CRÓNICAS DE LA INDEPENDENCIA
POR JAIME HORTA DÍAZ
CRÓNICAS DE LA INDEPENDENCIA Verdad y mito de los Libertadores Bolívar, Santander, Páez Nariño, Manuela Sáenz, Córdova, Padilla y Sucre, entre otros. Bogotá, Uniediciones, Editorial Ibáñez, 2009.
Nota de Albicentenario: Gracias a su autor hemos conocido estas exquisitas crónicas del Notario 8° de Barranquilla. A propósito, en el intercambio epistolar, le expresamos: “Llama la atención que haya Comisión Bicentenario para el Bicentenario de la erección de la Villa de Barranquilla en 1813, pero no se ve que la ciudad se esté moviendo para la efeméride nacional de este 2010”. A lo que el dr. Huertas contestó: “Veo aterrado tanta frialdad en todo el país frente al Bicentenario. Te acompaño el prólogo de mi libro CRONICAS DE LA INDEPENDENCIA, que justamente reclama la reivindicación de nuestros próceres, en tono de polémica para avivar esto…”.
LOS LIBERTADORES: IGNORADOS Y DESPRECIADOS
El Bicentenario de la Independencia de la antigua América española nos atrapa en medio de la ignorancia o el desprecio por nuestros Libertadores. Si se quiere reservar la celebración para el 20 de julio de 2010 se incurre en un error: hace 200 años no hubo una declaración de independencia sino un golpe de estado.
En Venezuela se exalta al Libertador Simón Bolívar Palacios con un gran complejo de culpa por haberle prohibido el regreso a su patria natal bajo amenaza de muerte. Fallecido en 1830 en Santa Marta, Colombia, los restos fueron trasladados a Caracas en 1842 y reposan en el Panteón Nacional pero el sitio es bastante deprimente. El corazón quedó en la Catedral samaria y hubo tanto celo en su protección que nadie sabe hoy donde se encuentra.
El Panteón Nacional de Colombia es la iglesia de la Veracruz, en el corazón de Bogotá, aunque pocos caminantes se dan cuenta. La tumba del general Francisco de Paula Santander está a la intemperie y descuidada en el Cementerio Central. Ese “otro Bolívar” ni siquiera es mencionado en el monumento a los héroes en Caracas, no obstante que financió la Batalla de Carabobo y fue vicepresidente (1821-1828) y presidente encargado de la Gran Colombia (1821-1827) que integraron Ecuador, Venezuela, Panamá y la actual Colombia.
La Plaza de los Mártires de Bogotá es literalmente un basurero. A pesar de ese pomposo nombre no inspira ni evoca a ninguno. En su tiempo se llamaba la huerta de Jaime y ahí se sacrificaron muchos de los próceres americanos. Otros cadalsos se levantaron en el Parque de San Francisco (hoy Parque Santander) y en la Plaza Mayor (actual Plaza de Bolívar).
Sintomático del desprecio por los hombres y mujeres de la Independencia es el hecho de que al primer héroe de Venezuela, el colombiano Atanasio Girardot, lo olvidaron. Según decreto de Bolívar, el 30 de septiembre “se hará siempre un aniversario fúnebre”[1]. Pero nadie se acuerda de él. Para completar, la última biografía de María Teresa Rodríguez del Toro, publicada por la Sociedad Bolivariana de Venezuela[2], a pretexto de resaltar a la efímera esposa, es una diatriba contra Manuela Sáenz, asistente y compañera de Bolívar, coronel del ejército patriota, la mujer más importante de la Independencia de América, incluidos Brasil, Estados Unidos y Canadá.
En cuanto al golpe de estado del 20 de julio de 1810, en Bogotá (entonces Santafé), se produjo en realidad contra el rey español José Bonaparte, “Pepe Botellas”, el hermano mayor de Napoleón, en medio de un tibio apoyo a Fernando VII, el “amadísimo”, preso en Francia desde 1808, con su padre Carlos IV, aunque en realidad habían abdicado los dos a favor de Napoleón. El virrey de la Nueva Granada era Antonio Joseph Theodoro Miguel Benito Christobal Amar y Borbón (1803-1810)[3]. Los revolucionarios se propusieron la creación de una junta suprema, al estilo de la que existía en España, y ofrecieron la presidencia al virrey pero éste no aceptó y terminó en la cárcel con su esposa y los odiados jueces de la Real Audiencia.
La casa de la independencia debía ser la de la familia Rubio (Calle 10 “de la fatiga” # 3-61), donde se firmó el Acta de la revolución, hoy reducida a unas oficinas de servicios temporales, y no el Museo del 20 de julio, residencia del comerciante español José González Llorente, chivo expiatorio de esos “momentos de efervescencia y calor”, como dijo un famoso orador.
Lo cierto es que el Bicentenario va a ser un poco largo. Para no remontarnos a la revolución de los comuneros (1781), el proceso de la Independencia empezó con la designación como Rey de España de “Pepe Botellas” el 5 de mayo de 1808. Pero la Independencia se alcanzó en Colombia en la batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819, en Venezuela en Carabobo el 24 de junio de 1821 y en todo el continente americano se consolidó en Ayacucho, el Valle de los muertos, Perú, el 9 de diciembre de 1824.
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[1] Colombia al Libertador, Colección Presidencia de la República, Bogotá, 1981, p. 50 y ss.
[2] Revilla Perez, Gladys, María Teresa, esposa de Simón Bolívar, Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, 2007.
[3] Herrán Baquero, Mario, El virrey don Antonio Amar y Borbón, Banco de la República, Bogotá, 1988, p. 32; Giraldo Jaramillo, Gabriel, Relaciones de mando de los virreyes de la Nueva Granada, Banco de la República, Bogotá, 1954.
LAS BATALLAS DE LA LIBERTAD
El primer territorio del antiguo Virreinato de la Nueva Granada –hoy Colombia- que obtuvo la independencia de España fue el departamento insular de San Andrés y Providencia, el sábado 4 de julio de 1818, con las armas del corsario francés Louis Michel Aury[1], bajo la bandera azul y blanca de las Repúblicas Aliadas de Buenos Aires y Chile.
Al final, tropas de la Gran Colombia –entonces Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá-, Argentina, Chile y Perú, comandadas por el general Antonio José de Sucre y con brillante actuación del general José María Córdova, sellaron por siempre la independencia de América el 9 de diciembre de 1824 en la Batalla de Ayacucho, en Perú. Ayacucho cerró un ciclo iniciado el 12 de octubre de 1492 cuando el genovés Cristóbal Colón, con las banderas del Reino de Castilla, arribó al Nuevo Continente. En palabras del Libertador Simón Bolívar, la grandeza de Ayacucho consistió en “reunir el Imperio de los Incas al imperio de la libertad”[2].
En total se libraron unos 240 combates y batallas entre noviembre de 1810 (Coro) y enero de 1826 (El Callao), según las fuentes más autorizadas. Las batallas de la libertad más importantes fueron Boyacá (1819), Carabobo (1821), Bomboná y Pichincha (1822), Lago de Maracaibo (1823) y Junín y Ayacucho (1824).
Previamente se dieron numerosos combates especialmente recordados en Colombia y Venezuela, como Bárbula, San Mateo, Calabazo y Los Toros que casi le cuesta la vida a Bolívar, entre otros. En Bárbula murió el prócer colombiano Atanasio Girardot; Girardot fue “el primer bienhechor de la patria” inmortalizado en decreto del Libertador que también dispuso que el 30 de septiembre “se hará siempre un aniversario fúnebre”[3]. San Mateo consagró al colombiano Antonio Ricaurte al inmolarse con el polvorín.
El general José Antonio Páez “distinguido siempre por un valor personal poco común”, como dijo Santander en sus memorias[4], en hecho sin precedentes en la historia de las guerras, en Calabazo, atacó la armada española en el Rio Apure… con una escuadra de caballos. Se trataba de atravesar el río pero el paso estaba cerrado por cañoneras españolas. Lo cuenta el propio Páez:
“En gran incertidumbre se hallaba (Bolívar) por no encontrar el medio de allanar aquel obstáculo mientras yo le animaba a que se pusiera en marcha, asegurándole que le daría las embarcaciones necesarias… Una milla antes de llegar al río se le suplicó que hiciera alto con el ejército para sacar de el la gente con que íbamos a tomar las lanchas enemigas, y todavía le parecía que todo aquello era un sueño o una broma; sin embargo, accedió a mis deseos. Solo cincuenta hombres se tomaron de la guardia de caballería y con ellos llegamos a la orilla del río con las cinchas sueltas y las grupas quitadas para rodar las sillas al suelo sin necesidad de apearnos del caballo. Así se efectuó, cayendo todos juntos al agua, y fue tal el pasmo que causó al enemigo aquella operación inesperada, que no hizo más que algunos disparos de cañón, y en seguida la mayor parte de su gente se arrojó al agua... Catorce embarcaciones apresamos entre armadas y desarmadas. Asombrado Bolívar dijo que si él no hubiera presenciado aquel hecho, nadie habría podido hacérselo creer”[5].
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[1] Cacua Prada, Antonio, en El Corsario Luis Aury intimidades de la Independencia, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 2001, p. 64
[2] Carta al general San Martín del 10 de enero de 1821 en Colombia al Libertador, Colección Presidencia de la República, selección y revisión de los documentos por Antonio José Rivadeneira, Bogotá, 1981, vol. VII, Bogotá, p. 114.
[3] Colombia al Libertador, p. 50 y ss.
[4] Santander, Apuntamientos, p. 47.
[5] Páez, p. 141 y ss
EN EL NOMBRE DE COLOMBIA
El nombre de Colombia fue ideado por el Libertador Simón Bolívar para la unión de Venezuela y la Nueva Granada, en homenaje al Almirante genovés Cristóbal Colón. Se hizo realidad al aprobarse la Ley Fundamental por la cual “El Soberano Congreso de Venezuela, a cuya autoridad han querido voluntariamente sujetarse los pueblos de la Nueva Granada recientemente libertados por las armas de la República”, el 17 de diciembre de 1819, en Angostura (hoy Ciudad Bolívar). De hecho se incluyó a Quito (Ecuador), Panamá adhirió voluntariamente en 1821 y se anexó a Guayaquil en 1822.
Columbia es también una expresión o símbolo usual en Estados Unidos desde el siglo XVIII. Se representa como una mujer alta, supuestamente de la mitología griega, pero en realidad tiene origen en Cristóbal Colón.
Bolívar soñó por primera vez con Colombia el 6 de septiembre de 1815. De huida de la furiosa reconquista española que asolaba a Venezuela y que ahora se ensañaba con Cartagena, escribió en la famosa Contestación de un Americano Meridional a un Caballero de esta Isla, más conocida como la Carta de Jamaica: "La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central... Esta Nación se llamaría Colombia como un tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio".
La constitución de la Gran Colombia consagró la integración de Venezuela y Nueva Granada (Colombia) pero al señalar su territorio y dividirlo para efectos administrativos incluyó a Quito. Así:
Artículo 1º. Las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de REPÚBLICA DE COLOMBIA”.
Artículo 2º. Su territorio será el que comprendían la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada”, que incluía a Quito. Entonces dividió el territorio en tres departamentos: Venezuela, Quito y Cundinamarca, con capitales en Caracas, Quito y Bogotá, “quitada la adición de Santafé” (artículo 5º).
La Gran Colombia se disolvió por la separación de Venezuela y Ecuador en 1830. Panamá se independizó en 1903. El nombre finalmente lo adoptó la antigua Nueva Granada, primero con la Constitución de los flamantes Estados Unidos de Colombia de 1863 y finalmente con la República de Colombia de 1886.
En rigor la palabra Colombia se le ocurrió al precursor venezolano Francisco de Miranda. También diseñó el tricolor que comparten y veneran hoy Colombia, Ecuador y Venezuela. Objetivamente la unión de Colombia y Venezuela restituía el viejo Virreinato de la Nueva Granada que alguna vez integraron Ecuador, Venezuela, Panamá y parte del Perú.
El estado que luego se llamaría Colombia empezó a gestarse con la creación de la Real Audiencia de Santafé, el 17 de julio de 1549, segregada de Santo Domingo, según el expresidente colombiano Alfonso López Michelsen[1] en sus clases de derecho constitucional en la Universidad Nacional de Bogotá. En realidad López habló del origen de la patria y por eso se ha precisado que la referencia debe entenderse al estado[2]. El profesor Gerardo Molina[3], con otros, afirma que la Revolución de los Comuneros (1781) marca “el punto de arranque” de la liberación de España y la construcción del estado nacional.
El hecho es que el Rey Carlos V, mediante real orden del 17 de julio de 1549, creó la Audiencia del Nuevo Reino de Granada en la ciudad de Santafe, cuyo distrito abarcó las provincias del Nuevo Reino, Santa Marta, Río de San Juan, Popayán, lindando con Quito, y Guayana o Dorado y la de Cartagena. Al Real Sello de la Audiencia se le hizo el mismo recibimiento que al emperador, llevándolo en procesión, bajo palio, en caballo enjaezado rícamente, saliéndole a recibir el Cabildo y los oidores. “Quedó así constituida nuestra patria en una audiencia española como las que ya existían en otros lugares de América”, según el expresidente López.
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[1] López Michelsen, Alfonso, Introducción al estudio de la Constitución Colombia, Universidad Santo Tomás, Bogotá, 1983, pp. 98.
[2] Pérez Escobar, Jacobo, Derecho constitucional colombiano, Ediciones Horizontes, Bogotá, 1983.
[3] Molina, Gerardo, La formación del Estado en Colombia (inconclusa), Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1994, p. 15.
Nota albicentenario. “El artículo sobre el nombre de Colombia es bueno, aunque el giro que usted le da a la intervención de Miranda, parece darle el crédito del nombre a Bolívar y no a aquel”, le comentamos al dr. Huertas; a lo que él contestó: “creo sinceramente, sin restarle valor, que Miranda ha sido magnificado por los venezolanos... le reconozco más méritos al que HACE que al que dice”
PERIODISTAS EN LA INDEPENDENCIA
El Día del periodista en Colombia recuerda el miércoles 9 de febrero de 1791 cuando circuló el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, primer semanario en la historia del país y del Virreinato de la Nueva Granada, fundado y redactado por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez.
También ocupan el primer plano en la historia del periodismo colombiano, desde los tiempos de la lucha por la Independencia, el Precursor Antonio Nariño, el expresidente Jorge Tadeo Lozano, los sacerdotes Luis de Azuola y Diego Francisco Padilla, el Sabio Francisco José de Caldas y el Libertador Simón Bolívar, entre otros. Nariño, traductor y divulgador de los Derechos del Hombre en 1793, fundó de La Bagatela en 1811 y Los Toros de Fucha en 1822; Lozano y Azuola publicaron el Correo Curioso, Erudito, Económico y mercantil en 1801; el Sabio Caldas debutó con el Semanario del Nuevo Reino de Granada en 1808 y el Libertador con El Correo del Orinoco en 1818.
Alrededor de Manuel del Socorro Rodríguez se creó una cofradía intelectual, la famosa “Tertulia Eutropélica”, en la cual brillaron muchos de los patriotas que luego libraron la lucha por la Independencia, incluido Nariño, el sacerdote Andrés Rosillo, Francisco Antonio Zea, Caldas y José Celestino Mutis. Para esa época Simón Bolívar apenas cursaba sus primeras letras. Francisco de Paula Santander usaba pañales.
Del Papel Periódico se hicieron 265 ediciones, las últimas en la misma Imprenta Patriótica que irradió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, traducida y publicada por Nariño el 15 de diciembre de 1793 en la cerrada sociedad americana. Rodríguez volvió con El Redactor Americano (1806) y El Alternativo al Redactor Americano (suplemento literario), quincenarios que se convirtieron de ese modo en un semanario.
Antes de Rodríguez, en 1785, se publicó un boletín sin nombre y sin fecha que se ganó el título de su destacada noticia: Aviso del terremoto. Informaba con detalle del temblor del 12 de julio (ocurrió “a las 7 y tres cuartos de la mañana”, su duración “se conceptúa el dos minutos”). Se conocen dos números más. Lo sucedió la Gazeta de Santafé de Bogotá del 31 de agosto siguiente que alcanzó otras dos ediciones y constituyen felices preludios de nuestro periodismo.
Rodríguez, excarpintero de familia, nació en Bayamo, Cuba, el 15 de abril de 1756 y llegó a Santafé con el virrey José de Ezpeleta (1789-1796), exgobernador de La Habana, quien lo trajo impresionado por su inteligencia y lo nombró director de la Biblioteca Nacional. En ese cargo inauguró el periodismo en Colombia.
Por eso y mucho más no tiene cabida la censura gratuita de burócrata realista. El 17 de agosto de 1810, animado por los sentimientos de Independencia que afloraban en Santafé, reaparece como redactor de La Constitución Feliz, periódico oficial de la Junta Suprema, que recoge las incidencias de la gesta emancipadora y en especial de ese viernes 20 de julio. El buen Manuel fue reemplazado por el sabio Francisco José de Caldas y Joaquín Camacho, redactores del Diario Político de Santafé de Bogotá, que tampoco fue diario sino bisemanario. Apareció el 27 de agosto de 1810 y cerró en febrero de 1811.
La crítica del historiador Gustavo Otero Muñoz[1] de que don Manuel no era el hombre apropiado para levantar el entusiasmo necesario entre los santafereños, es infundada. Al contrario, habla muy bien del periodista que por principio debe ser objetivo e imparcial. Si el ambiente natural del heroísmo es la guerra, como dice Oriana Fallaci, no tiene derecho a hablar de pusilánimes el que no ha estado en el combate.
El patriotismo se puso a prueba el 9 de febrero de 1813, siempre al lado del Precursor, cuando las tropas federales se acercaban a Bogotá para confrontar al gobierno centralista de Nariño, aunque no fuera tomado muy en serio, según la versión de Vergara y Vergara: “Cuando acampaba Baraya frente a la ciudad, y en ésta se prevenían para la batalla, don Manuel del Socorro Rodríguez elevó al gobierno un memorial en que manifestaba que amando con todo su corazón esa patria adoptiva para él, le dolía ver que iba a correr la sangre de sus hijos en una batalla fratricida: que para que este sacrificio se ahorrara, se ofrecía él como campeón de Santafé para lidiar cuerpo a cuerpo con Baraya. El secretario de Relaciones Exteriores, don Felipe de Vergara, sustanció el memorial así: “admítese el desafío que propone este nuevo púgil, pero con la condición de que en la lucha no ha de haber zancadilla”[2].
Versión similar cuenta Groot, a propósito del llamamiento a las armas del Precursor a los hombres de 15 a 45 años. ¿Quién llegó?: “Don Manuel del Socorro Rodríguez, el bibliotecario, hombre de avanzada edad, de carácter cándido y bondadoso, especie de anacoreta literario que vivía solo, en las salas de la Biblioteca. Antes de esta emergencia se había excusado de admitir cierto destino por sus achaques y enfermedades, y ahora decía: “Puedo no obstante servir en la custodia militar de la ciudad en el destino que se me diere. Para este efecto hago presente a V. E. que no teniendo más que mi ordinaria espada de ceremonia, y siendo ésta insuficiente para un servicio activo de tanta consideración, necesito estar prevenido y forniturado con fusil, cartuchera y sable de munición, y al mismo tiempo recibido en clase de soldado raso, bien sea en el cuerpo de patriotas o en el que dispusiere V.E., asegurando, como hombre de honor, que defenderé el sitio o comisión que se me confiare, hasta sacrificar mi vida por el gobierno y por la patria. En cuya atención suplico a S. E. colocarme en la ocupación que fuere más ardua y peligrosa, con tal de que sea dentro de la ciudad, para estar en todo caso expedito al celo de la biblioteca confiada a mi cuidado bajo el juramento de responsabilidad”[3].
Durante la violenta reconquista española, bajo arresto en su propia habitación, lo salvó el retrato del desagradable rey Fernando VII que colgaba en una pared de la Biblioteca Nacional.
Don Manuel murió literalmente en la pobreza absoluta y en olor de santidad, según la sentida versión. Un día de fines de 1819 o principios de 1820 fue encontrado muerto, con el hábito de San Francisco de Asís, la cabeza apoyada en una piedra por almohada y un rústico crucifijo de caña en la mano. Moría don Manuel del Socorro Rodríguez, el primero de todos, el padre del periodismo colombiano.
JAIME HORTA DIAZ, abogado y peridista. Ex presidente del Colegio de Abogados de la Universidad Nacional. Notario Octavo de Barranquilla, Colombia
Abogado, U. N., 1977. Derecho Administrativo (U. del Rosario, 1989), Legislación Financiera (U. de Los Andes, 1991) y Derecho de Seguros (U. Javeriana, 1995). Autor de MANUAL DEL DERECHO AL DEBIDO PROCESO Un enfoque sustancial del derecho procesal (Editorial Ibáñez, Bogotá, Calle 13 # 7-12, tel. 283-5194) y DERECHO ECONOMICO Y GLOBALIZACION (Librería del Profesional, Bogotá, Calle 12 # 5-24, tel. 243-3482).
Nuevo: CRONICAS DE LA INDEPENDENCIA Verdad y mito de los Libertadores (Librería Ibañez, Bogotá).
INDICE:
A MANERA DE PRÓLOGO:
AMÉRICA DESCUBRE A COLÓN
INTRODUCCIÓN
EL BICENTENARIO Y LOS LIBERTADORES
NARIÑO, PRECURSOR, INTERNACIONALISTA Y LIBERTADOR
SIMÓN BOLÍVAR, EL LIBERTADOR
SANTANDER SÍ ES EL HOMBRE DE LAS LEYES
EN EL NOMBRE DE COLOMBIA
LA REVOLUCIÓN DEL 20 DE JULIO
LA SANGRIENTA RECONQUISTA ESPAÑOLA
LAS BATALLAS DE LA LIBERTAD
LOS LIBERTADORES ENTRAN A BOGOTÁ
LA ENTREVISTA DE BOLÍVAR Y MORILLO
TRATADOS DE ARMISTICIO Y REGULARIZACIÓN DE LA GUERRA
EL CANJE DE PRISIONEROS ERA OBLIGATORIO
BOLÍVAR Y SAN MARTÍN CHOCARON EN GUAYAQUIL
LA LIBERTADORA MANUELA SÁENZ
LA CONSPIRACIÓN DEL 25 DE SEPTIEMBRE
EL ALMIRANTE PADILLA
CARTAS DE AMOR DE BOLÍVAR Y MANUELA SÁENZ
EL GENERAL CÓRDOVA, HÉROE DE AYACUCHO
EL GENERAL PÁEZ, DE PEÓN A PRESIDENTE DE VENEZUELA
EL MARISCAL SUCRE, HEREDERO DE BOLÍVAR
LA CAÍDA DE BOLÍVAR
EL GENERAL RAFAEL URDANETA, ÚLTIMO PRESIDENTE DE COLOMBIA
LA MUERTE DEL LIBERTADOR
BOLÍVAR Y SANTANDER SE RECONCILIARON EN LA HISTORIA
BOLÍVAR Y LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD
PERIODISTAS EN LA INDEPENDENCIA
RESUMEN SUCINTO DE SUCRE POR SIMÓN BOLÍVAR
BIBLIOGRAFÍA
INDICE ONOMÁSTICO
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