13 DE AGOSTO:
“TOMATINA Y EXPULSIÓN DE LOS VIRREYES
DE LA NUEVA GRANADA”
DÍA POPULAR DE LA INDEPENDENCIA
LOS SUCESOS DEL 11 AL 16 DE AGOSTO DE 1810 EN BOGOTÁ
MUJERES EN LA INDEPENDENCIA
GRABADOS Y DIBUJOS DE LA BOGOTÁ COLONIAL
LA VIRREINA, DOÑA MARÍA FRANCISCA VILLANOVA
El 20 de Julio de cada año es, indubitablemente, el Día Nacional de la Independencia, y más propiamente de su proclamación; pese a que un consenso igualmente sólido coincide en que los sucesos de ese día de 1810 consagraron básicamente las aspiraciones de las clases pudientes, los notables o las élites del virreinato, cuyas imágenes la historia oficial ha dejado consagradas para la posteridad en la vasta y hermosa iconografía de la independencia (Nariño –que estaba desterrado el día 20-, Torres, Caldas, Acevedo y Gómez, Tadeo Lozano, los Morales, etc.), cuidándose bien de no mostrar el rostro de los Hernández de Alba, Frías y otros detestados personajes notables de ese día, y de ocultar los de actores incómodos como el canónigo Rosillo, Carbonell y otros.
Es bien conocida, igualmente, la participación del pueblo en la revuelta iniciada el viernes día de mercado del 20 de julio de 1810. Algunos reducen esta participación a una mera utilización táctica por parte de las élites; otros, sin negar lo anterior, destacan el importante matiz de que al caer la tarde de ese día languideció la presencia popular ante el Cabildo, dejando a punto de fracasar la conspiración urdida los días previos en el Observatorio Astronómico, y es cuando José María Carbonell agita a las gentes de los barrios periféricos y las conduce hasta la plaza mayor, aportando a los cabildantes el respaldo necesario para firmar el Acta de Independencia.
Lo que no es tan conocido, o al menos para el suscrito, que apenas hace una semana conoció esta parte de la historia (y en eso tiene razón el profesor Martínez G. cuando advierte que desde esta página web se hace pseudohistoria), es que el 20 de Julio no terminó con la madrugada del 21 de Julio, sino que se prolongó con igual o mayor intensidad en la Bogotá colonial hasta el día 16 de agosto, cuando el virrey Amar y Borbón y su familia fueron obligados por el pueblo raso (no el Pueblo que firmó el acta de independencia) a abandonar la ciudad, en hechos que tuvieron su punto culminante el 13 de agosto, día en que un grupo de 600 mujeres vendedoras del mercado la emprendió a tomatazos y estrujones contra María Francisca Villanova, la esposa del virrey Amar y Borbón, mientras era conducida desde su reclusión en un convento hasta la cárcel común de mujeres de la ciudad, hecho sí este de plena iniciativa popular, que no cabía en el cálculo político del notablato santafereño, clase que en su falta de vergüenza le hizo un acto de desagravio al virrey el día 14 por su encarcelamiento, rematando la jornada con el apresamiento el día 16 de Carbonell y demás hombres que desde el Club de San Victorino alentaron al pueblo.
En el poco entendimiento del suscrito, sin el levantamiento popular del 13 de agosto, el 20 de Julio habría desaparecido hace rato de la historia, y con él la oportunidad de haber alcanzado la independencia de este país, pues habría seguido por mucho tiempo el contubernio de los señores del Cabildo con el virrey.
La historia oficial ha reducido el papel de aquellas mujeres (Rosalía Contreras, la Reimunda, Manuela Camero, Rosa Delgadillo, Juana María, mujer de Francisco Reyes, Luisa Neusa, Toribia Muñoz, Bárbara Sánchez, mujer de Pedro Monje, y María, llamada la Cómica) al de “la turba” y el de José María Carbonell al de un incómodo “chispero” o alborotador, pero si ha de haber justicia en este mundo, 200 años después los sucesos del 11 al 16 de agosto de 1810 debieran ser la imagen que presidiera los actos conmemorativos del Bicentenario de la Independencia, con una representación masiva de la tomatina propinada a los virreyes y una liberación simbólica del cuerpo/memoria de Carbonell de la “prisión historiográfica” de que –para otro contexto- hablara un autor, en vez de poner en escena el Paso de los Andes de 1819, que con todo y su enorme trascendencia, no es el leimotiv del Bicentenario 2010.
LOS SUCESOS DEL 11 AL 16 DE AGOSTO DE 1810 EN BOGOTÁ
RESUMEN
Tomado de: http://www.desdeabajo.info/index.php/suplementos/bicentenario/6791-nueva-granada-20-de-julio-de-1810-independencia-irreal-o-el-grito-por-un-mayor-poder-para-los-criollos.html?showall=1
El 11 de agosto. Esa mañana, el pueblo exigió que el Virrey y la Virreina fueran conducidos a la cárcel, pero la Junta dilató la respuesta. Para el 13, la presión era insostenible. La Junta se vio obligada a aceptar. El Virrey y la Virreina pasaron a la cárcel común, en medio del tumulto popular. “Hasta este momento, la oligarquía criolla había disimulado el espíritu de casta que informaba al gobierno constituido el 20 de julio, pero los acontecimientos del 13 de agosto se encargaron de desprestigiar las actitudes contemporizadoras de la ‘nobleza criolla’”.
14 de agosto. La nobleza contraataca con una concentración en la Plaza Mayor y exige la libertad de los virreyes, que es concedida. Sin ocultar sus verdaderos intereses, el vicepresidente Pey hace un gran elogio del Virrey y la Virreina. Al día siguiente, con la protección de los patricios locales, y de manera subrepticia –mientras Carbonell y sus compañeros organizan una nueva marcha en demanda de regresarlos a la cárcel–, Amar y Borbón, y su esposa, con sigilo, salen de la ciudad con rumbo a Madrid.
El Virrey se escapa. Sin el Virrey en la ciudad, la Junta de Gobierno siente libertad para retomar la iniciativa. Ese mismo 15 allana la sede del club revolucionario en San Victorino y toma prisioneros a José María Carbonell, al escribano don Manuel García y don Joaquín Eduardo Portón, “por haber hablado con imperio y haber sido causa que pusieran al Virrey en la cárcel y a la Virreina en El Divorcio”.
Titulo: Los grandes conflictos de nuestra Historia tomo II
Autor: Liévano Aguirre Indalecio
Edición original: Bogotá: Imprenta Nacional de Colombia, 1996.
Capitulo XXI :La batalla por la independencia
Tomado de: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/cseiii/cseiii06b.htm
En la mañana del día 13 de agosto de 1810 se palpaba en Santafé esa tensión eléctrica que suele preceder a las grandes conmociones revolucionarias. Aunque la Junta tenía fundadas sospechas de que algo muy serio estaba para suceder, no le fue posible tomar oportunamente las medidas preventivas del caso, porque sus miembros no lograron ponerse de acuerdo al discutir la conveniencia de enviar la Caballería a patrullar los barrios o mantener las fuerzas militares concentradas en el centro de la ciudad. Cuando los vocales discutían estas alternativas, se produjo en la plaza un incidente, cuya naturaleza de el cronista Caballero, testigo presencial del suceso. « Este día - dice por unas palabras que dijo el Procurador don Eduardo Pontón, |sobre que no convenía que Lastra fuese el conductor para llevar a los ex-virreyes a Cartagena, le respondió Rica (Joaquín) y se tiraron. El pueblo se cargó en favor de Pontón, y aunque la Junta lo mandaba a la cárcel, el pueblo no lo consintió; el tumulto y alboroto fue grande. En esto don José María Carbonell y otros insistieron al pueblo para que pidiese que pusiesen al Virrey en la cárcel y le pusiesen grillos; y a la Virreyna en el Divorcio. Todos lo pedían a gritos, |pero es de advertir que los que pedían esto era la gente baja, pues no se advertía que hubiese gente decente ».
Que la Junta Popular había preparado cuidadosamente la vasta conmoción social que estalló ese día en Santafé, lo revela la rapidez con que fue invadido el centro de la ciudad por turbas exaltadas, que partieron de los barrios de Belén, Las Aguas, San Victorino y Las Cruces. Carbonell repitió de nuevo la hazaña política del 20 de julio y hacia el medio día la Plaza estaba colmada por una gigantesca multitud y las tropas se habían visto obligadas a replegarse, a fin de proteger las Casas Consistoriales, los cuarteles, y sobre todo el Tribunal de Cuentas, donde se encontraba el Virrey. « La fuerza revolucionaria - dice el "Diario Político" - tomó el mayor incremento en la mañana de este día. |El pueblo ocupaba toda la gran plaza, no se hablaba sino de prisiones y arrestos de las personas que parecían sospechosas; todo se hallaba en la más viva agitación ».
En los primeros momentos la Junta se negó a considerar la posibilidad de llevar a las cárceles comunes al señor Amar y a la Virreyna y ello determinó una primera ofensiva de la multitud sobre el Tribunal de Cuentas, ofensiva que obligó a la Caballería a efectuar varios simulacros de ataque. para con tener el empuje de las montoneras populares. Entonces comenzaron a llover piedras sobre los |orejones y sus oficiales solicitaron, con urgencia nuevas instrucciones para afrontar aquella crítica emergencia. Mientras los vocales deliberaban y el desconcierto se generalizaba en las Casas Consistoriales una porción de la multitud se aproximó al edificio del Ayuntamiento, cuyas puertas custodiaban las tropas con bayoneta calada, y los amotinados comenzaron a lanzar ¡abajos! a los vocales y regidores de Santafé. Hacia las tres de la tarde la situación no podía ser más grave, porque ya varios de los soldados de la Caballería habían sido heridos a piedra y la presión sobre el Tribunal de Cuentas era insostenible, a menos de permitir a la Guardia cargar sobre las turbas. Ante la crítica magnitud de la emergencia, la Junta se vio forzada a ceder por segunda vez y ordenó a la Caballería trasladar al señor Amar y a su esposa a las cárceles comunes. « Sacaron al Virrey - dice Caballero - por una calle formada por un numeroso pueblo y lo condujeron a la cárcel ».
La peor suerte correspondió a doña María Francisca de Amar y Borbón, por que ella debía recorrer, desde el Convento de la Enseñanza, un camino más largo para llegar al Divorcio y la multitud consiguió avasallar la escolta. Cerca de seiscientas mujeres del pueblo se apoderaron de la Virreyna y se encargaron de conducirla al Divorcio, la cárcel destinada para las mujeres de la plebe y de vida alegre. La turba que se adueñó de doña María Francisca estaba dirigida por Rosalía Contreras, la |Reimunda, Manuela Camero, Rosa Delgadillo, Juana María, mujer de Francisco Reyes, Luisa Neusa, Toribia Muñoz, Bárbara Sánchez, mujer de Pedro Monje, y María, llamada "la cómica". Se sucedieron entonces las dramáticas escenas descritas por los cronistas que la presenciaron: « La infame plebe de mujeres - dice Caballero - se juntaron y pidieron la prisión de la Virreyna en el Divorcio. Formaron éstas una calle desde el convento de la Enseñanza hasta la Plaza, que pasaría de seiscientas mujeres. Como a las cuatro y media la sacaron y aunque la iban custodiando algunos clérigos y personas de autoridad, no le valió, pues por debajo se metían las mujeres, y le rasgaron la saya y el manto, de suerte que se metió en bastante riesgo, porque como las mujeres, y más atumultadas, no guardan ningún respeto, fue milagro que llegase viva al Divorcio. Las insolencias que le decían era para tapar los oidos ». Otro de los testigos presenciales refiere así la escena: «El Virrey y su esposa fueron insultados de una manera baja e indigna principalmente la última, de quien se apoderaron sin respeto por el doctor Rosillo las mujeres más insolentes de la plebe, llevándola a empellones y puñadas hasta la prisión, después de haberla hecho caer en el caño de la calle de la Catedral. Cuando la señora fue encerrada en la prisión, se dio por bien servida, viéndose libre de las garras de aquellas furias, que la dejaron con varias contusiones en la cara y brazos ».
Conseguida la prisión del Virrey y de la Virreyna, el pueblo se dedicó a celebrar en las calles su triunfo, mientras los patricios criollos y los españoles se ocultaban en sus residencias. Hacia el atardecer las manifestaciones comenzaron a disolverse y a las nueve de la noche reinaba en la ciudad un profundo silencio. Sólo en las Casas Consistoriales se trabajaba activamente, porque allí la Junta de Gobierno y los jefes de los distintos cuerpos armados, deliberaban sobre la conducta que debía seguirse después de la amenazadora exhibición de fuerza realizada por el pueblo ese día. Las voces que en ocasiones pasadas abogaron por una conducta prudente, fueron ahogadas entre las protestas y recriminaciones de quienes solicitaban poner término, de una vez por todas, a la "intolerante dictadura de los guarnetas insubordinados" y la Junta resolvió, finalmente, actuar sin contemplaciones. Hasta este momento la oligarquía criolla había disimulado el espíritu de casta que informaba al gobierno constituido el 20 de julio, pero los acontecimientos del 13 de agosto se encargaron de desprestigiar las actitudes contemporizadoras y la Junta decidió llevar a cabo, al día siguiente, una gran manifestación de "la nobleza criolla", a fin de dar respuesta a la inusitada exhibición de poderío realizada por el "populacho". Esta decisión se complementó, naturalmente, con las correspondientes órdenes de reforzar la Guardia y ocupar la Plaza Mayor con las tropas de línea, desde las primeras horas de la mañana siguiente.
Hacia las once de la mañana del 14 de agosto de 1810 « se juntó refiere Caballero - |toda la nobleza en la plaza y pidió a la Junta que sacara a los ex-virreyes de la prisión y |los llevara a Palacio». Si en el día anterior esa misma plaza se había visto colmada por millares de gentes, hoy la concurrencia era visiblemente escasa, porque las tropas, ésas sí muy numerosas, habían ocupado las esquinas, con instrucciones de no permitir la entrada sino a personas de la alta clase social de Santafé. Los vocales de la Junta recibieron la manifestación de los notables desde los balcones del Ayuntamiento y desde ellos habló el Vicepresidente Pey para aceptar la solicitud de la nobleza y hacer, como lo hizo, un gran elogio del señor Amar y de la Virreyna. Después del discurso del Vicepresidente, los miembros de la Junta descendieron a la Plaza y allí se formaron dos cortejos, como estaba convenido: uno de ellos, encabezado por el señor Pey, don Camilo Torres, los vocales de la Junta y los "caballeros de la nobleza", se dirigió a la cárcel para libertar al Virrey y presentarle las disculpas del Gobierno y de la sociedad de la Capital por el "afrentoso atentado" cometido el día anterior. Mientras tanto las damas distinguidas de Santafé, encabezadas por doña Francisca Prieto Ricaurte de Torres, esposa de don Camilo, doña Rafael Isasi de Lozano, Marquesa de San Jorge, doña Mariana Mendoza de Sanz de Santamaría, doña Antonia Vergara y doña Ventura Quijano y Venegas de Rivas, se dirigieron a la cárcel del Divorcio, portando ramos de flores para la Virreyna y, después de libertarla, acompañaron «ceremoniosamente - dice Abello Salcedo - como en los tiempos de la Corte, a doña María Francisca de Villanova, del Divorcio a Palacio. En el trayecto, la numerosa concurrencia que presenciaba el desfile, batía palmas para acreditar la general complacencia ». Por su parte, el cronista Caballero, testigo presencial del homenaje de desagravio a los Virreyes, lo refiere así: « Fue la Junta a la cárcel y lo sacaron (al Virrey) con una solemnidad no vista; las señoras fueron al Divorcio y sacaron a la Virreyna y la condujeron al mismo Palacio. |Todo el día se mantuvo la Plaza cercada de tropas de a pie y a caballo sin dejar entrar a nadie ».
Instalado el señor Amar nuevamente en la residencia de los mandatarios de España, se le hizo objeto de significativos homenajes y los vocales de la Junta le insistieron en que se quedara en Santafé y en Palacio. El Virrey no mostró mucho entusiasmo en cuanto a su posible permanencia en Santafé, puesto que ya había sido relevado de su cargo por el mismo Consejo de Regencia, pero trató, en cambio, de conseguir el desembargo de sus bienes y una declaración que le libertara de todo cargo, para emprender inmediatamente su viaje de regreso a España. Los vocales ofrecieron considerar el asunto próximamente, pero su buena voluntad no tardó en verse expuesta a las más duras pruebas. Esa misma noche hubo graves motines en San Victorino y los barrios altos y la Junta se enteró de que Carbonell había ordenado una gran manifestación para el día 16, a fin de sacar al Virrey y a la Virreyna de Palacio reducirlos nuevamente a prisión. Convencidos los vocales de que la permanencia del señor Amar en Santafé servía a Carbonell de pretexto para mantener la exaltación de los ánimos, decidieron reconocer, aunque de mala gana, los hechos cumplidos e irremediables, y convinieron en la partida del Virrey y de su esposa, compensándoles con una cuantiosa suma de dinero, como se ordenó, la inseguridad en que quedaban sus bienes embargados. « Nuestra partida dice el señor Amar en su informe al gobierno español - se promovió antes de las veinticuatro horas de nuestra salida de las cárceles para Palacio, y con reserva particular, y poco antes se nos previno tomásemos este temperamento y las disposiciones de efectuarlo, |para evitar una cruel revolución».
El 15 de agosto, mientras se efectuaba la procesión de Nuestra Señora del Tránsito, el señor Amar y doña María Francisca salieron sigilosamente de la Capital y ya libre la Junta de las resistencias que se había ganado por sus visibles vinculaciones con el Virrey, pudo consagrarse a afrontar la gran crisis política que amenazaba la misma estabilidad del gobierno de notables. Las medidas de represalia, en consecuencia, no se hicieron esperar. El local donde funcionaba el Club de San Victorino fue ocupado por la Caballería, su puerta se condenó y el día 16 de agosto, refiere el cronista Caballero, « se pusieron presos a don José María Carbonell, al escribano don Manuel García y a don Joaquín Eduardo Pontón |, por haber hablado con imperio y haber sido causa que pusieran al Virrey en la cárcel y a la ex-virreyna en el Divorcio ».
MUJERES EN LA INDEPENDENCIA
Tomado de: http://www.flickr.com/photos/banrepcultural/sets/72157605775558148/
En la Independencia la mujer tambien desempeño un papel muy importante dentro de la emancipación del pueblo y no solo las damas notables de la capital sino aquellas mujeres que en las provincias sacrificaron sus vidas por una causa común, una revolución que las llevara a la Independecia de los pueblos.
En su papel de mujer fueron amas de casa, esposas, compañeras y amigas no solo unificadoras de un pueblo sino de una familia, la misma Patria.
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GRABADOS Y DIBUJOS DE LA BOGOTÁ COLONIAL
(http://www.bicentenarioindependencia.com/20-DE-JULIO-1810/10)
(http://historiagastronomia.blogia.com/temas/14-la-papa.php)
Mujeres de Antioquia. Estas figuras, captadas a mediados del Siglo XIX, muestran los tres tipos de blusas usadas por las mujeres del pueblo antioqueño, que de ordinario andaban descalzas. La del centro, lleva una "sobre-blusa" sobre el corpiño. La de la derecha, lleva la mantellina colgante de la cabeza, como las mujeres del Medio Oriente. (http://www.lablaa.org/blaavirtual/modosycostumbres/trajecol/trajecol4c.htm)
(http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/galeria/508.html)
Pila y antiguo cabildo en la plazuela de las nieves. Grabado del papel periódico Ilustrado
(http://www.bicentenarioindependencia.gov.co/anecdotas/Paginas/anecdotas_serie1-2c.html)
Casa de los virreyes. Grabado del papel periódico Ilustrado
(http://www.bicentenarioindependencia.gov.co/anecdotas/Paginas/anecdotas_serie1-2c.html)
LA VIRREINA, DOÑA MARÍA FRANCISCA VILLANOVA
Tomado de: http://www.revistafucsia.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=3309
Arribó a Bogotá con su esposo, el virrey don Antonio Amar y Borbón, en 1803. Aragonesa, hija de don Eugenio Villanova, éste sufragó de su propio peculio el traslado de la pareja al Nuevo Reino de Granada. Al llegar, fueron festejados con honores. El poeta José María Salazar le cantó: “Y tú, amable Francisca,/ venerada, de Villanueva (sic),/ timbre esclarecido,/ del venturoso amor prenda adorada/ y de virtud ejemplo el más subido,/ tú serás de nosotros respetada,/ tu ilustre nombre no verá el olvido,/ antes por el contrario,/ tu memoria será eterna/ en los fastos de la historia”.
Sin embargo, sus actos terminarían por convertirla en un ser odiado y malquerido. Aunque su círculo de amistades incluía a algunos de los que liderarían los hechos del 20 de julio, no se granjeó la simpatía de los santafereños. El historiador José Manuel Restrepo dice que ella dominaba a su marido, influía en la provisión de empleos y manifestaba un amor excesivo por el dinero: “si Amar hubiera tenido el carácter firme de su esposa, difícilmente se habría hecho la revolución”, fue una opinión popular entre los escritores de la República. Fue acusada de avaricia, pecado grave en una Virreina: “Suyas eran las mejores tiendas de comercio, suyas las pulperías, suyo, en fin, el mercado de la ciudad, en el que revendían los víveres y las frutas”, dice el historiador Pereira Gamba. “Fue una mujer frívola, liviana, amiga de que la adularan y, por añadidura, joven. Una María Antonieta para este pequeño Nuevo Reino de Granada”. El odio y resentimiento, especialmente entre las mujeres del bajo pueblo, se hizo evidente cuando la condujeron a la Cárcel del Divorcio. Dice el cronista Caballero que “como a las cinco y media la sacaron del convento y, aunque la iban custodiando algunos clérigos y personas de autoridad, no le valió, pues por debajo se metían las mujeres y le rasgaron la saya y el manto, de suerte que se vio en bastante riesgo, porque como las mujeres, y más atumultadas, no guardan ningún respeto, fue milagro que llegase viva a El Divorcio. Las insolencias que le decían eran para tapar oídos”. Días después, el 15 de agosto de 1810, María Francisca Villanova y su esposo partieron rumbo a su patria.
PARA AMPLIAR LA INFORMACIÓN SOBRE EL CONTEXTO DE LOS SUCESOS DEL GRITO DE LA INDEPENDENCIA (20 DE JULIO-13 DE AGOSTO) Y LA FIGURA DE LA VIRREINA EN EL IMAGINARIO FENENINO DE LA ÉPOCA, CONSÚLTESE EL SIGUIENTE ARTÍCULO:
MARIA FRANCISCA VILLANOVA, La virreina en la cárcel. Figura polémica del 20 de julio de 1810
Por: Mario Herrán Baquero Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 73
Enero de 1996
(http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/revistas/credencial/enero1996/ener1.htm)
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La Red de Bibliotecas del Banco de la República, con motivo del Bicentenario de la Independencia, quiere ofrecer a todos los colombianos un espacio donde se pueda leer un buen número de documentos producidos desde 1750 hasta 1850 en distintos lugares, instancias y circunstancias.
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