cabecera

pagina_principal

celebracion colombiana
 

 

URIBE SE EQUIVOCA: NO HUBO PATRIA BOBA
SINO LA FUNDACIÓN DE UNA REPÚBLICA

1

De un tiempo para acá, el presidente Álvaro Uribe Vélez se ha venido refiriendo con insistencia a la “Patria Boba”, una expresión que usara originalmente el precursor Antonio Nariño en 1823, y que infortunadamente ha hecho carrera en Colombia para denominar a la época que siguió al Grito de Independencia de 1810, hasta la reconquista española en 1816.

La propia página de la Presidencia de la República, al reseñar la historia de esa institución dice: “Esta primera organización del Gobierno corresponde al periodo denominado Patria Boba, que se extendió hasta 1819, cuando el General Simón Bolívar es designado Presidente del Nuevo Reino de Granada”
(http://www.presidencia.gov.co/dir02nuevo/entidad/rese%F1a.htm).

El planteamiento de Uribe, tal como se lee en los discursos que abajo se reproducen, es que durante sus dos mandatos se ha producido la Segunda Independencia, que es la derrota del terrorismo; pero que si esta victoria inicial (el primer huevito)  no se consolida en los próximos nueve años (hasta 2019) al país le va a pasar lo mismo que ya le ocurrió en la Primera Independencia de 1810, que fue seguida por la Patria Boba (el descuido de la defensa militar mientras se discutía el punto sin importancia de la naturaleza de la nación), lo que permitió al general español Pablo Morillo llegar y aplastar el huevito.

La expresión “Patria Boba” es usada con sentido peyorativo, y a todos nos parece tan ingeniosa como la parábola del huevito. Pero no nos damos cuenta que por esta simplificación de la historia los colombianos hemos terminado por ridiculizar los años fundacionales de la República y por denigrar en lugar de enaltecer la memoria de la primera generación de próceres, cuyas vidas terminaron en muchos casos en el cadalso de la reconquista española o se perdieron para siempre en las selvas huyendo de Morillo y sus secuaces.

Pero el uso común de esa expresión no le concede ningún derecho al presidente de la República para elevarla a la categoría de historia oficial del país, simplemente porque no tiene fundamentación histórica, y lo que correspondería al jefe de Estado sería aprovechar el Bicentenario para intentar cambiar la percepción equivocada de los colombianos sobre la Primera República.

El historiador de la Universidad Javeriana y actual asesor para el Bicentenario de la ministra de Cultura, Germán Mejía Pavony, escribió en la revista Semana del 18 de julio de 2009 lo siguiente:

“(…) al valorar de ‘bobo’ lo ocurrido entonces, hizo carrera entre los historiadores aceptar sin el beneficio de la crítica que la ingenuidad, la inmadurez y la obstinación de nuestros primeros gobernantes no sólo nos llevó a enfrentarnos unos con otros sino que, precisamente por ello, nos debilitamos ante un enemigo poderoso, España. Pero, ¿qué pasa si nos deshacemos de esa consideración de ‘boba’ y nos preguntamos por el sentido de esos años iniciales? La investigación histórica que al respecto se ha venido realizando durante los últimos años evidencia que el asunto es de gran importancia, pues nos permite entender las dificultades que hemos tenido para dar forma a un Estado realmente Nacional. Esto es, ¿qué es al fin de cuentas Colombia?” (Ver artículo completo al final).

Un  jefe de Estado que no es capaz de ponerse por encima del uso común de las palabras y ridiculiza a los fundadores de la Nación no tiene derecho a hablar de Patria.

Para todos, a nivel nacional e internacional, es evidente que desde que el presidente Uribe lanzó la Visión Colombia para el Segundo Centenario de la Independencia 2019 en enero de 2005, tuvo el propósito de desconocer el Grito de Independencia de 1810 como el origen de la Nación y trasladarlo para la batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819. El primer párrafo de la Visión dice: “El 7 de agosto de 2019 Colombia celebrará dos siglos de vida política independiente”

Por eso el Gobierno de Colombia no le ha dado ninguna importancia a la celebración del Bicentenario de la Independencia Nacional en 2010, y lo poquito que ha hecho ha sido por la presión de la Academia Colombiana de Historia y de la Asociación Colombiana de Historiadores que impidieron el traslado de la fecha. Por ejemplo, en un debate celebrado el 5 de febrero de 2006, la entonces directora del posgrado en Historia de la Universidad de los Andes y hoy directora de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, Margarita Garrido Otoya, expresaba:

“En esta ocasión ha surgido de parte del gobierno una propuesta, al menos extraña: no celebrar el bicentenario de 1810 y postergar la celebración para el triunfo militar del 1819 como lo plantea el documento Visión Colombia II Centenario 2019. El argumento de que es entonces cuando cumpliremos dos siglos de vida independiente, sería plausible, sino implicara el desconocimiento de los procesos políticos, sociales y culturales que tuvieron lugar desde la colonia tardía pero especialmente en ese tiempo fuerte de 1810 a 1819 y han tenido un peso específico en los desarrollos posteriores del país (…) Como ciudadanos y como historiadores no podemos acordar que se deje de lado una ocasión que debe dar lugar a la reflexión serena y amplia sobre la historia y la sociedad, desde muchos puntos de vista” (Margarita Garrido, “¿Qué celebrar en el Bicentenario de 1810?”, en Boletín de Historia y Antigüedades, órgano de la Academia Colombiana de Historia, Bogotá, vol. XCIV, abril-mayo-junio 2007, No. 837, págs. 377 y 378).

Por su lado, el promotor de la Fundación Antioqueña de Estudios Sociales (FAES) y miembro de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Medellín, Rodrigo Puyo Vasco, escribió en El Colombiano:

“Desde el punto de vista académico e histórico debe conmemorarse el 7 de agosto de 1819, pero sería error o una mentira histórica el desconocer que la vida republicana se inició el 20 de julio de 1810 y que el 7 de agosto de 1819 sólo fue el final del proceso libertador”
(http://www.elcolombiano.com.co/BancoConocimiento/2/2010-2019_1810-1819/2010-2019_1810-1819.asp#Arriba).

Pero ¿qué interés va a tener el Gobierno en celebrar en 2010 una independencia en la que no cree? Si para el presidente Uribe no hubo nación hasta 1819 y quienes perdieron tranquilidad, vida y bienes entre 1810 y 1816 no pasan de ser bobos y payasos ridículos, no hay nada qué celebrar en 2010.

Siendo así, no tiene ningún sentido agregar 200 años después a la bobería de los próceres la payasada de las celebraciones en marcha para este 2010. Cancele la celebración, señor presidente. Derogue los decretos -esos sí  ridículos- que crearon la Alta Consejería y la Comisión de Honor del Bicentenario de la Independencia. Ahórrele al país la vergüenza de una celebración por compromiso. Sea consecuente, señor presidente y salve su conciencia, así como lo hizo el indígena de Lorenzo Muelas el año pasado al renunciar a su designación como miembro de la Comisión de Honor.

23
Las muertes en el patíbulo de Caldas y Policarpo en 1816.

O por lo menos recuerde las palabras del ex presidente Lleras Camargo en 1960, en el Sesquicentenario de la Independencia, celebrado de salida de la Época de La Violencia:

“¿Sería justo que quienes hemos turbado nuestra paz, sacrificado cientos de miles de colombianos, quemado sus riquezas, cometido delitos innumerables, sin objeto ni propósito, por un lapso más largo, nos volviéramos contra las sombras de los primeros mártires para recriminarles que perdieron el tiempo en ociosas disputas sobre la forma del poder y la organización de la nueva República, mientras España preparaba la revancha?”

 

LOS DISCURSOS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

El 3 de diciembre de 2004, un mes antes de presentar la Visión Colombia 2019 ante el Consejo de Ministros, durante la ceremonia de ascensos a subtenientes realizada en la Escuela Militar José María Córdova, el presidente dijo:

“Dentro de pocos años, Colombia celebrará dos siglos de Independencia. Ojalá los podamos celebrar con la nueva Independencia, que es la derrota del terrorismo, para que esta Nación sea una Nación fraterna, democrática y de opciones de pensamiento, sí, pero fraterna, sin exclusiones y sin odios. Una Nación en permanente progreso, una Nación justa, una Nación democrática, una Nación cristiana.

“Ustedes van a darle a Colombia la segunda Independencia, la del segundo centenario, van a liberar a Colombia del terrorismo, y esa Independencia sí que será importante.

“Empecemos, con miras a estos 200 años, a recabar más en el recuerdo de los héroes. Ustedes hoy empuñan las espadas de la virtud de Colombia, ustedes empuñan la fuerza que conduce a la virtud. Bellamente El Libertador, en aquel mensaje a la Convención de Ocaña, relacionó la fuerza con la virtud. La fuerza transparente, la fuerza democrática, la fuerza institucional del Estado, es la que garantiza la virtud y la virtud es lo único que garantiza la permanencia de la Nación.
“La espada de ustedes, jóvenes subtenientes, tiene un llamamiento y una vocación, en las palabras del Libertador: defender al débil, ser la salvaguarda del débil y aterrar al delincuente. Recuerden: defender al débil, constituirse en la salvaguarda del débil y aterrar al delincuente.
“Que con la espada de ustedes, el débil se pueda sentir fuerte. Y que gracias a la espada de ustedes el delincuente se aterre y se le disuada y se le derrote para bien de Colombia”
(http://www.presidencia.gov.co/prensa_new/sne/2004/diciembre/03/04032004.htm)

El 30 de agosto de 2007, ante la Asamblea anual de FENALCO, celebrada en Cartagena, expresó el presidente:
“Por una cosa, apreciados compatriotas, sé que le contribuyo más a la democracia de mi patria estimulando nuevos liderazgos, que con la pretensión de perpetuarme.
“Pero lo que no puedo descuidar es trabajar en la visión de la Colombia del futuro y en el trabajo de concientización de mis compatriotas sobre el perfil del presidente que se debe buscar en el 2010, para que no nos equivoquemos, ni volvamos a períodos de Patria Boba.
(http://web.presidencia.gov.co/sp/2007/agosto/30/14302007.html)

El 18 de julio de 2008, durante la clausura del Encuentro Internacional de Acción Social en Cartagena, cuando ya está en marcha el Bicentenario para 2010, ad portas del Concierto Nacional y con destacados resultados en el orden público, el presidente expresó:

“Diría que todos estos pasos importantes, lo necesario es consolidarlos. Colombia le ha perdido el temor al terrorismo. Ese es un gran avance. Colombia ha aprendido a protestar contra el terrorismo. Ese es un gran avance. Las víctimas se han quitado la mordaza y ahora reclaman. Ese es un gran avance.

“Si algo importante ha ocurrido en este país, es que se ha recuperado el monopolio del Estado para combatir a los violentos.

“Esto que podríamos llamar el Grito de Independencia de Colombia, la Segunda Independencia, la Segunda Libertad, ahora que nos aproximamos a las celebraciones del 20 de julio, y que estamos en la víspera de la celebración mayor, la del Bicentenario, 20 de julio de 2010, amerita un raciocinio y una convocatoria de los colombianos.

“Este nuevo Grito de Independencia no puede ser sucedido por Patrias Bobas.

 “El problema de 1810 fue lo que siguió: aquella Patria Boba en la cual quedamos inmersos, y que nos exigió otra década de profundos sacrificios y que nos retrasó tanto. Hay que estar muy alertas en eso.

“Lo importante es que lo [que] podríamos llamar este Grito de Independencia de los colombianos, ahora que se han quitado la mordaza del terrorismo, no vaya a ser sucedido por una época de Patria Boba, que nos retrasaría mucho”
(http://web.presidencia.gov.co/sp/2008/julio/18/16182008.html).

Ad portas del Año Bicentenario, el 23 de octubre de 2009, en Cartagena, el presidente Uribe asistió al “Encuentro Internacional con Nuestra Historia”, donde pronunció su más importante discurso sobre el Bicentenario, un extenso recorrido de 19 páginas por la historia del país, en el que dijo:

“Permítanme referir a ustedes una reflexión sobre estos dos siglos de la historia de nuestra Patria y alguna reflexión prospectiva colombiana. No la reflexión del historiador; los roles del político y del historiador son roles muy diferentes. De pronto contrapuestos. Yo, como hombre público, le tengo más miedo al juicio de la historia que al juicio final”
(http://www.bicentenarioindependencia.gov.co/noticias/2009/cpb_091024a.asp) .

A partir de esta introducción desarrolla el presidente su pensamiento sobre la historia del país que gobierna, que esa es justamente la diferencia que él bien resalta entre el político y el historiador, asumiéndola no desde la perspectiva de una Nación que se apresta en tres meses a celebrar 200 años de su existencia, sino de una trayectoria signada por la violencia como la constante nacional, comenzando por la primera República, a la que nuevamente se ridiculiza con el mote de Patria Boba:
“Aquello que no ha permitido un nivel de prosperidad colectiva que mereceríamos tener, ha sido ese recorrido histórico, ese sino que ha afectado todas las etapas de nuestra historia, que ha sido la violencia.
“Esa violencia que se da en el proceso de la conquista, que también se da en las guerras de la Patria Boba con una característica bien peculiar. En las guerras de la Patria Boba no solamente hubo violencia entre los contrarios –de nuestra parte y de parte de la reconquista y de los pacificadores–, sino violencia entre los nuestros” (ídem).

Aunque en general el discurso de Cartagena pasó desapercibido, El Espectador le dedicó el editorial del 25 de octubre de 2009, bajo el título “Uribe el historiador”, en el que los directores del periódico opinan que aquella pieza oratoria “puede ser considerada la interpretación histórica de la que provienen sus principales políticas”, y observan:

“Cualquiera diría que estamos ante una obsesión con la violencia (…) La violencia en los términos en los que el presidente la invoca, solo puede tener por contrapartida el orden. Y hacia allá dirigió su mirada en el discurso para legitimar la seguridad como valor democrático (…) Todo lo cual puede ser útil para afianzar una política de Estado pero carece, en realidad, de sustento en el análisis histórico profesional” (http://www.elespectador.com/articulo168624-uribe-el-historiador).

El 4 de marzo de 2010, en un conversatorio con estudiantes de la Universidad Medellín, las palabras del presidente fueron:
“Quiero repetir una reflexión ante los estudiantes de mi Patria, hoy ante mis coterráneos aquí en esta querida, respetada Universidad de Medellín: cuando se dio el grito de Independencia el 20 de julio de 1810 y se organizaron los primeros gobiernos, se creyó que la Independencia estaba ganada, que todo estaba consolidado.
“Nos descuidamos, empezamos unas refriegas internas, nos ocupamos más de la pequeña pelea que de la necesidad de consolidar la Independencia, y lo que fue la celebración jubilosa del 20 de Julio se convirtió en la Patria Boba, en la reconquista a sangre y fuego de (Juan) Sámano y (Pablo) Morillo. Perdimos mucho tiempo, muchas vidas, dejamos heridas que todavía no se han curado.
“El proceso de Seguridad Democrática no debe tener descuidos que la asimilen a Patria Boba, el proceso de Seguridad Democrática mis compatriotas deben apoderarse de él, ser celosos vigías de que eso mejore, concientes de los retos, que son muchos, muchos todavía” (http://web.presidencia.gov.co/sp/2010/marzo/04/24042010.html).

Finalmente, en el consejo comunitario N° 275, realizado en la Quinta de Bolívar en Santa Marta el 6 de marzo de 2010, el presidente expresó:
“Nos reunimos en este Consejo Comunitario aquí en la Quinta de San Pedro, donde el Libertador (Simón Bolívar) emprendiera la batalla eterna, la batalla de iluminar a Colombia por siempre (…)

“Hoy, al realizar este Consejo Comunitario aquí en la Quinta de San Pedro, cuando nos vamos aproximando al Bicentenario de la Independencia, las motivaciones del alma son muchas, apreciados compatriotas (…)
“Nariño, que en aquellas primeras épocas de nuestra independencia participara activamente desde uno de los bandos criollos, desde el bando centralista que desde Bogotá se enfrentaba a las provincias reunidas en Tunja, comandadas por Camilo Torres, Nariño nos deja una gran lección: describió como ninguno, cómo los enfrentamientos que se dieron entre nosotros después de declarada la independencia, nos condujeron a permitir la reconquista sangrienta de (Juan) Sámano y (Pablo) Morillo.
“Cuando leemos la interpretación de aquel momento de la historia que hiciera el General Nariño, nos detenemos a pensar en el presente y en futuro de Colombia.
“El General quiso decir en un discurso que apenas se había dado la primera etapa de la independencia, que la creíamos ganada y que por dejarnos de seducir a abandonarla y dedicarnos a las pugnas entre nosotros, se aplazó esa independencia, se sufrió tanto.
“Hubo tanta desgracia, tanta muerte.
“Pues bien, eso me ha hecho pensar que en materia de Seguridad Democrática hay un símil. En aquel momento, cuando estalló la lucha entre los centralistas y los federalistas, apenas se había puesto el primer huevo de la independencia. Y sin embargo, por no dedicarse a empollarlo, a poner los otros, a afianzar esa independencia, vino el gran revés.
“Estuvimos no en la consolidación de la independencia sino en la Patria Boba, abriendo tantos sepulcros, llevando al cadalso a los gestores de la iluminación, sacrificando lo que pudo ser una portentosa era de crecimiento de la Patria.

“En materia de Seguridad Democrática apenas hemos puesto el primer huevo, apreciados compatriotas. Si no nos dedicamos a cuidarlo, a empollarlo, a que salga la criaturita, a que se fortalezca y a que crezca vigorosa, podemos retroceder a una Patria Boba, y lo que hemos ganado en ahorro de sangre podría revertirse en nuevas inundaciones de sangre  (http://mi.o2.ie/web.presidencia.gov.co/sp/2010/marzo/06/06062010.html)
.

¿LA PATRIA BOBA?
Por Germán Rodrigo Mejía Pavony
RUMBO AL BICENTENARIO Esta expresión simplista ha escondido las complejidades del nacimiento de la república.

Sábado 18 Julio 2009

Tomado de: http://www.semana.com/noticias-especiales/patria-boba/126356.aspx
Fue Antonio Nariño, en 1823, quien acuñó el calificativo de ‘Patria Boba’ al período inicial de nuestra historia republicana. En Los Toros de Fucha encontramos escrita por primera vez dicha expresión y no una sino cuatro veces. Los tres impresos que dio a conocer Nariño bajo ese título fueron distribuidos gratuitamente en Bogotá durante los meses de marzo y abril de 1823. La referencia al toro en el título se debió a un artículo publicado por Francisco de Paula Santander en El Patriota, periódico de su autoría en el que publicó un artículo bajo el nombre El Toro, que criticaba agriamente al federalismo; y la mención a Fucha es sin duda a la hacienda que Nariño tenía en las riberas de este río que corre al sur de Bogotá.

En los Toros de Fucha Nariño defiende el federalismo y en El Patriota, Santander sostiene que el centralismo es la única solución posible para consolidar el Estado que se debía construir de acuerdo con lo dispuesto por la Constitución de Cúcuta de 1821. Diez años antes la situación era otra. Antonio Nariño, entonces presidente del Estado Soberano de Cundinamarca, era el adalid del centralismo; Santander, por el contrario, militaba en las filas del federalismo en calidad de oficial de los ejércitos de las Provincias Unidas. ¿Qué pudo haber pasado durante esos años para que ellos cambiaran tan radicalmente su manera de pensar? La respuesta está, precisamente, en lo que el calificativo ‘Patria Boba’ impide apreciar y entender.

El nombre que utilizó Nariño para referirse a los años anteriores a la victoria definitiva sobre los ejércitos españoles, que ciertamente fueron vividos con el temor de la retaliación de la monarquía absoluta, como en efecto ocurrió, se convirtió por fuerza de su aceptación en un juicio sobre esa época. Por ello, al valorar de ‘bobo’ lo ocurrido entonces, hizo carrera entre los historiadores aceptar sin el beneficio de la crítica que la ingenuidad, la inmadurez y la obstinación de nuestros primeros gobernantes no sólo nos llevó a enfrentarnos unos con otros sino que, precisamente por ello, nos debilitamos ante un enemigo poderoso, España. Pero, ¿qué pasa si nos deshacemos de esa consideración de ‘boba’ y nos preguntamos por el sentido de esos años iniciales? La investigación histórica que al respecto se ha venido realizando durante los últimos años evidencia que el asunto es de gran importancia, pues nos permite entender las dificultades que hemos tenido para dar forma a un Estado realmente Nacional. Esto es, ¿qué es al fin de cuentas Colombia?

Debemos comenzar por el principio. El 20 de julio de 1810 no fue la primera ni la última manifestación de desacuerdo de los americanos de la Nueva Granada con lo que estaba sucediendo en España. En realidad, 1810 se caracterizó porque en América se dio forma a numerosas juntas autónomas de gobierno. El problema creado por la invasión francesa a España y la prisión de los reyes Carlos IV y Fernando VII en Bayona obligó a que, tanto en la metrópoli como en sus colonias, se diera forma a instituciones que legítimamente pudieran gobernar en su nombre. El asunto es que no resultó una sola de dichas juntas con la fuerza suficiente para lograr que las demás se pusieran bajo su control. Eso ni en España ni en América.
 
Lo que tímidamente se inició en 1808 ya era imposible de detener en 1810, año para el cual los americanos no estaban dispuestos a aceptar lo que algunos españoles querían imponer desde una autoproclamada Junta de Regencia. El temor a remover las autoridades reales fue desapareciendo y, conocido en nuestro país lo que había sucedido el año anterior en ciudades de la actual Bolivia y Ecuador, sin mencionar los propios intentos y conspiraciones que desde septiembre de 1809 se venían sucediendo en nuestro territorio, se comenzó a organizar juntas de gobierno en cada una de las provincias en que estaba dividido nuestro territorio por aquel entonces.
Cali en julio 3 de 1810; Pamplona el 4 de julio; El Socorro seis días después, 10 de julio; Santafé (Bogotá) el 20; Tunja el 25, y Mariquita el 26 del mismo mes; en agosto les siguieron, el 4, Neiva; el 6, Mompós; el 10, Santa Marta; el 11, Popayán; el 13, Cartagena, y el 31, Quibdó. Al mes siguiente, septiembre, organizaron sus juntas las ciudades de Medellín, el primero; Ibagué, el 7; Tame, el 13; Nóvita, el 27; y aun Ipiales lo hizo durante los primeros días del mismo mes. Podríamos seguir mencionando otros pronunciamientos, pero los señalados son suficientes para obligarnos a preguntar por qué no bastó con la junta de Santafé, esto es, la del 20 de julio, para dar forma a un organismo que legítimamente pudiera agrupar bajo su proclamación de autonomía de la junta de regencia española a todas las provincias y ciudades de la Nueva Granada.

En realidad, Santafé (nombre que tenía Bogotá en ese entonces) sólo tenía control sobre su propia provincia, lo que equivalía más o menos al actual territorio de Cundinamarca. Pensar que ella era la capital porque aquí vivía el virrey es equivocarnos. Lo único que mantenía unidos a los territorios era la lealtad al rey, del cual directamente derivaban las personas e instituciones su autoridad. En ausencia del rey desaparecía la unidad. Y eso fue lo que sucedió. No es difícil entender, entonces, por qué se dieron durante esos tres meses de 1810 numerosos pronunciamientos de autonomía; y, no menos importante, por qué Santafé no pudo imponerse a las demás aunque se autonombró Junta Suprema de Gobierno y en la misma acta del 20 de julio afirmó la federación como fórmula de organización inicial del territorio.

De finales de 1810 a enero de 1815 la lógica de los acontecimientos derivó de esta situación inicial. Primero, dos repúblicas surgieron al mismo tiempo: Cundinamarca, centralista; las Provincias Unidas, federal. Una guerra civil las enfrentó desde los meses iniciales de 1812 hasta la toma final de Santafé por Simón Bolívar, en diciembre de 1814, al mando de las tropas de las Provincias Unidas. Segundo, Santa Marta, Popayán, Pasto, entre otras, nunca aceptaron nada distinto al consejo de regencia y, luego, a Fernando VII. Tercero, casi una veintena de constituciones fueron promulgadas durante esos años.
 
Finalmente, no todo español fue realista ni todo americano patriota, ni los indios se definieron en conjunto por un bando ni los negros esclavos tomaron partido por una lucha que no era la suya. Todo lo anterior nos dice de las profundas diferencias que existían en la sociedad neogranadina. En esas circunstancias no podemos afirmar que existía una Nación; en realidad, dicho concepto se refería a los habitantes del terruño, esto es, a la provincia. Visto desde esta óptica, entonces, la valoración de ‘Patria Boba’ no permite apreciar que la diversidad, la diferencia, eran lo característico de una realidad que el centralismo quiso acallar, precisamente con la denominación de ‘boba’.