pueblo de San Lorenzo, el que se consumió en el mismo sitio donde fue fundado. Que Medellín tuvo como origen el sitio de Aná, un asentamiento blanco y mestizo que se formó espontáneamente a partir de 1649 por fuera del Resguardo Indígena, alrededor de una capilla construida donde hoy quedan las ruinas del Cementerio de San Lorenzo, que luego se pasó a lo que es el Parque de Berrío, donde se fundó la Villa de Nuestra Señora Candelaria de Medellín en 1675, que es la fecha que se tomó para celebrar el Tricentenario de la ciudad en 1975. Conviene aclarar, empero, que si bien no hay continuidad entre San Lorenzo de Aburrá y la Villa de Medellín, son innegables los aportes del primero a la conformación de la segunda. Y en cualquier caso, desligar la fundación de San Lorenzo de Aburrá de la fundación de Medellín no es una desgracia. Por el contrario, tiene varias ventajas:
Finalmente, a nivel historiográfico, es para destacar que para el IV Centenario de la fundación de San Lorenzo de Aburrá, los historiadores y el público en general cuentan, además de las conocidas obras de Francisco Duque Betancur, el padre Javier Piedrahita Echeverri, Roberto Luis Jaramillo y Pablo Rodríguez, con la reciente publicación, en 2010, por parte de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, de la transcripción de los documentos de la visita que realizara el oidor Francisco Herrera Campuzano entre 1814 y 1816 a la Provincia de Antioquia, valioso trabajo que estuvo a cargo de los profesores Juan David Montoya Guzmán y José Manuel González Jaramillo. Evacuados los anteriores preliminares, se presenta enseguida una breve reseña de los hechos a conmemorar en 2016. FUNDACIÓN DEL PUEBLO DE INDIOS DE SAN LORENZO DE ABURRÁ Desde finales del siglo XVI la Real Audiencia de Santafé de Bogotá envió a sus oidores a recorrer el naciente país del Nuevo Reyno de Granada en las llamadas “Visitas a la tierra”, las cuales tenían por objeto garantizar la subsistencia de los diezmados indios, investigar a los encomenderos, organizar los tributos, mejorar las poblaciones, y en algunos casos sustraerlos de zonas de guerra. En 1614 el oidor Francisco Herrera Campuzano fue comisionado para realizar la primera visita a la provincia de Antioquia, setenta años después de la Conquista y de haber sido establecida la Real Audiencia (las tropas de Jorge Robledo entraron a Antioquia en 1541 y la Audiencia de Santafé es de 1550). Luego de recorrer el nordeste del actual departamento Herrera llegó a Santafé de Antioquia, donde el 8 de julio de 1615 ordenó la construcción de ocho pueblos de indios, cada uno con sus respectivas tierras de resguardo. Los ocho pueblos de indios fueron Corcora, Santiago de Arate, San Sebastián de Ormana, San Francisco de Tacu, San Antonio de Buriticá, Nuestra Señora de Sopetrán, San Juan del Pie de la Cuesta y San Lorenzo de Aburrá. En estos pueblos de indios fueron concentrados los nativos sometidos a los españoles hasta ese momento (incluso los originarios del sur de la provincia, como los de Caramanta, que terminaron en Sopetrán). Pero aparte de los sometidos, seguía habiendo en las cercanías una numerosa población indígena en guerra contra los invasores españoles en las zonas de Urabá, Chocó y Alto Sinú.
Los cuatro primeros pueblos mencionados desaparecieron. De los cuatro últimos desapareció la población indígena con que fueron fundados, pero en su desarrollo dieron lugar al surgimiento de los actuales municipios de Buriticá, Sopetrán, San Jerónimo y Medellín. El objetivo era reducir o congregar a los indios que hasta entonces vivían dispersos en las haciendas de los encomenderos en un pueblo donde vivieran civilizadamente como españoles, pudieran ser adoctrinados en la religión cristiana y quedaran a salvo de los abusos de los encomenderos, quedando anexos a reales de minas o a haciendas ganaderas. En el caso de San Lorenzo, su fundación tuvo la finalidad táctica adicional de trasladar allí a unos indios del norte de Antioquia para evitar que se escaparan hacia las tierras vecinas de Urabá y Alto Sinú, donde los pueblos Urabaes y Guazuces se mantenían en guerra contra los españoles. De esta manera en el pueblo y resguardo de San Lorenzo de Aburrá fueron concentrados los indios Aburraes (naturales de la tierra); los indios Yamecíes (trasladados de Zaragoza), y los indios Peques, Ebéjicos y Noriscos (trasladados del eje Dabeiba-Peque-Ituango). “En la ciudad de Santa Fe de Antioquia, a ocho días del mes de julio de mil y seiscientos y quince años, el señor licenciado don Francisco de Herrera Campuzano, del consejo del Rey Nuestro Señor, oidor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada y visitador general de esta Gobernación de Antioquia […] Dijo que mandaba y mando que se hagan tres poblaciones de todos los indios de [la jurisdicción de] esta ciudad: que la una se haga en el sitio que llaman del Pie de la Cuesta, y la otra en el hato Viejo que llaman de doña María de Quesada […] y que la tercera se haga en el Valle de Aburrá […] “Y en el sitio del Valle de Aburrá [se pueblen] el repartimiento de Norisco, encomendado en el capitán Alonso de Rodas el mozo, que son seis indios útiles y catorce personas. “El repartimiento de Aburrá y Yamecíes de que se dice encomendero el capitán Alonso de Rodas el viejo, que son todos veinte y cinco indios útiles, seis reservados, uno ausente y setenta y siete personas de mujeres e hijos. “El repartimiento de Peque y Ebéjicos de la dicha encomienda del dicho Alonso de Rodas el viejo, que son cincuenta y cinco indios útiles, quince reservados, un cacique y doscientas personas de mujeres e hijos. “Todos los cuales dichos indios y sus familias en la manera susodicha se pueblen en los dichos sitios y los dichos indios Peques y Ebéjicos se pueblen como dicho es en el dicho sitio de Aburrá, por cuanto esto conviene que se aparten más de esta ciudad [de Antioquia] y sitios antiguos suyos de Peques y Ebéjicos, donde, como se entiende, no estaban con la seguridad que convenía respecto de estar lejos de esta ciudad y ellos tan vecinos de los indios Guaçuçes y Urabáes de guerra, con quienes se comunicaban, por lo cual los tiene enviados Su Merced [el visitador Herrera] día ha, al dicho sitio de Aburrá. Y en cuanto a los Yamecíes de que se dice encomendero el capitán Juan de León del Castillo, se reserva proveer lo que convenga” (Nota 1).
Al año siguiente el oidor Campuzano se dirigió al valle de Aburrá, donde el 2 de marzo de 1616 les hizo entrega material del resguardo a los indios del pueblo de San Lorenzo de Aburrá. El pueblo se fundó con 500 indios y su capilla estuvo ubicada donde hoy queda el barrio El Poblado de Medellín. El resguardo comprendió un territorio que iba, a lo largo, desde el cerro Nutibara (cerca al actual aeropuerto) hasta el Alto de Minas, y a lo ancho, de cerro a cerro. Es decir, todo el sur del valle de Aburrá. “[El visitador] dijo que señalaba y señaló a los dichos indios de la dicha población de San Lorenzo de Aburrá y para sus sucesores por términos y resguardos, para sus rozas, labranzas y sementeras, ejidos propios, pastos y baldíos, y para sus bestias y ganados y crianza de ellos, desde la quebrada que llaman de Agua Sal, que está de la otra banda del dicho río de Aburrá, hasta donde entra y se junta con él, y el dicho río de Aburrá arriba hasta el mogote y cerrillo redondo que está en medio de dicho valle, y del dicho cerrillo a dar al sitio de la casa de Antón, y de allí al sitio que llaman de los asientos viejos de los indios de Aburrá, que llaman el Guayabal, y de allí cortando al bermejal, y de allí todo el camino adelante que va al Ancón de los Yamecies hasta llegar a la quebrada que llaman de La Sal, que baja del dicho Ancón, y toda la dicha quebrada desde el dicho camino hasta donde se junta con el dicho río de Aburrá, y de allí el dicho río arriba hasta llegar a la cumbre y nacimiento de él, de allí en volviendo por las cabezas del dicho valle y lomas y cumbres altas hasta caer otra vez al primer lindero de la dicha quebrada de Agua Sal, hasta donde se junta con el dicho río de Aburrá, aguas vertientes a él y a la población debajo de los linderos dichos. “Todas las cuales dichas tierras, montes y cañaverales y sabanas [inclusas] en los dichos términos señalaba y señaló, adjudicaba y adjudicó a los dichos indios de la dicha población de San Lorenzo de Aburrá para sus tierras y resguardos, que todas ellas las gocen y posean, labren y cultiven y traigan sus bestias y ganado, y hacen de ellos como suyas propias […] y que ninguna persona ocupe las dichas tierras ni parte alguna de ellas, so pena de $ 300.oo pesos oro de veinte quilates para la Cámara de su Majestad, en que desde luego les da por condenados lo contrario haciendo, y que se les demolerá a sus costas lo que dentro de dichas resguardos se edificare y los que se sembrare sea para los dichos indios las dichas tierras a las cuales dejen libremente. Y da por ninguno [¿nulo?] y de ningún valor cualesquier título que tuvieren cualesquier persona para que no usen de ellos en cuanto a lo que queda in uso [sic] y comprendidos dichos resguardos” (Nota 2).
Al año siguiente de la fundación, el oidor Herrera Campuzano le envió desde Santafé de Bogotá a la capilla del pueblo de San Lorenzo un cuadro con la imagen del santo, en que se observa la parrilla donde este religioso fue asado en vida por repartir los bienes de la Iglesia.
Sobre la totalidad de los 500 indios que habitaron San Lorenzo de Aburrá se tienen pocas noticias. En la provisión del 8 de julio de 1815 del oidor Herrera Campuzano se destinó para el pueblo de San Lorenzo de Aburrá, a los indios de “el repartimiento de Norisco, encomendado en el capitán Alonso de Rodas el mozo, que son seis indios útiles y catorce personas”, y de “el repartimiento de Peque y Ebéjicos de la dicha encomienda del dicho Alonso de Rodas el viejo, que son cincuenta y cinco indios útiles, quince reservados, un cacique y doscientas personas de mujeres e hijos” (Nota 3). Ya Rodas el viejo tenía en el valle de Aburrá la encomienda del repartimiento de Aburráes y Yamesíes. Sobre los Noriscos, el 10 de mayo de 1615 el visitador Francisco Herrera Campuzano mandó comparecer ante él en Santafé de Antioquia a todos los miembros de ese repartimiento, con el fin de explicarles, mediante indios “lenguas” o traductores, la intención de reunir a todos los indios de la provincia en un solo pueblo, a la manera de los españoles, y consultar su opinión sobre el sitio adecuado para ello; a lo que todos los indios consintieron y dijeron que el valle de Aburrá era una buena tierra para fundar el pueblo. La parte pertinente de esta plática dice que luego de explicarles el objeto de la visita ordenada por la Audiencia de Santafé, el oidor “les preguntó si sabían persignar y las cuatro oraciones y les examinó en ellas, y no supieron decirlas y los demás de ellos no supieron persignarse, diciéndoles el dicho señor oidor que cómo si eran cristianos y lo deseaban ser, después de más de setenta años que había que los españoles habían venido a esta tierra no sabían las oraciones ni persignarse, decían que no se las enseñaban ni daban lugar para saberlo, porque aunque algunas veces había ido algún padre a doctrinarles era poco tiempo y luego los dejaba todo el año, aunque aquel tiempo que iban [los padres] no acudían ni podían acudir a la doctrina porque estaban ocupados en los trabajos que les hacía hacer el encomendero en diferentes partes de donde se hacía la doctrina y ellos vivían apartados en diversos sitios cada uno solo, a cuarto de legua y a media legua unas casas de otras, y el dicho señor oidor les dijo que de aquí adelante sería muy diferente, porque quería juntarlos a todos y hacer un pueblo donde todos estuviesen y viviesen juntos y tuviesen iglesia con imágenes y padre sacerdote que los doctrinase todo el año y le ayudasen y favoreciesen los unos a los otros en las necesidades, trabajos y enfermedades que tuviesen, como veían que lo hacían los mismos españoles; que aunque eran de diversas partes y naciones mirasen cómo todos juntos vivían y se acudían unos a otros y se visitaban y tenían iglesia donde se iban a encomendar a Dios y oían misa y se confesaban y cuando morían se enterraban, todo lo cual les daba y dio a entender el dicho señor oidor muy amplia y distintamente, y la importancia y utilidad grande que les seguiría de estar así todos juntos en la dicha población, y que advirtiesen que respecto de ser ellos tan pocos no se podía hacer de ellos solos sino que los había de juntar con los de otros repartimientos, para que estando así juntos les pudiese dejar todo el año doctrina entera y sacerdote que los doctrinase y que estuviese con ellos para bautizarles sus hijos luego que naciesen y para doctrinarlos y confesarlos y para casarlos y velarlos y para enterrarlos en la iglesia cuando muriesen, como a los mismos españoles, sin llevarles por so cosa alguna que no se le habían de dar a dicho padre sacerdote, y que mirasen si les parecía ben esto y querían así, y todos dijeron que holgaban de ello y que estarían así buenos, y se les preguntó que dónde sería buen sitio y buena tierra para que hicieran la población, y dijeron que en el valle de Aburrá que era buena tierra, y el dicho señor oidor les advirtió que debían de estar con mucha paz y no se habían de hacer mal unos a otros, antes se habían de amar y favorecer mucho como hermanos, dándoles a entender los preceptos de amar a Dios y al prójimo, de que todos mostraban estar contentos” (Nota 4). Lo más interesante es que, gracias a la publicación de la visita de Herrera Campuzano, los habitantes de San Lorenzo de Aburrá dejaron de ser desconocidos fantasmas incorpóreos, de los que no se sabía nada, y por lo menos conocemos ya, POR SUS NOMBRES, a los indígenas de la encomienda de los Noriscos, a saber:
Además de los mencionados, pertenecen a esta encomienda, en calidad de ausentes, los siguientes:
CUADRO DE INTEGRANTES DE LA ENCOMIENDA DE NORISCO - 1
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